El intercambio entre el gobernador Alfonso Durazo y el senador Luis Donaldo Colosio Riojas terminó colocando a Sonora en la conversación nacional y avivando una pregunta que desde hace tiempo nos estamos haciendo: ¿quién gobernará Sonora a partir de 2027?
Todo comenzó después de que Colosio utilizara la tribuna del Senado para lanzar una fuerte crítica al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El gobernador Durazo respondió y lo hizo con dureza: reconoció su derecho a opinar, pero cuestionó sus resultados como alcalde de Monterrey y puso sobre la mesa un argumento que seguramente volveremos a escuchar durante los próximos meses: para gobernar no basta el discurso; hay que presentar resultados.
Y ahí se encendió la mecha. Movimiento Ciudadano respondió, presentó una queja contra Durazo ante el INE y acusó al gobernador de presunto uso indebido de recursos públicos y vulneración de los principios de imparcialidad y neutralidad. Pero hay que decir las cosas como son: una denuncia no es una sentencia. El INE remitió el asunto a la autoridad electoral de Sonora; esa decisión se refiere a quién corresponde conocer la queja, no determina si existió alguna infracción.
Mientras tanto, políticamente ocurrió algo mucho más interesante: Movimiento Ciudadano consiguió colocar a Colosio en el centro de la conversación sonorense, pero Durazo puso sobre la mesa el tema que puede convertirse en el verdadero filtro rumbo a 2027: experiencia, arraigo, proyecto y resultados.
Antes de que Colosio irrumpiera en esta conversación, en mi opinión, el rostro opositor con mayor presencia rumbo a 2027 era Antonio “Toño” Astiazarán. Y eso tiene lógica. Toño gobierna Hermosillo, ha construido una trayectoria política en Sonora, tiene posicionamiento y estructura y, si decide competir por la gubernatura, sería absurdo que Morena lo subestimara. Eso tampoco significa que tenga asegurado el respaldo de toda la oposición sonorense.
Con la aparición de Colosio se modifica el escenario. Ahora la oposición podría tener dos figuras buscando ocupar prácticamente el mismo espacio político: Astiazarán, con una trayectoria construida en Sonora, y Colosio, con el capital político que proviene del apellido y del enorme legado que dejó su padre, Luis Donaldo Colosio Murrieta, particularmente entre generaciones que vivimos aquella etapa política y todavía conservamos una profunda carga emocional alrededor de su figura. Ese legado tiene un peso indiscutible. Pero la herencia política no sustituye los resultados propios. Y ahí empieza el verdadero examen para Colosio Riojas.
¿Y el arraigo?
Durante su reciente visita a Hermosillo, Colosio abrió otra discusión cuando los reporteros le preguntaron sobre las versiones que cuestionan su lugar de nacimiento. Respondió: “Son mamadas, esas son idioteces”, y sostuvo que nació en Magdalena de Kino y siempre ha sido magdalenense. Habría que revisar también qué les ofreció a los de Monterrey cuando anduvo pidiendo el voto para ser alcalde de la capital de Nuevo León y qué cumplió. Ahí se los dejo a ustedes, queridos lectores, para valorar la congruencia entre lo que se promete y lo que se hace al ocupar un cargo de representación popular.
Pero bueno, quizá Colosio está respondiendo la pregunta equivocada. El debate político rumbo a 2027 no debería reducirse al lugar que aparece en un acta de nacimiento. La pregunta importante es dónde construyó su trayectoria política y qué trabajo ha realizado en Sonora para conocer y atender las necesidades de las y los sonorenses.
De lo que sí tenemos certeza es de que su carrera política se desarrolló fundamentalmente en Nuevo León. Ahí fue diputado local, alcalde de Monterrey y construyó la plataforma política que posteriormente lo llevó al Senado, aunque haya sido por la vía plurinominal. Su vínculo familiar con Sonora es indiscutible. El legado de su padre también. Pero una cosa es heredar un vínculo profundamente emotivo con esta tierra y otra muy distinta construir aquí arraigo político, trabajo territorial y resultados propios. Y, francamente, tampoco me parece una “mamada” que los sonorenses preguntemos esto.
También tendrá que hablar de Monterrey: ¿qué compromisos cumplió?, ¿qué dejó pendiente y ¿qué resultados puede presentar? Son preguntas que inevitablemente enfrentará si pretende ofrecer aquella experiencia como antecedente suficiente para gobernar todo un estado.
Durazo fue duro al señalarlo, sí. Pero abrió un debate legítimo. Antes de presentar a Colosio como una especie de salvador de Sonora, habrá que revisar su experiencia como gobernante. Sonora no necesita salvadores; necesita gobernantes.
Mientras tanto, Morena se acerca a su definición
Y mientras afuera comienza esta batalla, dentro del movimiento de transformación se acerca una decisión fundamental. Son seis los perfiles registrados para buscar la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sonora: Lorenia Valles, Javier Lamarque, Célida López, María Dolores del Río, Froylán Gámez y Omar del Valle.
La definición está cerca, dicen las autoridades de Morena. Al cierre de esta columna, el 6 de septiembre de 2026, seguían pendientes las definiciones de 12 estados —incluido Sonora— de los 17 que renovarán gubernatura. El proceso contempla encuestas y deberá ser la gente la que tenga la última palabra. A mi parecer, este proceso está siendo largo y cansado para el pueblo bueno.
Mientras estamos en plena grilla sucesoria, Durazo sigue recorriendo municipios, impulsando obras, proyectos, inversión e infraestructura y buscando dejar encaminadas acciones estratégicas que trasciendan su administración. Por eso creo que el último tramo de su gobierno puede resultar mucho más importante para Morena que cualquier pleito en redes sociales.
Quizá el verdadero debate rumbo a 2027 no será Morena contra Colosio ni Morena contra Toño. Será resultados contra alternativas. Y si Durazo logra el cierre que se ha propuesto, Morena llegará a esa batalla con mucho más que una marca electoral. Llegará con resultados, estructura, perfiles competitivos y un proyecto político que buscará convencer a las y los sonorenses de que la transformación debe continuar.
Es importante señalar que, si alguien contempla la posibilidad de gobernar nuestro estado, tenemos todo el derecho de preguntarle qué conoce de nuestros municipios, qué trabajo ha realizado aquí, qué proyecto tiene para Sonora y cuáles son los resultados propios con los que pretende pedirnos el voto. Y aquí caben todos y todas quienes aspiran a la gubernatura de Sonora en 2027.
Porque, al final, el pueblo manda y el pueblo de Sonora decidirá quién encabezará el próximo gobierno. Por mi parte, espero que dé continuidad a los proyectos de infraestructura encaminados del Durazo, que son de gran valor para las y los sonorenses. Sobre todo, porque será un gobierno de tres años, de 2027 a 2030: no hay tiempo que perder; se necesita aplicar experiencia y seguir dando resultados.
Dentro de Morena, la pregunta queda en el aire: ¿quién de los perfiles podrá mantener unido al movimiento y ganarse el respaldo ciudadano para dar continuidad a esos proyectos?
Abrazo revolucionario, patrio y virtual.
@cpjannybarrera


