28 de julio de 2021 | 12:34
Opinión

Frustración ciudadana en América Latina

Dos gigantes diplomáticos presentan la tormenta perfecta de América Latina, que aseguran, atraviesa por un momento de especial gravedad.
El Rey de España y el diplomático Enrique V. Iglesias (izquierda) Derecha: Francisco Javier Solana de Madariaga, más conocido como Javier Solana, es un político, diplomático, profesor y físico de formación español.
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Solana

Leí ayer, en el extraordinario sitio de internet de Project Syndicate, un artículo escrito conjuntamente por dos gigantes de las relaciones iberoamericanas: Javier Solana y Enrique Iglesias. En su texto, nos presentan el escenario de la tormenta perfecta en América Latina, leer aquí.

Conocí a Javier Solana en 1995, cuando yo era Subsecretario de Cooperación Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Solana, un extraordinario político del PSOE, fue el Ministro de Asuntos Exteriores de España de 1992 a 1995, durante la última etapa del gobierno de Felipe González. Acompañé al Canciller de México, Ángel Gurría, a una visita de trabajo a Madrid. Cenamos con Solana. Estábamos en plenas negociaciones del Acuerdo de México con la Unión Europea, en sus tres capítulos --político, comercial y de cooperación. España era nuestro principal aliado y apoyo en las negociaciones con la Europa de los 15.

Javier, había sido ya Ministro de Cultura, Portavoz del Gobierno, Ministro de Educación y Ciencia

Después de 1995 sería el Secretario General de la OTAN y Secretario General del Consejo de la Unión Europea, de octubre de 1999 a noviembre de 2009. Este cargo llevaba aparejado el de Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común. Era la principal cara de la diplomacia de la Unión Europea.

Iglesias

A Enrique Iglesias lo conocí en Washington, en su oficina del BID, el Banco Interamericano de Desarrollo. Fue Presidente de esta gran institución de 1988 al 2005. Yo trabajaba en la Embajada de México y acompañé al Embajador Gustavo Petricioli a una reunión con Iglesias. A partir de ese momento, tuve la oportunidad de verlo en diferentes ocasiones, junto con Ángel Gurría, cuando yo ya era Subsecretario de Relaciones Exteriores y Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda. Enrique Iglesias es un activo y prestigiado economista, político y escritor uruguayo de origen español, gran promotor del libre comercio y del multilateralismo. Antes ya había sido presidente del Banco Central del Uruguay, secretario ejecutivo de la CEPAL, ministro de Relaciones Exteriores de su país. Después del BID encabezó la Secretaría General Iberoamericana.

Con estas credenciales, cuando Iglesias y Solana hablan, debemos escucharlos.

Nos dicen que:

“América Latina atraviesa por un momento de especial gravedad. Su economía se encuentra contra las cuerdas. Sus instituciones, debilitadas y desprestigiadas. Y sus sociedades, indefensas ante un virus que está causando severos estragos. Las multitudinarias protestas que se vienen desencadenando en una larga y variopinta lista de países evidencian la creciente frustración ciudadana, que debe abordarse sin mayor dilación”.

Latinoamérica ante la tormenta perfecta. JAVIER SOLANA/ ENRIQUE V. IGLESIAS. Project Syndicate

No podría ser más preocupante ver a una región que, desde la perspectiva de Iglesias y Solana, reune todos los ingredientes de la inestabilidad política:

a) Tiene poco más del 8% de la población mundial pero suma más del 30% de las víctimas de Covid-19.

b) La vacunación avanza a ritmo lento.

c) En 2020 la economía de la región cayó un 6.3%, después de que ya llevaba un lustro de estancamiento.

d) Y añádale usted la desigualdad.

Ahora bien, Iglesias y Solana también nos recuerdan que “los relatos fatalistas sobre Latinoamérica son contraproducentes, ya que enmascaran la heterogeneidad que caracteriza a sus sociedades y marcos institucionales, y les niega una capacidad de actuación que sin duda poseen”.

Pero también reconocen que hay factores históricos y estructurales que explican el desarrollo tardío de la región en su conjunto. Y, peor aún, que nuestra región muestra una marcada tendencia a la volatilidad.

Los dos grandes diplomáticos iberoamericanos son precisos cuando dicen que:

“El auge democrático que experimentó América Latina a principios de los años 90, junto con el incremento de los precios de las materias primas una década más tarde, derivó en un aumento del PIB y propició un engrosamiento de las clases medias. Pero el fin del boom de las materias primas en la segunda década del presente siglo echó por tierra buena parte de los avances económicos cosechados, lo cual repercutió negativamente sobre el clima social y político”.

Y aquí sigue una parte esencial del artículo de Iglesias y Solana:

“Las clases medias —vectores fundamentales del crecimiento y de los equilibrios sociales— han perdido su confianza en seguir progresando e incluso temen volver a la pobreza, lo cual ha erosionado su apoyo a las instituciones democráticas. El terreno ha quedado despejado para que prosperen líderes populistas carentes de experiencia de gobierno que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, han arremetido contra libertades civiles y el imperio de la ley”.

Esto es lo que debilita a América Latina. Es lo que le resta protagonismo en la actuación de los temas globales y del multilateralismo. Pero, ¿qué sigue siendo atractivo en América Latina, desde el punto de vista de las potencias mundiales? La producción de alimentos, sus abundantes recursos minerales y energéticos. Y aquí entra la creciente demanda China en el escenario: hay un repunte del comercio, la inversión y la cooperación financiera proveniente de China.

Sin embargo, América Latina se halla hoy en una situación más expuesta y dependiente, acentuada por la pandemia. Es cierto que, en nuestra tradición diplomática, las políticas de principios, no intervención y defensa de la soberanía prevalecen. ¡Faltaba más! Los problemas de Latinoamérica deben ser abordados, ante todo, por sus propios gobernantes.

Sin embargo, Iglesias y Solana dicen que “la tarea más acuciante —más allá de la lucha contra el Covid-19— es la de impulsar un nuevo contrato social para mitigar la desigualdad y mejorar el acceso a la salud, a la educación y a los demás pilares del Estado de bienestar. Los cambios deben ser lo suficientemente profundos como para volver a dignificar la política, despertando así una renovada adhesión a la democracia”.

Es muy importante lo que señalan los dos expertos.

Dan en el clavo cuando dicen que los gobernantes no pueden acometer esta tarea por sí solos. Una colaboración más fluida con el sector privado y la sociedad civil permitiría maximizar las oportunidades que ofrece la transformación digital y gestionar con mayores garantías su impacto sobre los mercados de trabajo. Hacen un llamado a consolidar y vigorizar la integración regional. Tecnología, educación y comercio son elementos fundamentales de la cooperación interamericana.

Nuestra región es una pieza clave en la lucha contra el cambio climático. Se estima que América Latina contiene el 40% de la biodiversidad, el 30% de las reservas de agua dulce y el 25% de la masa forestal de la Tierra. Los países de la región requieren una flexibilización en el acceso a recursos de largo vencimiento e intereses reducidos, creación de liquidez para aliviar los impactos sociales de la pandemia y ayudar a aquellas empresas cuya supervivencia se está viendo amenazada.

La cooperación internacional es esencial.

Desde la perspectiva de Iglesias y Solana, Estados Unidos y Europa deben entender que América Latina es “un imperativo geoestratégico que surge de una convergencia de intereses, como frenar la pandemia, mitigar el cambio climático, promover la prosperidad económica y complementar la influencia de otras potencias”.

Iglesias y Solana citan el discurso de Gabriel García Márquez, sobre la soledad de América Latina, cuando aceptó el Premio Nobel de Literatura en 1982: “Los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”.

En suma, la idea central del artículo de Enrique Iglesias y Javier Solana es que nadie está a salvo de las amenazas globales, y nadie debería quedarse solo frente a ellas.

Mi Twitter: @javier_trevino