Tristemente somos testigos de que no cesan los conflictos bélicos, tanto en Palestina, Líbano e Irán, por culpa de los Estados Unidos y su socio Israel. Ambos gobiernos estiran la liga de tal forma, que en cualquier momento se puede reventar.
Los que se creen dueños del mundo, y los que están convencidos de ser el pueblo elegido, están afectando nuestro planeta de forma irreversible. La industria aérea venía gozando de una recuperación después de la pandemia, pero con el panorama actual las cosas se están complicando para muchos actores, tanto aeropuertos, como aerolíneas, e incluso fabricantes de aviones.
Podemos resumirlo así: la guerra se lleva entre las patas los avances logrados hasta ahora, y ya mejor ni hablamos del combate al cambio climático, pues ahora parece un mal chiste querer seguir con la descarbonización de la industria aérea, cuando diariamente se expelen a la atmósfera miles de toneladas de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
Según el diario británico The Guardian tan solo en las dos primeras semanas del conflicto se arrojaron a la atmósfera más de 5 millones de toneladas de GEI. Para el coautor de la nota Patrick Bigger, quien es además el director de investigación del “Climate and Community Institute”, pronunció:
“Cada misil usado representa un pago inicial más por un planeta más cálido e inestable; nada de ello hace que nadie esté más seguro… Cada incendio en una refinería y cada ataque de buques cisterna nos recuerda que la geopolítica basada en los combustibles fósiles es incompatible con un planeta habitable”.
Y que al paso que vamos, de no detenerse la guerra se podrían alcanzar hasta los 130 millones de toneladas de GEI en un año. Y hay que dejarlo muy claro, el 27 de enero de 2026, Estados Unidos abandonó oficialmente el Acuerdo de París por segunda vez bajo la administración del presidente Donald Trump.
Esto además trae como consecuencias el alza del precio de la turbosina, para Willie Walsh, director general de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) declaró:
“Sin embargo, sin conocer la duración e intensidad de la guerra en Oriente Medio, es imposible cuantificar el impacto total que tendrá en las perspectivas de las aerolíneas. Pero algunas cosas ya están claras.
Los costos del combustible han aumentado drásticamente. Con una capacidad limitada y márgenes reducidos, las tarifas aéreas ya están subiendo. El despliegue de capacidad también se está ajustando, particularmente para el tráfico hacia, desde o a través de Oriente Medio, o en áreas donde el suministro de combustible es un problema.
El crecimiento de la capacidad programado para marzo, por ejemplo, se ha moderado al 3.3% desde las predicciones anteriores de más del 5%”
Tomemos en cuenta que la demanda de viajes es fundamental para el crecimiento de la industria aérea; los grandes eventos buscan crear una alta demanda en cuanto al tráfico de pasajeros, por eso se tenía previsto que la Copa Mundial de Futbol 2026 fuera un gran detonador de viajes.
Sin embargo, el rubro de combustible es lo que más caro sale para las aerolíneas, entre un 40% a un 35%, dependiendo del modelo de negocio, si es tradicional o de bajo costo. Por ello, las líneas aéreas tienen que hacer reajustes.
Las aerolíneas norteamericanas ya avisaron que se van a abrochar literalmente el cinturón, porque el precio de la turbosina se ha ido por las nubes; de hecho el barril de crudo en Texas ha experimentado un aumento del 50%, y seguirá subiendo de seguir cerrado el estrecho de Ormuz, aunque el ente naranja diga que no le afecta porque no necesita de ese petróleo.
Y lo dicen sus propios ciudadanos; según el CEO de United Airlines, Scott Kirby, podemos estar en la antesala de una “oleada de fusiones” de líneas aéreas, con el único objetivo de sobrevivir a esta crisis energética. Así como también es probable que veamos en el corto plazo reestructuraciones de varias aerolíneas.
En el caso europeo, están tratando de fijar el precio del combustible con una política de coberturas mediante contratos de derivados, esto con la finalidad de hacerle frente al alza que se está viviendo. Otra cosa que también están haciendo es recortar vuelos “domésticos” y enfocarse a solo mantener las rutas más rentables.
Para el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), la inestabilidad que trae consigo la tensión en Medio Oriente, ha traído como consecuencia el encarecimiento de los viajes, que pone a la industria aérea literalmente -como coloquialmente decimos en México- “a parir chayotes”.
Pero para la “Casa Blanca” no es para tanto; según las estimaciones del gobierno de Donald Trump, no les quita el sueño la pérdida diaria de 600 millones de dólares por la caída de la afluencia de los visitantes extranjeros a Estados Unidos. Ese parece ser el menor de sus problemas.
Sumemos, el alza del combustible se reflejará en boletos de avión más caros, mientras cada vez menos pasajeros quieren viajar. El resultado es uno de esos cocteles que la industria aérea odia, pues esto termina por ralentizar la industria, amén de las múltiples afectaciones a todos los actores.
A pesar de todo lo anterior, el gobierno norteamericano no se muestra en lo absoluto preocupado por esto. Viven en un mundo paralelo donde no pasa nada, y creen que las acciones bélicas que mantienen no los están afectando.
Lamentablemente nuestro país no está exento de las afectaciones y consecuencias del conflicto bélico; por lo pronto de Volaris, al mando de Enrique Beltranena, anunció a través de su perfil en X (antes Twitter), lo siguiente:
“En Centroamérica, hasta 7 de cada 10 dólares de un boleto aéreo pueden ser impuestos y cargos. Así, volar deja de ser accesible y se limita la conectividad.
El modelo de ultra bajo costo ha demostrado que, cuando bajan las tarifas, la demanda crece. Más personas viajan, se generan más oportunidades y se dinamiza la economía.
Pero para que esto suceda, se necesita un entorno regulatorio y fiscal que acompañe esa visión. Si queremos una región más conectada, más competitiva y con mayor crecimiento, es momento de repensar cómo estamos estructurando los costos de volar”.
De manera oficial todavía no se anuncia un aumento en los precios, pero es cuestión de días, en caso de que continúe la guerra al otro lado del mundo, porque no podemos tapar el sol con un dedo.
Las líneas aéreas tendrán que hacer -en el corto plazo- reajustes de rutas y ofertas, con la finalidad de enfrentar de la mejor manera posible este descalabro; esperemos que las modificaciones no tengan que ser muy drásticas, pero el panorama no pinta muy bien.
Como ya les había comentado, la industria a nivel global está esperando que el Mundial detone los viajes y permita que siga el crecimiento post pandemia; pero como podrán darse cuenta, todos están subiendo sus precios ante el alza de la turbosina, y todavía estamos lejos -muy lejos- de utilizar solamente combustible sostenible (SAF, por sus siglas en inglés).
Grandes retos tiene la aviación comercial; debe lograr un equilibrio que no ahuyente a los pasajeros, y que estos no se vean obligados a limitar sus viajes. Habrá que hablar con los gobiernos, y analizar la viabilidad de dar “incentivos” extraordinarios para hacerle frente a esta grave crisis energética.





