No hay, tal vez, en el país instalaciones tan poco venerables como las del Partido Revolucionario Institucional, testigo mudo de las más terribles conspiraciones y traiciones. Sus paredes han absorbido los peores alientos, de los más podridos y putrefactos: un sitio donde se decantaba el odio hacia lo que no fuera tricolor, porque todo México era suyo, de nadie más…

Ahí recibió Alejandro Moreno, presidente del PRI y exgobernador de Campeche, a Vicente Fox Quesada el expresidente panista: el primero “no priista” de la historia moderna.

Una alianza con rostros distintos: la piel de Alejandro Moreno (el anfitrión) tensa, estirada por hilos invisibles, roja, por contener la cólera que lo invade; disimulándola con una sonrisa forzada. Sus cejas negras siempre arqueadas y bien delineadas; evidente su negativa a la vejez…

La piel de Fox tiene profundos surcos, algo sonrosada, tal vez por alguna alergia a Alito. Parece que su frente ha crecido con el tiempo, pero es por la escasez de cabello; en él trasluce su despreocupación por el paso de los años. Ambos portan traje negro, camisa azul claro y corbata color sangre, con el mismo atuendo. Los acompaña un amigo, socio o cómplice. Vicente llega con Manuel Añorve y Alejandro Moreno, con su sombra y guarura, Rubén Moreira.

Una débil fuerza, sin propuestas para el bienestar del país. Su único interés es formar una alianza para derrotar a Morena a costa de lo que sea.

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Monomanía por el poder, es lo que padecen. Obsesión patológica. Toda su energía está concentrada en recuperar lo perdido. El “bienestar” del país es solo con ellos, y el “mal” está en Morena, dicen.

Sufren de desdicha profunda por la muerte inminente de sus partidos antes tan poderosos. El odio cunde. Los colores originales del PRI y del PAN se han desteñido.

Su amargura es variada. La desdicha también. Se mezclan, se transforman en resentimiento y en odio hacia López Obrador que inició la 4T y se ha transfundido hacia Claudia Sheinbaum.

Fox acudió a las instalaciones del PRI con integrantes de la asociación civil “Alma de México”, nombre que seguramente llega profundo a muchos devotos que creyeron y todavía creen en él.

El expresidente que traicionó a millones… ¿Cuál alternancia? ¿Cuál democracia? Mintieron, como siempre.

Vicente estaba alienado al PRI, no iba a haber ningún cambio. El único fue el de las siglas, el de los colores… Zedillo dejó el poder orgulloso porque gracias a su apertura, había roto con el fraude electoral acostumbrado por el PRI y había “permitido” que ganara Fox del PAN.

Ernesto Zedillo, el del Fobaproa, el que benefició a los ricos, a los millonarios y jodió a los mexicanos, que perdieron todo por el alza de las tasas de interés, que se vieron imposibilitados para seguir pagando sus casas o departamentos, o sus coches; perdieron empleos y muchos de ellos hasta se quitaron la vida por la desesperación, por ver negro e imposible su futuro.

En 2001, el expresidente panista y Marta Sahagún se casaron por el civil.

En cuanto Vicente Fox se puso la banda presidencial su nivel de vida subió como la espuma. Su rancho se llenó pronto de lujos y comodidades: aspersores automáticos para regar sus vastos jardines por los que pasean, entre magueyes azules, animales exóticos; con ojos pizpiretos y largas pestañas las avestruces miran y están atentos a todo, como los de Martita Sahagún, quien se presume era la que tomaba decisiones y Fox obedecía… La vida de ella y la de sus hijos escaló hasta las nubes…

Martita feliz, porque pudo casarse con aquel botudo Fox, gracias a que tenía influencias benditas con los Legionarios de Cristo, ya que había fungido como tesorera de esa orden… Cadenas de oración y de influencias cruzaron el océano Atlántico y llegaron al Vaticano, con la petición de anular el matrimonio religioso de ambos, para poder casarse de nuevo por la iglesia. Un matrimonio feliz, incólume, que se secaba el sudor con toallas de 400 dólares.

Alejandro Moreno, feliz en su mansión valuada en 300 millones de pesos, está acusado por presunto enriquecimiento ilícito, peculado y lavado de dinero. No hay animales exóticos pero sí esculturas de reconocidos artistas.

Alejandro Moreno y Vicente Fox unen fuerzas. PRI y PAN, están tan débiles que Alito, el amenazante, el valiente, el fuerte invitó a todo aquel funcionario que esté libre para que se una para formar el frente.

Ni el Partido Revolucionario Institucional, ni Acción Nacional ni Movimiento Ciudadano tienen propuestas. Vicente Fox, lo único que tiene claro, es que quiere de regreso su pensión de expresidente, más las demandas que ejercerá sobre él su querida Martita Sahagún para que sus hijitos sigan con sus millonarios negocios sin que nadie se interponga en su camino. Alejandro Moreno obsesionado con el poder, quiere más, le fascinó, lo enloqueció el que tuvo en Campeche siendo gobernador.

En 2018 se revirtió todo. Los mexicanos, hartos de tanta corrupción, abuso e injusticia, tomaron, con decisión, el camino de la izquierda, liderado por el ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador quien labró un sendero al que bautizó como la Cuarta Transformación. Esta senda con muchos menos obstáculos para los más desposeídos, que los llevaría a gozar una vida digna.

Los líderes de la oposición se fueron hundiendo en el fango, sus promesas falsas y repetidas por décadas, fueron desoídas.

El PRI y el PAN representan la oscuridad y el saqueo, la mentira y el cinismo, una sombra perenne los cubre ya. Ninguna alianza tendrá la fuerza para devolverles nada, mientras más personajes prianistas se unan, más se hundirán.

El segundo piso de la 4T seguirá consolidándose, aunque hay que fumigar, expulsar a oscuros personajes y evitar a toda costa que otros entren con ese mal: la monomanía por el poder.