Mucho se ha escrito acerca de la innegablemente exitosa marcha del pasado 26 de Febrero.
También ya a estas alturas sabemos indiscutiblemente que AMLO contraatacó a los que genuinamente se manifestaron en ella: Culpó al PRI-PAN-PRD de movilizarla y adjudicársela.
Nada raro. Nada anormal. Es el mismo discurso agresivo de un presidente dolido. No es la primera vez que lo vemos enojado. Ya nos acostumbramos de hecho a ello.
Pero ahora ¿qué viene después de la marcha? Esa es la gran duda e incógnita.
Para empezar, López Obrador dio un mal paso al decir que la planta de Tesla, propiedad de Elon Musk (quien es propietario a su vez de Twitter, una de las redes sociales, sino es que la que, más incomoda al presidente de México) no se podría instalar en Monterrey donde se pretende que esté.
Luego, salieron otra más a decir absolutamente lo contrario: Que claro que sí, que con todo gusto el presidente permite que se instale Elon Musk y su empresa en donde guste y mande.
Total que para mí, como tuitera, me preocupa esta rara negociación, porque Samuel García ya le ganó al conocer a Musk y tener contacto con él y ¿cómo es que el presidente de todos los mexicanos no le ha pasado lo mismo? Parece más bien lucha de egos y berrinches. Y sí, creo que la personalidad de Musk es extraña, pero también la de Obrador, entonces no se entiende bien para dónde jalan las aguas de este molino.
En fin que hoy por hoy, la marcha ya quedó atrás y el presidente todavía ahí está. ¿Y qué clase de presidente nos encontraremos? Pues el que ya conocemos, uno muy enojado, todavía más enojado y difícil de orientar y asesorar.
Aquí queda ver si los ministros y autoridades contemplan complacer el berrinche del presidente de solidificar su famoso Plan B Electoral.
Todavía necesitamos ver si algún organismo autónomo cuenta con fuerza porque, sin duda, aún y por sobre todas las marchas posibles estos organismos se tambalean, ya han sido muy golpeados por el propio presidente.
¿Vienen cosas buenas para los mexicanos? Tristemente no.
Y no estoy demeritando la marcha. Fue majestuosa y me da mucha paz saber que no estamos solos. Qué hay una especial unidad entre nosotros que buscamos que haya un cambio. Pero veo difícil que a corto plazo existan opciones de crecimiento y mejora para el país .
Mientras siga AMLO como presidente, nada va a cambiar. Y desde sus mañaneras él tendrá la oportunidad de desahogar su enojo y su rabia... Nosotros no tenemos desde donde hacerlo.
Y ahora se dice y se rumora que el presidente organizará una nueva marcha para celebrar la expropiación petrolera (no amigos, no es broma). Claro, tenía que encontrar algún pretexto y ponerle algún nombre a su marcha. Esta rabioso y ansioso de poder llenar 3 veces más el Zócalo (dice que ya lo ha hecho). Así que se viene una marcha y esta sí será carísima porque evidentemente se le tendrá que pagar a cientos de personas para que asistan.
Angustiosamente otra vez veremos la figura de Obrador nadando entre la marea de gente... Y ya... Tampoco va a pasar nada... Tampoco sirve de nada.
Pero él no se va a quedar atrás.Es como un niño chiquito jugando a ganarle al primo en alguna competencia. Pero siendo presidente, pues es peligroso creo yo.
Yo después de la marcha tampoco he cambiado de pensar. Sigo sosteniendo que México merece mejores cosas y dirigentes y desde donde puedo hago lo que me toca para contribuir en algo a este país que tanto amo.
Marchar es legítimo pero hay que pasar a la acción.
Y literal acción pacífica por supuesto. Acciones contundentes y claras como preparar muy bien nuestro voto para el 2024 y no dejar que los protagonismos de personalidades políticas se trepen a nuestra legítima marcha y lucha por defender lo que consideramos defendible.
Nos falta por ver si esto es válido. Si algo, de veras, va a cambiar.
Es cuanto.






