No soy fanática del futbol, pero este Mundial 2026 tuvo algo especial, una energía más allá del deporte que se sentía en la piel, se respiraba en las calles y se quedará grabada en la memoria. Vivimos la emoción de un pueblo feliz que celebra incluso sin levantar el trofeo máximo, porque al final gana la algarabía, la unión de las familias, incluso de los que piensan distinto.
Los mexicanos somos únicos en este sentido: celebramos siempre, por todo, por si sí, por si no, por si las moscas, por si acaso. No necesitamos excusas grandes para reunirnos, compartir, cantar y recordar que nuestra fuerza está en la comunidad. Y esta edición del Mundial tuvo un ingrediente importantísimo: la presencia de nuestra primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum, quien representó a México en tan importante evento.
La final, disputada en el Estadio Nueva Jersey, reunió a los líderes de los tres países que organizaron este torneo: Claudia Sheinbaum, presidenta de México; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; y el primer ministro de Canadá, Mark Carney. Junto a ellos, en la primera fila del palco principal, también estuvieron Melania Trump, primera dama estadounidense, y Gianni Infantino, presidente de la FIFA, como testigos de un partido que definió al campeón entre España y Argentina, donde el primero resultó ganador.
Este encuentro se realizó justo antes de la reunión que se realizará este lunes 20 de julio para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
La presidenta Sheinbaum no solo ocupó un lugar destacado en la final del Mundial: lo hizo con la firmeza de quien sabe que representa a un país con voz propia. Su presencia fue un mensaje doble: por un lado, acompañar la emoción de los millones de mexicanos que viven el torneo como propio; por el otro, proyectar estabilidad y liderazgo en una región donde las negociaciones requieren más que nunca diplomacia y solidez institucional.
La coincidencia entre los mandatarios ocurre en un escenario complejo, marcado por tensiones que no se pueden ignorar. Entre México y Estados Unidos han surgido roces recientes que han sido hiperbolizados por mentes perversas y comentócratas alucinados, que anhelan que entre estos dos países todo esté mal. Y aunque es innegable que si hay roces, no tienen la estatura que algunos quieren resaltar. La diplomacia nunca ha sido miel sobre hojuelas.
Por su parte, las relaciones entre Estados Unidos y Canadá también han atravesado momentos difíciles desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. El episodio más reciente se dio apenas el viernes pasado, cuando el mandatario estadounidense amenazó con nuevos gravámenes a productos canadienses, argumentando afectaciones por el humo de los incendios forestales que llegó a ciudades como la sede del partido.
Sin embargo, en medio de este clima, la presencia de Sheinbaum en la final envió un mensaje claro: México está presente, participa en los espacios de mayor relevancia y mantiene su postura de construir puentes incluso en contextos adversos, al mismo tiempo que acompaña y hace eco de la alegría de su gente. México no llegó a la final, no obtuvo el trofeo, pero ganó mucho más.



