“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Empiezo con esa frase porque debo ser puntual. Yo ignoro muchísimos temas, como es natural. Pero tenemos a muchas personas, como la periodista especializada en finanzas y economía Lourdes Mendoza, que escribe sobre el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) con la única intención de utilizarlo como arma contra la actual administración, desde la Secretaría de Marina, hasta -por supuesto- la presidenta Claudia Sheinbaum.
Todo indica que no le interesa analizar a profundidad las razones por las que hoy nuestra principal terminal aérea es un aeropuerto parchado. Entiendo que no sea de su interés hacer historia, mucho menos remembranza del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en su columna del periódico El Financiero. Pero si se va a hacer una crítica más bien mordaz de la terminal aérea, lo mejor sería no ignorar olímpicamente su historia. Sin embargo, dejo que los lectores decidan si eso es lo peor, o no.
En su columna “Mal y de malas el AICM”, publica un balazo que nos da un resumen sobre lo que abordará: “La estructura se hunde por el peso de tanta maquinaria y los empleados están muy deprimidos por el silencio cómplice del secretario de Marina, que sigue permitiendo todos los abusos del almirante Padilla y su pandilla”.
Quiero arrancar señalando que desde que se inauguró la Terminal 2 del AICM -durante el gobierno de Felipe Calderón- se presentaron serios problemas de hundimiento. No podemos ignorar, como sí lo hace Mendoza, que la construcción de la Terminal 2 fue una medida urgente y desesperada por resolver el fiasco ocurrido en Atenco hace 20 años.
No se puede omitir deliberadamente que el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, reprimió de forma por demás violenta al movimiento del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, quienes estaban en contra de la construcción de un aeropuerto en sus tierras.
Le represión fue a tal grado que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia el 28 de noviembre de 2018 sobre “el caso Mujeres víctimas de tortura sexual en Atenco vs. México”. No es cosa menor y mucho menos un tema que debamos olvidar, ni dejar de mencionar.
Gracias a la defensa del pueblo de San Salvador Atenco, el gobierno de Vicente Fox reculó y tomó la decisión de construir la Terminal 2, debido a la saturación que se reportaba en el Aeropuerto “Benito Juárez” desde el sexenio de Ernesto Zedillo, y que no se había podido resolver.
Según lo dicho por el propio Vidente Fox, desde su construcción, la vida de la nueva terminal (T2) sería de 50 años. Sin embargo, la realidad es otra completamente distinta. Desde el principio, cuando se inauguró -ya en el sexenio de Felipe Calderón- tuvo problemas de hundimiento. Hablo de la T2… Bueno, el sexenio de Calderón también.
Como parte de la representación sindical de sobrecargos, acudí regularmente -durante casi un año- al llamado “bunker” de Aeroméxico, y deben ustedes saber que el olor a caño, en las nuevas instalaciones, era verdaderamente insoportable. Eso sin mencionar las grietas que se veían en las paredes, y el eterno problema con el elevador para bajar al bunker, que un día sí, y el otro también, estaba “fuera de servicio”. Y desde entonces la explicación era que el edificio se hundía, y evidentemente todo termina por “descuadrarse”.
Estoy hablando que todo esto sucedió en 2008, en la terminal de un aeropuerto nuevo, que tenía un sinnúmero de fallas. A mí me tocó vivirlo desde sus entrañas, y no en la sala de última espera o en las llegadas de pasajeros. Diversos procedimientos sindicales me obligaron a estar casi un año (parte de mi embarazo y del periodo post parto) en el bunker de Aeroméxico, y fui testigo presencial de los defectos de un aeropuerto “nuevo”.
18 años después de su inauguración, la periodista Lourdes Mendoza escribe sobre la Terminal 2 y su constante hundimiento. Pero lo relata como si fuera responsabilidad de la Marina, que actualmente administra este aeropuerto, y tratando de dejar esa idea en la mente de sus lectores.
Sin menoscabar el hecho de que la actual administración está obligada a seguir atendiendo este problema (porque ya puso manos a la obra), es importante manejar información verídica, y más tratándose particularmente de la aviación. El problema del hundimiento de la T2 no es reciente, y no es culpa de la 4T, mucho menos del gobierno de Claudia Sheinbaum; esto viene desde su construcción, cuando Fox mandó construirla; y para ello, retomo un pequeño extracto que el diario La Jornada publicó sobre este evento:
“Con 17 meses de retraso la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) fue inaugurada ‘formalmente’ ayer por el presidente Felipe Calderón, quien aprovechó para hacer un reconocimiento a su antecesor, Vicente Fox, por sus aportaciones a este proyecto.
‘Esta obra también es producto del esfuerzo de la administración del presidente Vicente Fox, quien en su momento tomó la decisión e inició los trabajos de esta Terminal 2, y a quien, desde luego, reconocemos su compromiso y su esfuerzo por hacer posible este proyecto’.
Sin aludir a las anomalías detectadas por la Auditoría Superior de la Federación en la construcción de esta obra, Calderón Hinojosa aseguró que esta terminal pondrá a la Ciudad de México nuevamente entre los “principales” destinos aéreos del mundo.”
¡Y bueno! hablemos también de los costos, porque para la construcción de esta Terminal 2 se tenía planeado un presupuesto de 200 millones de pesos, pero en realidad terminó costando 40 veces más; de acuerdo con la nota de La Jornada, más de 8 mil millones de pesos, que requirieron la contratación de un préstamo por 400 millones de dólares, con cuatro bancos diferentes. ¡Ah!, y hay que decir que la entrega del edificio se “demoró”, y sucedió un año y cinco meses después de lo acordado.
Toda es información verificable, y no solo una “opinión”. A pesar de ello, Mendoza prefiere mencionar el hundimiento, y culpa al equipo que se utiliza para la remodelación del AICM, como si la “maquinaria pesada” fuera la responsable de que la T2 se hunda. Les puedo asegurar por mucha maquinaria pesada que colocaran, no se compara con el peso que una terminal aérea debe ser capaz de soportar. El verdadero peso que está hundiendo a la T2 es el largo historial de corrupción que existe desde su construcción bajo los gobiernos del PAN.
Otro tema que aborda la columna de Mendoza, y es importante que quede claro, es la obvia intención es generar pánico entre los usuarios de transporte aéreo, al afirmar que la forma en que se maneja el tráfico aéreo pone en riesgo a los usuarios.
Que la periodista use términos como “carreteo” y “asignación de puertas”, denota que su fuente es alguien que está dentro de la aviación, porque es jerga muy utilizada en la industria. Y con el enfoque que le da, a mí me queda claro quién funge como informante, porque pone especial énfasis en decir que es un “error” que se hayan reducido slots (horarios de despegues y aterrizajes) en el AICM.
Y aquí quiero dejar muy claro que en el informe recién publicado acerca del accidente sucedido sobre el río Potomac (29 de enero de 2025), la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTBS, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos de Norteamérica, afirma con contundencia: el accidente se debió -entre otros factores- a la saturación de operaciones en el Aeropuerto Ronald Reagan, en Washington.
Es vital que el AICM no esté saturado, para así garantizar la seguridad aérea de los pasajeros y tripulantes. Conozco personas que, como la fuente usada por Mendoza, aprovecha cuanto foro o micrófono tenga cerca para insistir que deben aumentar los slots por hora en el AICM, porque desde su punto de vista el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) “no sirve”.
Es un hecho, por la viabilidad de la Ciudad de México, en un futuro no muy lejano se tendrá que cerrar el AICM, o por lo menos disminuir al mínimo sus operaciones, porque vivimos en una olla de grillos, y la ciudad ya no puede crecer más.
No importa el color del partido que esté gobernado, con promesas electorales no conseguimos espacio para más personas, ni mucho menos para seguir sobreexplotando los mantos acuíferos subterráneos. La aviación tendrá que ser manejada de forma mucho menos centralizada, y deberá crear distintas puertas para entrar y salir del país, y no solo la Ciudad de México.
Pensemos a largo plazo, si la operación aérea tiene que ser sostenible con el medio ambiente y su entorno; tenemos que observar las muchas aristas y lograr un crecimiento responsable de la aviación.
Y mi recomendación para los articulistas: si van a tocar el tema aeronáutico, que sea con seriedad y no solo con ánimos golpistas.





