Desde que la izquierda mexicana tomó el poder en el pasado 2018, uno de los varios sectores que creció en dimensiones empresariales fue el de la comunicación política.
Ahora, aderezada en la coyuntura, la comunicación política de izquierda.
Aficionados del micrófono, en formato streamers, como los youtubers cuatrotéros, pasaron de monetizar centavos de dólar en redes sociales a posicionarse en las categorías de nuevos ricos. Con todo el contraste ético que ello implica.
Y es que, ¿cómo un youtuber cuatroté puede tener accesos VIP a un partido del Mundial y, además, terminar siendo exhibido por malacopa, exigiendo furioso que le vendieran más cerveza (a precio de champaña)?
“El Chapucero” es un botón de ejemplo de cómo, a partir de la “defensa narrativa” de la Cuarta Transformación, diversos “comunicadores” y “periodistas” han amasado fortunas, sin dar un aporte real al proyecto de nación.
El lucro no solo ha sido para los youtubers que, con faltas de ortografía y lugares comunes, esparcen narrativas vacías para “defender” la soberanía nacional.
La industria de “gurús” del progresismo narrativo ha colonizado también desde el viejo mundo; desde Bolivia hasta Venezuela, la escuela de Monedero ha “asesorado” a gobiernos progresistas que terminan derrotados por la derecha. Justo después de recibir tales asesorías.
¿Qué tiene que aprender la 4T, en términos narrativos, de personajes que fracasaron en el ejercicio de gobierno en sus propios países?
Posiblemente, nada.
Pero lo cobran en euros.
En cambio, el progresismo latinoamericano debió poner atención práctica en las políticas públicas de la 4T. No solo en los aspectos discursivos, como ya había tomado nota el ex candidato presidencial de Colombia, Iván Cepeda, quien usaba en sus discursos el “Primero los pobres”; sino también los gobiernos de Boric, Petro, Arce y demás progresismos que fueron derrotados electoralmente. De haber instaurado programas de bienestar similares a las pensiones para adultos mayores o las becas para jóvenes, hubieran tenido muchos más elementos materiales para mantenerse en el poder.
El progresismo mexicano, junto con el brasileño, es el único vigente en la región y es un modelo de bienestar social en el mundo.
Hagamos también soberanamente nuestras propias narrativas.
La Revolución Mexicana no se cantó en corridos con acento uruguayo ni español.



