Una vez rescatados de sus viejas cadenas el Lake America y el Gulf of America —Washington puede decir ¡misión cumplida! después de haber aniquilado al Lake Ontario y al Golfo de México—, lo que sigue para EEUU es salvar al único planeta descubierto por estadounidenses, Pluto (Plutón, pues), asesinado a traición por una votación en 2006 de la Unión Astronómica Internacional.
Es lo que entiendo —es decir, lo que quiero entender— de un texto de The Guardian, “Forbidden planet: was Pluto’s 2006 demotion a big mistake?”. Su autor, Tim Dowling, dice que “desde que se le retiró el estatus de planeta, los defensores de Plutón han estado luchando contra la decisión, y su vehemencia no hace más que aumentar”.
Crece en Estados Unidos la cruzada para rescatar a Plutón del destierro orbital y devolverle, sin matices, su título de planeta de pleno derecho. Y es que no puede haber mayor ofensa para el orgullo estadounidense que su principal descubrimiento astronómico haya sido degradado a planeta enano.
Ya la DEA, la CIA, el FBI y el Department of Justice empiezan a operar en el sistema solar bajo la consigna “¡plutonianos del universo, uníos!”. En México, como no podía ser de otra manera, apoyados fuertemente por esa comentocracia añorante de Maximiliano que en todo le hace el caldo gordo a las agencias de seguridad, justicia e inteligencia de Estados Unidos, a saber: Jorge Fernández Menéndez, de Excélsior; Denise Dresser y Sergio Sarmiento, de Reforma; Raymundo Riva Palacio, de El Financiero; Jorge Castañeda, de Nexos; Héctor Aguilar Camín, de Milenio; Salvador García Soto, de El Universal; Enrique Krauze, de Letras Libres, y, en medio de todos ellos, ¡Tío Richie de TV Azteca como el sol en torno al que disciplinadamente orbitan!
Karl Marx, si resucitara, diría que los plutonianos de la DEA, la CIA y el FBI no tienen nada que perder más que sus cadenas orbitales. Y que tienen, en cambio, un cosmos entero que ganar.
Los mencionados satélites mexicanos de los plutonianos de EEUU apoyarán la causa, y lo harán más rápido que inmediatamente, esto es, en chinga sideral, exigiendo a la presidenta Claudia Sheinbaum que rompa con AMLO mañana mismo, en su segundo informe de gobierno, para que nadie impida que ella decrete también —es decir, además del presidente Trump— la existencia plenamente planetaria de Plutón.
¿Que todo esto es una tontería? Claro que sí, pero así son las cosas en estos tiempos de vulgar injerencismo estadounidense, tan entusiastamente respaldado por una prensa mexicana todavía más vulgar.
Ya veríamos que, si Donald Trump se sumara —de hecho ya se sumó, vía la NASA— al ¡Make Pluto a Planet Again!, antes de que el gallo cantara la primera nota, la comentocracia de Reforma, Excélsior, El Financiero, El Universal, Nexos, Letras Libres y Milenio respaldaría decididamente la cruzada para liberar a la última frontera del sistema solar de las votaciones comunistas al estilo 4T —¡nunca más las mayorías y la razón deben imponerse!—, madrugándole así a la Unión Astronómica Internacional antes de que esta pudiera siquiera reaccionar.



