Ha anunciado la presidenta Claudia Sheinbaum que dará un informe el próximo 31 de mayo. Se realizará para celebrar dos años de su victoria electoral del 2 de junio de 2024. El anuncio lo hizo en Teapa, Tabasco, que, como ella misma afirmó, es la cuna del movimiento de izquierda que, después de décadas de lucha pacífica, ya va en su segundo periodo de gobierno.
Si nos basamos en las encuestas —todas las publicadas—, no hay la menor duda de que el partido que llevó a Sheinbaum al poder, y antes que a ella a AMLO, Morena, seguirá ganando elecciones locales en numerosas gubernaturas el próximo año; y si las tendencias de preferencias electorales se mantienen —y no hay ninguna razón para que cambien—, el instituto político de izquierda triunfará en los comicios presidenciales de 2030.
Que Morena tiene todas las posibilidades de ganar lo saben en la oposición y en la comentocracia, inclusive en el segmento bastante amplio de periodistas, analistas e intelectuales que detestan y agreden a la presidenta Sheinbaum; la atacan aun con insultos en embates todavía más fuertes —porque no pocos de ellos están cargados de misoginia— que los sufridos en su momento por Andrés Manuel López Obrador.
Por eso, porque no tienen posibilidades de vencer a la izquierda en elecciones democráticas, las clases conservadoras mexicanas, otra vez, como en el siglo XIX, buscan que una potencia extranjera les ayude a recuperar el poder que perdieron en 2018 debido a décadas de malos gobiernos del PRI y del PAN.
Desde luego, el informe en el Zócalo, que será multitudinario —estimo que fácilmente acudirán más de cien mil personas—, servirá no solo para que Claudia recuerde cómo llegó al poder en la contienda de 2024, en la que obtuvo una votación histórica porque nadie había sumado tantos sufragios a su favor. El evento, al que desde luego asistiré, servirá también para dar una lección acerca del significado profundo de una palabra que poco se mencionaba, pero que, después de tantas amenazas contra México desde EEUU, apoyadas desgraciadamente por grupos mexicanos ultraconservadores, debe ser considerada desde ahora mismo la palabra del año 2026 y de todo lo que reste del sexenio. Esta palabra es “soberanía”. Con frases mejor elaboradas, la presidenta Sheinbaum explicará que la soberanía es el poder supremo e independiente que tiene un pueblo para gobernarse a sí mismo, dictar sus leyes y decidir su destino sin permitir ninguna interferencia o dominación extranjera.
Que EEUU amenace e incluso utilice su poder enorme para emprender acciones contrarias al derecho internacional en México es algo absolutamente condenable. Pero que tales acciones, inclusive la posibilidad de intervenciones militares en nuestro país, sean apoyadas por gente de ultraderecha, como la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por la dirigencia de su partido, el PAN, por el PRI —que alguna vez fue nacionalista a pesar de su autoritarismo y que hoy está convertido en una organización entreguista— y por el nuevo partido conservador que probablemente muy pronto nacerá, Somos México; que tantas personas no solo apoyen, sino que anhelen fervientemente una intervención de EEUU en México —algo que resulta clarísimo al leer la inmensa mayoría de las columnas políticas de la prensa mexicana—, es un hecho absolutamente triste y muchísimo más repudiable que cualquier cosa que haga el vecino del norte.
Habrá que estar el domingo 31 en el Zócalo para entender que la soberanía está en riesgo y que, como en otros momentos de nuestra historia, tendremos que defenderla. Cueste lo que cueste y con todo lo que tengamos para oponernos al tristemente muy activo grupo de traidores.


