La presidenta Claudia Sheinbaum, hablando de su periodo oficial, está por cumplir dos años desde que tomó el poder de las instituciones y del Estado. De hecho, todo el trabajo que ha realizado habla de la responsabilidad que asumió con el mandato popular. Hablamos de una protagonista de la continuidad de las políticas que comenzó López Obrador. Ella, en efecto, se ha dado a la tarea de afianzar un modelo humanista y estrictamente social.
Al revisar minuciosamente cada una de sus acciones, sin duda, es fácil percatarnos de que, además de imprimirle su sello particular, las estadísticas —que se forjan a través de patrones y mecanismos— dan cuenta de que se está trabajando para atender las necesidades. No es la primera vez que hacemos alusión a una situación de esa naturaleza. Con esos ejemplos, como sucede en la praxis, podemos ir mirando hacia el futuro que, aunque parezca lejano, es muy promisorio para la causa de Morena.
Dirán que faltan cuatro años; sin embargo, hay dos caras de la moneda en relación con los proyectos políticos que predominan en México. Es bastante obvio que la izquierda, por su labor y trabajo, se ha definido plenamente como una estructura social que se echa al hombro las demandas ciudadanas. Hasta este entonces —basándonos en las metodologías de mayor prestigio— Claudia Sheinbaum ha superado el 74 % de aprobación. Podemos decir que es un tramo de consagración, sobre todo en temas de seguridad.
En ese rubro, como lo ha ido describiendo la buena gestión de Omar García Harfuch, se han asestado golpes a las actividades al margen de la ley. Esto significa que, a la par de la gobernabilidad, el Estado tiene el control de la vigilancia y la presencia de efectivos a través del cruce de información con las entidades. Habiendo un esquema de colaboración y basándonos en las estadísticas, decimos que nada de lo que está sucediendo es circunstancial. Todo es producto del esfuerzo y las ganas que se le imprimen, especialmente cuando la consigna —más allá de los colores partidistas— es que nadie está por encima de la ley.
Y ahora que hay muchas entidades que dejarán de ser un bastión para la derecha, se abre la brecha para que la izquierda expanda su poder de convocatoria. Con esa enorme base social, y con el buen manejo de Sheinbaum, Morena, en conjunto con los aliados, está destinada a ganar de manera contundente las futuras elecciones presidenciales. Siendo así, podemos afirmar que hay proyecto para rato, sobre todo cuando hay un relevo generacional que se está formando y fogueando en posiciones cruciales.
Sin mencionar nombres, efectivamente, la izquierda asegurará la victoria porque cuenta con un apoyo numeroso. Es verdad: siempre hay elementos ajenos que amenazan con desestabilizar la democracia; no obstante, la participación de una gente comprometida es un muro de contención para disolver las pretensiones injerencistas. Al asegurar la defensa de la soberanía, lo mismo que de la participación en procesos electorales, tenemos una enorme ventaja que se ha granjeado con organización, planeación y logística.
Nadie, hablando del sistema de partidos en México, tiene la estructura territorial que tiene Morena. Ellos, incluso, pasaron de ser un símbolo de la lucha social a convertirse en una expresión de arraigo. De hecho, por ese trayecto que recorren, han ido sumando a los agraviados de una derecha que, ante la desatención, han encontrado refugio en el seno morenista. Con ello, evidentemente, es cuestión de tiempo para que las condiciones políticas se vayan dando en relación con el futuro prometedor de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Incluso, todas las regiones de la geografía tienen una representación sólida con liderazgos de mucho peso. Hablamos, desde luego, de esta época de lucidez que reina en cada una de las entidades y, por ende, de los gobernadores.
Siendo de los primeros lugares de aprobación, los gobernadores son agentes de proyección. En esa plenitud, tomando en cuenta su alto rendimiento, podemos citar a los mandatarios que han defendido a la presidenta y, por supuesto, la soberanía. En el norte, por ejemplo, podemos mencionar a Marina del Pilar, Víctor Castro, Américo Villarreal y Alfonso Durazo. Lo mismo ocurrió con los mandatarios del centro del país. A través de sus redes sociales, y en conjunto con la población, atestiguamos el respaldo irrestricto a la nación que imprimieron Alejandro Armenta, Delfina Gómez, Margarita González Saravia, Alfredo Ramírez, Evelyn Salgado, Clara Brugada y Miguel Ángel Navarro, de Nayarit.
Y como el sur nunca queda atrás, observamos el empuje de Javier May, Eduardo Ramírez, Joaquín Díaz Mena, Rocío Nahle, Salomón Jara y Layda Sansores. Todos ellos, con un alcance preponderante, firmaron un desplegado en apoyo a la presidenta para defender nuestra soberanía. Podemos decir, efectivamente, que los mandatarios aparecen siempre en el momento oportuno para alimentar esta enorme columna vertebral llamada Cuarta Transformación.
Quienes también reaccionaron de forma contundente para defender la soberanía fueron los coordinadores de las fracciones parlamentarias en San Lázaro. Desde luego que nos referimos a Ricardo Monreal y Reginaldo Sandoval, quien se mandó uno de esos discursos que contagian a la ciudadanía para cerrar filas con la mandataria.



