Este es un texto político basado en el famoso bolero de René Touzet: “No te importe saber... porque tengo un pasado”. Aquí un video con Amparo Montes:

El ascenso político de Claudia Sheinbaum se dio en cuatro tiempos. Los recuerdo porque hay pasados éticos, como los de ella, y de dudosa moralidad como los de tantos tipos de cuestionable reputación hoy en Morena. Estos son:

1. Los segundos pisos: el primer salto de visibilidad

Cito, no textualmente, lo que dijo la presidenta Claudia Sheinbaum el 24 de junio de 2025: Que su trabajo fue de académica hasta el año 2000. Después, hasta mayo de 2006, tuvo el cargo de secretaria de Medio Ambiente con Andrés Manuel López Obrador como jefe de gobierno capitalino. AMLO “acostumbraba darnos tres, cuatro, cinco tareas”. Fue así que ella coordinó la construcción del segundo piso del Periférico”.

2. La campaña de 2006, de funcionaria técnica a figura política: el segundo salto de visibilidad.

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Contó más la presidenta: AMLO no la invitó desde el día uno a su campaña presidencial de 2006. Andrés Manuel llamó a Claudia y le dijo: “Tienes que acabar el segundo piso”.

Después de inaugurada esa obra, a los dos días Sheinbaum vio a López Obrador. El entonces candidato le dijo: “Ayúdame a ser vocera”. Era lo que AMLO más necesitaba para neutralizar la perversa publicidad “Andrés Manuel López Obrador, un peligro para México”.

Me consta —estuve en esa campaña— que la llegada de Sheinbaum aportó algo diferente, inexistente en la clase política de todos los partidos: formación analítica rigurosa, serenidad, capacidad argumentativa y una manera relativamente desapasionada de debatir con las otras fuerzas políticas.

3. Las Adelitas y la defensa del petróleo: El tercer salto de visibilidad

Después de la elección que Felipe Calderón se robó, AMLO incorporó a Sheinbaum al gobierno legítimo: le encargó la defensa del patrimonio nacional. Y aquí llegamos al tercer momento.

Lo contó Claudia Sheinbaum: “Cuando querían privatizar el petróleo con Calderón, en el 2008, me tocó coordinar un movimiento que le llamamos Las Adelitas del petróleo, éramos 15 brigadas de mujeres, y cerramos alrededor del Senado de la República. Llegábamos temprano, nos íbamos en la noche, mujeres movilizándonos para defender el petróleo”.

Calderón quiso reprimir a las Adelitas —unas 25 mil activistas— enviando mujeres de la Policía Federal. Lo recordó la presidenta: “Nos querían reprimir. Les decíamos Robocops porque venían vestidas con sus trajes con rodilleras, escudos, cascos, toletes”.

Las Adelitas resistieron: “Nos sentamos en el piso, agarradas todas de las manos y empezamos a cantar el Himno Nacional, y se retiraron las policías”.

4. Morena, Tlalpan, Ciudad de México: el salto definitivo

Después de soportar numerosas traiciones en el PRD, AMLO y Sheinbaum y otros liderazgos de izquierda —Rafael Barajas El Fisgón, Epigmenio Ibarra, Rosa Icela Rodríguez, Leticia Ramírez— decidieron fundar un nuevo partido.

En 2014 nació formalmente Morena como partido y en 2015 tuvo su primera elección. En 2018, cuatro años después de su aparición, ganó la presidencia con AMLO; la Ciudad de México con Sheinbaum; mayorías legislativas y gubernaturas y, en 2024, de nuevo la presidencia con Claudia Sheinbaum.

Las vueltas que da la vida: un enemigo de las Adelitas quiere que Morena lo haga gobernador

En 2009 ya no existía el movimiento de las Adelitas. Pero, convencidos panistas y priistas de que habían triunfado, con la segunda legislatura del sexenio de Calderón, insistieron en seguir acomodando el marco legal a las exigencias de inversionistas privados que reclamaban su parte del petróleo y la electricidad.

Se integró la Comisión de Energía en la Cámara de Diputados y Diputadas, que evidentemente trabajó para dar continuidad al proyecto energético de Calderón.

Sheinbaum, ya no como Adelita, sino nada más como secretaria de Defensa del Patrimonio Nacional del gobierno legítimo, siguió en la lucha a favor del nacionalismo petrolero y eléctrico.

Aquí entra en escena Felipe de Jesús Cantú

Panista toda su vida en Monterrey —fue alcalde de esta ciudad en el sexenio de Vicente Fox—, a Cantú se le nombró presidente de la Comisión de Energía en la LXI Legislatura (2009-2012).

Lógicamente, Cantú no hubiese tenido ese nombramiento si las cúpulas del PRI y del PAN no lo hubiesen evaluado y concluido que apoyaba absolutamente el proyecto energético de Calderón.

Es dable pensar que, durante el movimiento de las Adelitas, Felipe de Jesús Cantú se preparaba para combatir las ideas de Claudia Sheinbaum y del resto de las valientes mujeres que se oponían a la reforma energética.

Mientras Sheinbaum protestaba en las calles, Cantú trabajaba para el miserable que se había robado las elecciones en 2006: Calderón lo hizo director de Operaciones de Diconsa. En esa época Cantú era consejero nacional del PAN.

Cantú trabajó intensamente a favor del proyecto energético de Calderón para asegurar el apoyo de la derecha en su búsqueda de la gubernatura de Nuevo León.

En 2015, el año de la primera elección de Morena, Cantú logró su propósito de ser candidato a gobernador del PAN. Perdió, por cierto.

Las vueltas que da la vida o el oportunismo político no tiene límites

Seis años después, en 2021, Cantú dejó el PAN para apoyar a Morena. Ahora mismo, disputa la candidatura a gobernador o gobernadora de izquierda a gente mucho más progresista que él —al menos sin su pasado calderonista—.

Felipe de Jesús Cantú tiene posibilidades en la encuesta que aplicará Morena —no muchas, pero es un tipo conocido por haber sido alcalde de Monterrey—.

Me pregunto si sería justo que alguien con su pasado pudiera ser preferido por las estructuras de Morena sobre gente más limpia: Clara Luz Flores, Waldo Fernández, Andrés Mijes, Tatiana Clouthier.

“Presidenta, no le importe saber...”

¿Qué pensarían las bases de Morena, millones de personas honestas y comprometidas con los principios de izquierda, si supieran que la candidatura de izquierda en Nuevo León fuera para un defensor de la reforma energética de Felipe Calderón?

Una pregunta similar deberá responderse dentro de unos años, llegado el momento, cuando se perfilen hacia retos mayores las figuras más populares del gobierno de la 4T, no todas con un pasado ciento por ciento de izquierda y progresista.

No pocas personas ya le cantan a la presidenta Sheinbaum aquel bolero, “No te importe saber” del cubano René Touzet, en el que alguien con puro rollo medio baratón trata de convencer a la pareja, incrédula, de la sinceridad de sus sentimientos.

En la canción la mujer le dice al tipo que la enamora —con otras palabras, pero esta es la idea—: “No comprendo cómo es que sientes este amor tan vehemente solo por mí”. Él responde: “No concibes que pueda quererte con todas las fuerzas de un alma porque tengo un pasado”. Y el galán añade, quizá con honestidad, aunque en estos casos la hipocresía abunda: “No te importe saber nada de mi pasado amoroso”.

En relaciones de pareja quizá el pasado importa poco. En política es distinto. Hay pasados ideológicos y políticos que pueden perdonarse, pero ¿premiarse?

“Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado”, dice la Biblia. Lo que no dice es que Dios aceptaría la entrada al cielo de un pecador después de cerrarle el paso a una persona que siempre ha actuado éticamente.

Felipe de Jesús Cantú y otra gente en Morena tienen todo el derecho a militar en la izquierda, pero ¿solo porque son más hábiles —destrezas adquiridas en el viejo régimen, el del PRIAN— deben desplazar a la militancia más comprometida?

Podrán cantarle a la presidenta todas las veces que quieran el bolero de René Touzet. Pero ella no es ingenua.