Después del primer debate presidencial quedó claro que en la contienda hay una aspirante más experimentada que el resto.
Sobra decir que Claudia Sheinbaum salió airosa por su manejo de tiempo por mantener la calma ante los ataques y por lograr comunicar su programa de gobierno por sobre las preguntas, que en su mayoría estaban diseñadas alrededor de la gestión del partido que ella representa.
Lo que más sorprende después del debate, fueron las mesas de análisis posteriores, incluyendo en la que se encontraba una de las moderadoras del debate, Denise Maerker. Hubo de todo, hasta al ex ministro Zaldívar confrontándose con Raymundo Riva Palacio, pero en todas se le tuvo que dar el gane a Claudia, y señalar el pobre desempeño de Xóchitl Gálvez.
Incluso en Latinus, donde, aunque con pesar, elogiaron a Claudia, no hubo comentarios positivos para la candidata de Fuerza y Corazón por México.
Las redes sociales no fueron la excepción; de hecho, resaltó una publicación, la de Claudio X. González que le daba el gane a Xóchitl utilizando los resultados de la encuestadora Massive Caller, conocida por no ser la más fidedigna. Viniendo de él, no se puede evitar pensar que tanto dinero dedicado a la coalición opositora solo ha servido para tener que citar a Massive Caller en una encuesta.
Y esto despierta dudas sobre las ganancias que puede dejar Xóchitl. No es secreto que gran parte de la campaña de la senadora panista está financiada con dinero de empresarios, cuando el tiempo ha probado que apoyar a Xóchitl se trata de un mal negocio, de un fondo perdido.
¿Por qué los gurús de los negocios, quienes han sido ejemplo del emprendedurismo y de la multiplicación de bienes, le invertirían a un proyecto que no dejará dividendos? ¿Sabrán que en una elección o importa el porcentaje de votación sino ganar? Y a estas alturas para la candidata del PAN no parece una posibilidad.
De ser desastroso el resultado, podría ser la última vez que la oposición reciba dinero de sus, hasta ahora, financiadores.



