Durante décadas, a las personas trans se les asignó un lugar en las sombras, en la nota roja o en el olvido. Hoy, el Día Internacional de la Visibilidad Trans nos obliga a cuestionar qué tan dispuestas y dispuestos estamos como sociedad a mirar de frente una realidad que siempre ha estado ahí, pero que nos hemos negado a dignificar.
La visibilidad es el primer paso para derribar el muro de la deshumanización. Lo vemos cuando figuras que surgen de la cultura popular, como Wendy Guevara, logran colarse en la cotidianidad de los hogares. Su presencia es un ejemplo valioso de cómo la autenticidad puede empezar a agrietar prejuicios ancestrales, nos recuerda que el carisma y la humanidad no tienen género. Sin embargo, no podemos cometer el error de creer que el éxito de una sola persona resuelve la deuda histórica con toda una comunidad. Esa visibilidad mediática es apenas una ventana, no la casa terminada.
En lo personal, el reto que enfrenta una persona trans es una batalla silenciosa y constante. Es la valentía de habitar un cuerpo que el mundo insiste en cuestionar y el peso de una salud mental que se ve asediada por el rechazo familiar o el acoso escolar. Salir a la calle siendo una misma, uno mismo no debería ser un acto de heroísmo, pero en nuestra sociedad actual, lamentablemente lo sigue siendo. Cada transición es un viaje individual hacia la libertad que a menudo se topa con la pared de la incomprensión.
En lo social, la deuda es estructural y urgente. La visibilidad sin garantías legales es, en muchos sentidos, una exposición al peligro. No basta con que “se les vea”, es necesario que se les reconozca. Los derechos humanos no son sugerencias, son la base para que cualquier persona pueda acceder a un empleo sin miedo al despido, a un hospital sin miedo a la burla y a un acta de nacimiento que honre su verdad. El verdadero triunfo de la visibilidad no ocurrirá en un set de televisión, o a través de las redes sociales, sino el día en que una persona trans pueda caminar por cualquier lugar con la certeza de que su vida vale tanto como la de cualquier otra.
Este día es un recordatorio de que la identidad es un derecho humano fundamental, no un debate de opinión pública. Juntas y juntos impulsemos nuestra labor como sociedad, transitar de la simple observación a la defensa activa, asegurando que la visibilidad de hoy sea el cimiento de la justicia de mañana.
Jennifer Islas
Política y conferencista



