Sostengo que la violencia vicaria es violencia feminicida porque, ¿qué hay más terrible para una madre en este mundo que arrancarle a sus hijos? ¿Que hunde más a una mujer que tratar de sobrevivir sin el alma en el cuerpo?

Lo que pasó en Saltillo fue, como ya es costumbre, un atropello inmenso a los derechos de los niños y las niñas, un actuar sin protocolos para el bienestar de la niñez, una falta absoluta de consciencia judicial y, por supuesto, un acto de violencia de género más que una medida de protección a la niñez.

En el video podemos observar a un bebé con chupón en la boca (si, así de pequeño), que se aferra al cuerpo de su madre para no ser separado de ella, mientras las autoridades insisten en literalmente, arrancar al niño del seno de su madre y entregárselo al progenitor.

No es difícil entender que el lugar donde el bebé quiere y necesita estar es en el cuerpo de su madre, siendo sostenido por ella, su espacio seguro.

Los bebés no entienden de leyes. Entienden de ritmos del corazón, de calor, de leche, de susurros y canciones, de noches en vela, de nueve meses de hogar, de mamá.

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¿Por qué las autoridades insisten en cumplimentar órdenes de “cambios de custodia” que constituyen violencia vicaria? ¿Por qué se legitima este tipo de violencia desde los órganos de protección a las niñeces que, se supone, las protegen?

En las redes sociales y en las calles hay un discurso peligroso que ha crecido engrosado por los miles de agresores latinoamericanos dispuestos a usar cualquier instrumento para continuar ejerciendo violencia: el discurso de los papitos obstruidos, aquellos que juran que al cumplir con lo que el juez manda económicamente, tienen derecho sobre el cuerpo de los niños y las niñas a quienes solo les pasan pensiones paúperrimas porque la ley se los exige y quienes realmente no saben NADA sobre cuidados ni crianza de sus propios hijos, pero se refugian en la manada de agresores para arrancar a los niños de sus madres.

Estos grupos se han consolidado como una red de peligrosos agresores organizados que, en los lugares donde más influencia política han ganado (como por ejemplo Coahuila), logran ejercer violencia contra los niños y las niñas y, en consecuencia, su víctima destino: la madre de sus hijos.

Estos delincuentes organizados han logrado en Coahuila, ser recibidos por Mery Ayub más de una vez para mesas de trabajo, mientras las madres, las verdaderas víctimas de los vicarios fueron recibidas solo después de un posicionamiento público fuerte de parte de colectivos feministas de la región.

Decía mi padre que no hay nada peor que pendejos organizados, pero sí hay: violentos organizados. Cuando la violencia se organiza y propone y además se cuela en la escena política de una región, deja desprotegidas a las víctimas reales: las mujeres y sus hijos e hijas.

Los padres obstruidos NO EXISTEN. No hay carga mas compleja que criar y cuidar a otro ser humano y las mujeres que tienen la suerte de co-criar con un progenitor responsable económica, emocional y funcionalmente NO NECESITAN ni siquiera demandar por pensión en los juzgados y mucho menos pelear para impedir visitas y convivencias, ya que el relevo en la crianza y los cuidados de parte del otro progenitor resulta ser un alivio y no un espacio que propicie un escenario de violencia y secuestro.

¿Cuándo van a entender, autoridades, que hay una sola forma de hacer las cosas y esta es escuchar y validar a las víctimas reales del sistema? Las mujeres. Las que reciben el 15% de pensión económica o si bien les va un 30% mientras ellas ponen el 100% de su dinero, el 100% de su cuerpo, el 100% de los cuidados, el 100% de los recursos funcionales de su hogar para garantizar el bienestar del niño y la niña bajo su cuidado.

No hay nada más grave que matar de hambre a un niño y créanme que ese 30% equivale a muerte por hambre para fines prácticos, si la madre no saliera al quite con todos sus recursos.

Les exijo a las autoridades de Coahuila que dejen de recibir agresores para “dialogar” porque la violencia no se negocia, que sigan protocolos adecuados para cumplimentar órdenes de cambios de custodia y que la opinión de los niños sin importar su edad sea escuchada y validada como algo con peso legal: un niño que llora a gritos para no ser alejado del cuerpo de su madre no tiene por qué ser separado de ella, sin importar el deseo del otro progenitor de “convivir” con él.