Vivimos en un mundo que no camina, corre. Habitamos una era digital tan fluida que parece desvanecerse entre nuestros dedos si parpadeamos un segundo. En medio de este torbellino de notificaciones y algoritmos, estamos olvidando a quienes nos enseñaron a dar nuestros primeros pasos en el mundo físico: nuestras personas adultas mayores.
Para muchas y muchos de ellos, entrar a internet no es un paseo, es cruzar un océano sin brújula. La brecha generacional no es sólo una diferencia de edad, es una muralla de códigos y términos en inglés que los hace sentir extranjeros en su propio tiempo. Pero el problema no es sólo la dificultad de uso, el verdadero riesgo es la vulnerabilidad silenciosa.
Hoy, la delincuencia no siempre lleva máscara, a veces lleva una oferta irresistible por WhatsApp, un correo urgente del banco o un mensaje cariñoso de un “nieto” en apuros. Nuestras personas mayores, educadas y educados en una cultura donde la palabra valía y la confianza era el pilar de la comunidad, son el blanco perfecto para el fraude cibernético.
No podemos permitir que la digitalización se convierta en una forma de abandono. Educación digital no es sólo enseñarles a hacer una videollamada, es construirles un escudo. No se trata sólo de que aprendan a usar WhatsApp para mandarnos un “buenos días”. Se trata de no dejarlas solas ni solos en un mundo digital lleno de trampas.
Es sentarnos a explicarles, con la misma paciencia con la que ellas y ellos nos leyeron cuentos, que en la red también hay lobos disfrazados de ovejas. Debemos enseñarles a dudar, a verificar antes de dar click y a entender que su seguridad vale más que cualquier conveniencia tecnológica.
La tecnología debe ser un puente, nunca un abismo. Integrarlas e integrarlos es un acto de justicia y de amor. Porque una sociedad que avanza dejando atrás a sus raíces, es una sociedad que camina hacia el vacío. No permitamos que la modernidad les robe su tranquilidad.
Juntas y juntos impulsemos que en esta era de conexiones infinitas, la conexión más importante siga siendo la humana.
Jennifer Islas | Política y conferencista



