EL AJEDREZ HUMANO
¿Cuál es el límite? ¿hasta dónde puede una persona pública resguardar su privacidad sin ser víctima del escarnio? Con la llegada de las redes sociales se ha magnificado aún más el hecho, una solicitud no cumplida puede significar una explosión de ira, sin importar nada, una línea muy delgada que se cruza sin el menor pudor, con la palabra obligación como excusa, sin la comprensión del momento y del entorno.
Hace unos días, el piloto de Ferrari Charles Leclerc público un comunicado en sus redes sociales en donde solicitó a la gente, no ir a su casa y respetar su privacidad luego de que un “aficionado” diera a conocer la ubicación de su casa en Mónaco, Sergio Pérez fue señalado por no atender a las peticiones para con un hijo de un reportero de deportes en un restaurante aquí en México, ejemplos fuera del medio hay muchos, Dua Lipa, Jennifer Lawrence, Justin Bieber, todos en alguna ocasión se negaron y fueron “masacrados” por ello, podrían firmar 500 autógrafos, podrían tomarse 500 fotos, nunca será suficiente.
Del otro lado, es entendible la frustración que se canaliza en muchas ocasiones en enojo, coincidir en un lugar con algún famoso o mejor todavía con tu ídolo es un hecho único que genera una ola de sentimientos, desde hacer contacto físico, verbal, ansiar un recuerdo de ese inédito momento con una foto o un autógrafo y al no ocurrir, el desencanto puede generar señalamientos o lacerantes acusaciones, la admiración transformada en rencor.
Ahí es donde debe de imperar el criterio y sentido común, entender cuál es el rol que en ese preciso instante desempeña esa persona, una cena con la familia o de vacaciones, la situación en sí refleja el grado de privacidad, no quiere decir que la exposición pública genere inquietud en los que lo rodeen pero tampoco obliga al famoso a cumplir necesariamente con las exigentes peticiones de todos en su alrededor.
Argumentos hay muchos y todos son válidos, desde el “se debe a su público”, “sin nosotros no sería nadie”, “para que sale sino quiere ser visto”, cada uno de ellos tiene una dosis de verdad y cada caso tiene su particular análisis, pero si en ese punto se transgrede, se irrumpe la privacidad, cualquier señalamiento pierde validez.
A todos nos ha pasado alguna vez, a mí incluido; las expectativas propias que uno se genera idealizando el encuentro planeado o accidental con algún admirado personaje llega a generar un cúmulo de pensamientos, alguien me dijo en cierta ocasión “no conozcas a tus ídolos porque te pueden decepcionar”, no concuerdo, porque al final, debemos de entender que la admiración radica en muchos casos por la labor que desempeñan, llámese actuación, canto, baile, deporte, etc. Le demos la justa dimensión que se tiene, porque al final, son personas, que pueden tener un mal día o simplemente van con prisa y está en nosotros entender que la pública privacidad tiene un límite.


