Una empresa biotecnológica ha resuelto el misterio de la vida creando un sistema de membranas dentro de una copa rígida que simula ser un huevo, evocando úteros inteligentes, artificiales y seguros para traer seres al mundo, que también incorpora una ventana transparente en la parte superior del huevo artificial, una ventanita que permite a los científicos observar directamente el desarrollo del embrión sin alterar el entorno interior. El futuro del útero automatizado le arrebata a la vida hasta el misterio de su formación.

El diseño es variable en tamaño y la empresa anunció este 19 de mayo que nacieron 26 pollitos vivos de huevos artificiales, algo teóricamente escalable desde las dimensiones de un huevo de colibrí hasta los huevos del tamaño de un balón de futbol del moa gigante de la Isla Sur, que en vida llegaba a casi 3,6 metros de altura y ahora está extinta. El proyecto es parte de sus esfuerzos por resucitar especies aviares extintas, incluidas aves como el dodo.

Es importante hacer énfasis en que se trata de una empresa y no de una universidad. Los procesos que siguen uno y otro son diferentes, pues mientras las universidades suelen tener comités de ética y revisión científica de pares, una empresa mantiene estrictos procesos de maximización de ganancias, escalabilidad y sostenibilidad económica de un proyecto.

Se dice que esto es una primera piedra para la edificación de úteros artificiales que podrían albergar vida humana, producir bebés para intereses económicos sin involucrar los altos costos que incluye la naturaleza en su contrato por la vida. Ese que le asigna a las mujeres la (¿última?) decisión sobre albergar algo en su útero.

Esta es la fantasía más grande de los transhumanistas, filosofía futurista que le apuesta, por cierto, a que los seres humanos y animales sean mejorados mediante intervenciones tecnológicas que podrán elevar sus capacidades y alcanzar un potencial nunca antes conocido. Esos post-humanos serán superiores genética, física e intelectualmente, con capacidades como super mirada con zoom, super memoria, menos enfermedades, y hasta posiblemente, la inmortalidad natural. George Church, cofundador de Colossal, la empresa tras esto, es una figura abiertamente asociada al transhumanismo. Ha hablado públicamente sobre rejuvenecimiento genético, edición germinal humana y la extensión radical de la vida.

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El lenguaje de Colossal como la “creación escalable y controlable de animales”, dominar los procesos reproductivos, refleja la visión transhumanista de que la biología es un sistema de ingeniería para mejorar todas las especies, comenzando justamente por revertir su extinción, que es la finalidad principal del proyecto de los pollitos.

No es el único. Su proyecto de úteros artificiales (el equipo Exo Dev) es literalmente una tecnología que el transhumanismo lleva décadas teorizando. Colossal se vende públicamente como empresa de conservación y biodiversidad, no de mejoramiento humano, lo cual es más digerible para inversionistas e instituciones y evita los dilemas éticos sobre eugenesia. Pero ya experimentan en mamíferos marsupiales, habilitando y posibilitando la ambiciosa estación final de diseñar úteros capaces de reproducir, diseñar y garantizar la vida humana. Después de todo, ¿acaso han visto la serie del Cuento de la Criada? Tienen que hacerlo.

Los polluelos recién creados artificialmente crecían dentro de vasos de plástico transparente impresos en 3D en la sede de Colossal Biosciences en Dallas. La “cáscara de huevo artificial” es una estructura ovalada de celosía impresa, recubierta por dentro con una membrana especial a base de silicona que permite el ingreso de oxígeno, tal como lo hace una cáscara de huevo real. Para generar los polluelos, Colossal tomó huevos de gallina recién puestos y vertió cuidadosamente su contenido dentro de las cáscaras artificiales, donde continuaron desarrollándose.

Colossal fue fundada en 2021 con planes de utilizar edición genética y tecnología reproductiva para restaurar especies extintas tipo el mamut lanudo. Desde entonces ha recaudado más de 800 millones de dólares para lo que ahora denomina la creación “escalable y controlable” de animales.

Andrew Pask, director de biología de la empresa, dijo al MIT Tech Review que la tecnología del huevo podría contribuir a la conservación de especies de aves en riesgo. También podría desempeñar un papel en el proyecto de recrear el moa gigante extinto, un ave no voladora de 3,6 metros de altura que habitó Nueva Zelanda y ponía huevos de cuatro litros, más grandes que los de cualquier ave viva. Después de todo, al menos así podría comenzar por fin la extinción de la especie más agresiva del planeta, aquello sería una gran noticia.

El moa se extinguió después de que las canoas que transportaban a los ancestros de los maoríes llegaran a la Isla Sur de Nueva Zelanda hace unos 750 años. Los sitios arqueológicos muestran los huesos de las aves junto a herramientas de corte de piedra como evidencia de que fueron cazadas. La revista MIT Tech Review es muy precisa en decir que Colossal está lejos de recrear el moa, pues mucho antes de que eso pudiera ocurrir, los científicos necesitarían estudiar datos de ADN de huesos antiguos de moa e insertar miles de cambios genéticos en el genoma de un ave existente, algo que sigue siendo técnicamente difícil con independencia del huevo artificial.

Colossal anunció esto en un pedagógico video que proclama que la empresa ha resuelto la “imposible pregunta de qué fue primero, el huevo o la gallina”. Justo, han creado el huevo. En el video, un científico dice que ellos son responsables totalmente de los pollos artificiales y que quieren tenerlos saludables físicamente y también mentalmente.

Así como se lee, si un científico habla de la salud mental de un pollito es porque puede medirla, sea por sus ondas, sea por lo que sea. No es una declaración hippie que podría dar alguien como yo en mi cuenta de Instagram, donde por cierto, constantemente comparto historias sobre gallinas y pollos que son considerados dinosaurios reales, de la familia de los terópodos y parientes del T-Rex. Un científico al menos está velando por la salud mental de pollos artificiales creados en huevos uterinos impresos en 3D exitosamente, artificiales también. No estoy segura de que estemos dimensionando el tamaño de esto.

Hasta ahora, dice Andrew Pask que el huevo artificial está funcionando bien con las gallinas, casi demasiado bien, pues tras eclosionar 26 polluelos su CEO pidió que frenaran porque ahora tienen demasiadas gallinas corriendo por ahí. Si es que esto se confirma más allá del marketing de la empresa ¿Estaremos conscientes del impacto que podría tener?

Algo curioso del posthumanismo de Donna Haraway, autora del Cyborg manifiesto, es que el humano se convierte en una especie animal más al mirarle como ensamblajes de microbiota, virus, prótesis, seres en un ecosistema y relaciones con otras especies. La frontera humano/animal, dice Haraway, es una construcción cultural, no un hecho biológico. Pensar con los animales revela que el “humano universal” del humanismo siempre fue en realidad un tipo muy específico: blanco, europeo, masculino, propietario. Los que quedaban fuera, mujeres, colonizados, esclavizados, fueron históricamente animalizados para justificar su exclusión. Haraway propone el concepto de making kin que contiene moralmente relaciones de responsabilidad mutua entre especies, no de dominio, idea con la que coincido. Para ella, los animales no son inferiores como dice el humanismo católico que estaría en contra de todo lo que se cuenta en esta columna de opinión. Donna Haraway cree que los animales son compañeros de mundo (worlding companions). Yo también lo creo.

Curiosamente, Colossal encarna una paradoja desde esta perspectiva porque usa retórica de conservación y respeto por las especies extintas, pero su lógica es profundamente humanista-supremacista y mercantilista en el peor sentido, convirtiendo al animal como proyecto de ingeniería, como objeto de control. Revivir el moa no es hacer parentesco con él sino que es fabricarlo con finalidades que no son la investigación y con dinero invertido que hace ambicioso este proyecto por las mil y un maneras en las que explotar la vida resulta lucrativo.

Por eso se insiste tanto, como dije en las primeras líneas, en tomar en cuenta que todo esto lo hace una empresa y no una universidad. La vida amenaza con volverse el producto más codiciado.

huevos artificiales