Escribo como alguien que en su momento se desempeñó como personal de seguridad aérea a bordo de una aeronave, y reconozco que lo acontecido este fin de semana -en varios aeropuertos- levanta todas mis alarmas.

En las últimas 48 horas he visto una andanada de videos con gente gritando y corriendo como pollos sin cabeza en distintas terminales aéreas, eso es claro ejemplo de dos cosas: que este material es maravilloso para generar toda una narrativa de pánico, y dejan en claro que el manejo de la situación es francamente nulo.

Voy a poner de ejemplo el tuit que puso Lourdes Mendoza en sus redes socialesJalisco SOS SOS ❌ ya tomaron el aeropuerto de Guadalajara”, obviamente utilizando estos videos, para generar desazón, pero sobre todo pánico.

Publicación hecha sin esperar a tener información certera, corroborando que ante la sociedad de la imagen, el homo sapiens se ha transformado en un “homo videns”, como sentenció Giovanni Sartori hace casi treinta años; y es que resulta obscenamente sencillo que la gente se suba a la ola de desinformación, sin cuestionar ni razonar absolutamente nada.

Y quiero ser clara, el operativo realizado no es el tema de esta columna, sino lo lesivo que es para la aviación crear y alimentar -de forma artificial- el miedo entre los usuarios del transporte aéreo.

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Ya de por sí es frecuente que a la gente le dé miedo volar, y a eso sumemos la incertidumbre, desinformación y generación de notas falsas. De manera inevitable eso nos llevará a tener pasajeros más tensos y estresados que de costumbre.

Y no crean que es un tema menor; para quienes trabajan en una aeronave, es un terrible cóctel tener que lidiar con pasajeros que, de un momento a otro, por el sometimiento a grandes cargas de estrés, lo liberen a 35 mil pies de altura; créanme, no se lo deseo a nadie.

Hablo desde la experiencia que tengo e incluye haber vivido uno de los cismas más grandes en la historia de la aviación: el 11 de septiembre de 2001. En esa fecha las reglas para la aviación comercial cambiaron de forma radical, y vivir la paranoia de los meses siguientes no fue fácil.

Los tripulantes de cabina tuvimos que lidiar con gente que miraba a pasajeros con un fenotipo de “Medio Oriente”, y ver cómo -literalmente- se alteraban creyendo que iban a tumbar el avión. No fue nada sencillo aprender a “calmar” a los pasajeros y sobre todo, que entendieran la diferencia entre un miedo real y uno imaginario.

Y el fenómeno, además de los aeropuertos, también se presentó en los centros comerciales y en todos lados; era una paranoia terrible, y en ese entonces me quedó claro lo manipulable que era -y sigue siendo- el pueblo norteamericano.

Por eso, como se puede ver en algunos videos que hoy circulan en redes, cuando en uno de estos espacios una persona corre sin motivo alguno, además de generar pánico gratuito, podemos ver cómo el resto de la gente los sigue como borregos, preguntarse antes ¿de qué corren?, ¿es necesario correr?, ¿en realidad mi vida corre peligro?, ¿hay alguien dirigiendo esto?

Es una cuestión personalísima, pero si veo una multitud de gente corriendo, yo no voy a hacerlo hasta que no sepa el motivo por el cual están en plena “huida”. Ahora con las redes sociales es mucho más sencillo generar pánico, y portales, influencers, medios desconocidos, conocidos y de renombre, se sumaron a la desinformación.

Mi recomendación es que tenemos que aprender que “no news, good news”; si no hay noticias oficiales al momento, es una buena noticia. Por favor, corten la cadena de desinformación que se da en las redes sociales.

Desafortunadamente es más poderoso el morbo, que un verdadero interés periodístico; es tal la falsa necesidad de saber exactamente lo que está pasando, que cualquier nota que pase por sus ojos, se comparte sin verificar su veracidad.

¿Qué pasó en realidad en los aeropuertos que gestiona Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP)? El día de ayer GAP por la tarde sacó un comunicado en el que aclara la situación del pasado día domingo.

En él, deja claro que en el Aeropuerto de Guadalajara no tuvieron ningún problema (real) en sus instalaciones, que pusiera en riesgo a los pasajeros. En efecto, nadie tomó el “control” del aeropuerto, como dijo Lourdes Mendoza en su tuit. Me extraña que a pesar de haber sido desmentida la información, ella no lo ha borrado. Sería deseable, pero son sus redes sociales.

El post con información falsa sigue en su timeline de X, de forma impune por decirlo de alguna manera. Y mientras siga ahí, quedará claro que, por acción u omisión, formó parte del grupo de gente que impulsó la narrativa mediática del caos y destrucción a través de noticias falsas.

Y es que es un tema importante, viajar es una actividad que de forma natural ya genera estrés. Pero de imaginarte en un aeropuerto que está tomado por el crimen organizado, y que tu vida corre peligro, los niveles de adrenalina se van por los cielos, y es muy probable que cualquier roce que se tenga con el personal de las líneas aéreas, termine por hacer que las emociones de la persona estresada “exploten” de formas insospechadas.

Y puede suceder tanto en tierra como en el aire, por eso desde mi óptica es irresponsable compartir información que no provenga de canales o comunicados oficiales de autoridades, aeropuertos y aerolíneas; todo lo demás sobra y solamente genera desinformación, pero sobre todo, rabia, enojo, desasosiego que “alguien”, va a utilizar a su favor.

No soy “naíf” al contrario, quedó demostrado que desde la mañana se organizó todo un andamiaje en redes sociales para magnificar la violencia, y usarla para generar pánico entre la población. No vamos a negar los hechos, ahí están y son palpables, pero eso es muy distinto a manipular la información para generar más caos de lo necesario.

Y quiero cerrar esta columna con una recomendación que hace la Asociación de Psicólogos Unidos de México A.C. (APUME). Lo primero es la regulación personal, y posteriormente la estabilización emocional comunitaria, evitando difundir imágenes, videos o material violento; y lo más importante, no alimentar las narrativas de terror.

Se trata de tener la mayor inteligencia emocional, para saber si realmente se está en riesgo, y con ello tomar las mejores decisiones evitando a toda costa la sobreinformación y la sobreestimulación al utilizar las redes sociales.

En caso de que seas un usuario del transporte aéreo, la recomendación es tener calma en todo momento, ubicar al personal de la aerolínea, estar informados únicamente a través de los medios oficiales tanto de las líneas aéreas como de los aeropuertos y autoridades aeronáuticas, y lo más importante, no hacer caso a bulos, y evitar a toda costa la desinformación.

Es de capital importancia que sepan, que la industria aeronáutica está preparada para cualquier tipo de evento y que siempre buscarán la manera de transportarlos de forma segura.