Aunque la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos y de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York contra Rubén Rocha Moya y varios de sus colaboradores por presuntos vínculos con el narcotráfico, lavado de dinero y corrupción, representa uno de los golpes políticos más severos que ha recibido Morena desde su llegada al poder, lo verdaderamente delicado para el movimiento es que, tras las graves acusaciones, comenzaron a aparecer señales de aislamiento político y deslindes internos.

La fractura del morenismo

Cuando un régimen empieza a desgastarse, los aliados se esconden, los operadores se repliegan y los oportunistas, tal como llegaron, comienzan a buscar salidas antes de que el costo político los arrastre. Es precisamente lo que sucede alrededor de Morena y del gobierno de Claudia Sheinbaum.

Prueba de ello fue el rechazo social a la propuesta del secretario de Educación, Mario Delgado, para modificar el calendario escolar por el Mundial de Futbol. La reacción inmediata y desfavorable provocó que el gobierno diera marcha atrás ante la presión pública.

El desgaste se profundizó cuando en un intento de desviar la atención del caso Rocha, Morena atacó políticamente a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos. La plana mayor, Ariadna Montiel y el secretario de Organización, Andrés Manuel López Beltrán, llamaron y encabezaron protestas que terminaron convirtiéndose en un desastre político.

En Chihuahua los recibieron entre rechiflas y gritos de “¡fuera!” y la concentración mostró una pobre capacidad de convocatoria, muy inferior a la que presumían hace apenas unos años. La operación falló y demostró que la narrativa oficialista se agota y el desgaste de credibilidad del partido ya se siente en las calles.

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Fue el primer acto en campo de Ariadna Montiel, quien, aparte de su cercanía al grupo de René Bejarano, llegó a la dirigencia cuestionada por temas relacionados con el uso político de programas sociales y estructuras gubernamentales como los Servidores de la Nación durante el proceso interno de Morena.

Con ella, Andrés López, que ya enfrenta el peso político del apellido. Los resultados del hijo del expresidente que pasó de junior a figura central de Morena, exhiben no solo sus evidentes límites, también el rechazo a la marca obradorista.

Por otro lado, está la ruptura con la CNTE. El magisterio disidente decidió romper el diálogo con el gobierno federal y convocar a un paro nacional indefinido y a movilizaciones tras considerar una “migaja” y un “insulto” el aumento salarial anunciado. Otra evidencia de que Morena empieza a perder sectores que durante años funcionaron como su base de presión callejera.

A punto de abandonar el barco

Otro aliado que toma distancia es el PVEM, experto en sobrevivir políticamente, ya comenzó a calcular costos y riesgos. Algunas de sus dirigencias estatales anunciaron que competirán sin Morena en 2027. El mensaje es claro: no quieren cargar con el desgaste del oficialismo.

En el ámbito legislativo, los desacuerdos son cada vez más visibles. El exsubgobernador del Banco de México, Gerardo Esquivel, advirtió que el gobierno perdió el control “de la narrativa y del proceso” y se pronunció por la necesidad de que se inicien investigaciones internas contra funcionarios sospechosos de vínculos criminales.

Cuando personajes afines comienzan a lanzar advertencias públicas, significa que perciben un deterioro más profundo del que reconoce el discurso gubernamental.

Además, crecen versiones sobre tensiones internas y choques dentro del gobierno de Sinaloa y en las estructuras de seguridad que evidencian que importantes mandos del Ejército no están con Morena.

También están los movimientos dentro del aparato federal y diplomático que ya muchos interpretan como intentos de deslinde anticipado frente a una posible crisis política de mayores dimensiones.

La idea de superioridad moral en que Morena construyó su hegemonía se derrumba. El discurso que le funcionaba de acusar a los gobiernos anteriores de corrupción y pactos criminales se les revierte y con fuerza, porque las acusaciones no provienen de la oposición o de medios críticos, sino de investigaciones judiciales y agencias de Estados Unidos.

Rocha Moya no es el único problema de Morena, sino que cada vez son menos los que están dispuestos a defenderlos, dar la cara o hundirse con ellos. El desgaste les llega a pasos acelerados: pierden la capacidad de movilizar, sostener lealtades y mantener cohesión.

Es el inicio de una caída que no es politiquería ni una campaña de descrédito: es una realidad política; sale lo que son: traidores, corruptos y cobardes.

X: @diaz_manuel