Las violencias que sufrimos las mujeres ocupan espacios importantes en los medios informativos.
Violaciones, maltratos, discriminación y un largo etcétera son temas también en redes sociales, causando, ya no asombro, sino una tardía indignación que lleva a exigir justicia. También hay morbo. ¿Cómo pasó? ¿Dónde están los responsables? ¿Pero salió con el novio o sola?
Indignación tardía, sí, porque pocas veces hablamos de prevención, de ese trabajo multidisciplinario que gobiernos y sociedad civil debemos realizar para que nuestras niñas, nuestras jóvenes y nosotras mismas tengamos acceso a esa vida digna que nos merecemos.
Entre esas acciones hay una fundamental: ser autónomas, ganar nuestro dinero, tener propiedades, ser dueñas de un terreno, un pedacito de tierra tan nuestro que nos recuerde que la lucha de nuestros ancestros y ancestras nunca fue en vano.
Ayer domingo, la presidenta Claudia Sheinbaum acompañada de la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, la titular de la Secretaría de las Mujeres, Citlalli Hernández y la alcaldesa de Tlalpan, Gabriela Osorio, hizo entrega de certificados agrarios para mujeres. Se han entregado 30 mil desde el inicio del sexenio. La meta es de 150 mil.
Estas acciones, en ocasiones poco comentadas, son importantísimas: mujeres sencillas, dueñas de terrenos para trabajar, para llevar la comida a su mesa, pero también a la tuya y a la mía.
El campo, la tierra tan pródiga que tenemos los mexicanos y las mexicanas, dejan de ser exclusivos del patriarcado.
“Estamos reivindicando los derechos de las mujeres en particular, los derechos agrarios de las mujeres mexicanas”, dijo la presidenta en el evento en Topilejo, al sur de la Ciudad de México, donde aún existen ejidos que pueden trabajar y hacer florecer mujeres sabias pero con gran fortaleza.
La presidenta recordó que antes ellas no tenían derecho a ser ejidatarias y que su gobierno prometió resarcir ese daño causado en el pasado.
En nuestro país más de 16 millones de mujeres habitan en zonas rurales y durante décadas lo rural fue sinónimo de pobreza. Sin embargo hoy tenemos un gobierno humanista, que atiende no solo las causas de la pobreza; comprende que la violencia hacia las mujeres debe erradicarse de muchas formas, una de ellas, la más importante quizá, es empoderarlas por medio del trabajo y la propiedad de la tierra.
Ojalá que notas como esta abunden, que los comentaristas, articulistas y opinólogos en general dediquen un poco de su tiempo a hablar de lo positivo de un gobierno que se esfuerza en que las cosas cambien. Qué terrible que el rencor, la mentira y la desinformación mueva las letras o los micrófonos de los que en el pasado se sintieron poderosos y hoy lloran la pérdida de sus privilegios.
Más terrible que se regodeen con la violencia, porque así, según sus mentes retorcidas, se demuestra que en México hay un gobierno disfuncional, que no resuelve nada.
No todo está bien, es cierto, pero tampoco todo está mal.
De poco en poco los olvidados, en este caso, las olvidadas por siglos, empiezan a ser protagonistas de la historia.
Lo celebro.





