Sí, es necesario dedicar de nuevo un espacio a Arturo Ávila, diputado federal por Morena, y que se ha convertido en un rostro visible de la defensa de los impresentables de su partido.

Como se recordará, ha sido señalado en numerosas ocasiones por haber sido el coordinador y vocero de Adán Augusto López durante las precampañas, a la vez que se han dado a conocer reportes sobre sus contratos otorgados por el general Salvador Cienfuegos durante el gobierno de Peña Nieto. Es un sujeto que, en el mejor de los casos, levanta sospechas.

En relación con el caso de la revocación de la visa de Andrés López Beltrán, Ávila ha recurrido al más ridículo de los argumentos imaginables: que la mayoría de los mexicanos no tienen visa para viajar a Estados Unidos. Es decir, ha sostenido en las distintas mesas de opinión que la cancelación del visado es irrelevante. Lo que ha intentado hacer el vocero de Morena es presentar el hecho como algo “anecdótico”, como si lo sucedido con el hijo del ex presidente lo convirtiese en “un mexicano más” sin permiso para ingresar al vecino del norte.

Es una vulgar trampa discursiva. Resulta absolutamente ingenuo suponer que la decisión del Departamento de Estado ha derivado de una falta administrativa menor, o de una permanencia mayor a 6 meses, como dictan las normas estadounidenses para viajeros mexicanos, así como que Andrés hubiese intentado buscar un empleo en Estados Unidos, o que entrara y saliera frecuentemente para visitar a su novia gringa, o tal vez que hubiese conducido bajo los efectos del alcohol.

Nada de eso.

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Por el contrario, considerando el perfil de López Beltrán, su posición durante el gobierno de su padre y las distintas investigaciones periodísticas que apuntan en su contra, como el reportaje del New York Times que había informado mediante un trascendido que Washington había retirado las visas de funcionarios mexicanos por presuntos lazos con el crimen organizado, así como la supuesta aparición de su nombre en un expediente de la FGR, indican que es altamente probable que el susodicho figure como protagonista en las investigaciones judiciales que están en curso.

Ávila, mejor conocido como el “cero votos”, en actos de visible desesperación, utiliza mañas discursivas dirigidas a tomarle el pelo a las audiencias y hacer parecer el caso de Andrés como un hecho aislado sin conexión alguna con las nuevas prioridades del presidente Donald Trump en relación con el combate contra los carteles de la droga.

Al final -diría Ávila- (quien dicho sea de paso tiene una mansión de varios millones de dólares en California), la mayoría de los mexicanos no tienen visa ni interés en viajar a ese país lleno de armas y drogadictos, y con sitios tan feos y aburridos como Nueva York, Chicago, Boston, Las Vegas o Disney World.

A ver quién se come el cuento.