“Asalto masivo en el PAPAYO este martes 7 de julio en la carretera en rehabilitación”. Así se tituló una nota aparecida en Facebook. Se refería a un hecho violento sucedido en medio de las obras de ampliación de la carretera federal, Izúcar de Matamoros–Acatlán de Osorio, en el estado de Puebla.

En esas obras de mejora a esta carretera, las compañías contratadas, para hacerlo, prácticamente, han convertido en una brecha, llena de polvo, baches y roquerío, un tramo de alrededor de 50 kilómetros de este camino que corre desde una localidad denominada el Pitayo, en el Municipio de Tehuitzingo, hasta la ciudad de Acatlán de Osorio, en Puebla. En este tramo tan extenso, el tráfico se detiene o va a vuelta de rueda en medio de una terrible polvareda que no amaina ni de día ni de noche. Todo el recorrido es idéntico.

Suena a inconsciencia de las empresas constructoras el desbarajuste armado, pues no se conformaron con destrozar el camino, sino que, además, cierran la circulación por tiempo excesivo con las consecuentes enormes filas de automovilistas y transporte pesado, quienes se tienen que armar de paciencia para pasar. Y es que los constructores lo hacen a pesar de que esta carretera era y es la única vía que ha existido, desde hace casi 100 años, para comunicar a la Mixteca. Aquí confluyen vehículos de varios municipios de esta región sur del estado de Puebla y, también, habría que agregar el tráfico proveniente del estado de Guerrero y Oaxaca con rumbo a la ciudad de Puebla. Ya imaginaran la cantidad de automotores que diariamente circulaban por esta vía. Algunos dirán que existe como alternativa la carretera que va entre Acatlán -Ixcaquixtla- Puebla. Esta otra vía, además de que está llena de topes, para muchos, les genera una vuelta de muchas horas de ahí que, prefieren arriesgarse y viajar por la vieja vía a pesar de las condiciones en que se encuentra como producto de las obras.

La nota de Facebook hace alusión a un suceso que se dio, a las 10 de la mañana, entre una pequeña localidad conocida como el Papayo y otra conocida como los Nuevos Horizontes, unos 13 kilómetros antes de la Ciudad de Acatlán de Osorio. Se habla de que diez sujetos armados a bordo de motocicletas, con el rostro cubierto, fueron quienes, tranquilamente, se dedicaron a amenazar, ultrajar y desvalijar a una fila de automovilistas que esperaban pasar. La nota no especifica cuántos fueron los afectados, pero no cuesta mucho trabajo hacer el cálculo pues, a veces, las filas que se forman, ante la inconsciencia de las constructoras, son de más de 100 unidades detenidas a ciertas horas de la mañana en medio de los cerros.

Ahora bien. Veamos las ventajas y puntos en contra de estas obras de enorme envergadura para la mixteca oaxaqueña y la poblana. Sin duda, obras como estas, son necesarias pues mejorarán sustancialmente la comunicación entre esta región y el centro de la república. La economía se reactivará en esta enorme región y el desarrollo será positivo. Los pueblos mixtecos, sin duda, lo celebrarán con júbilo cuando se completen estas obras.

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Los daños y contratiempos, no cabe duda, que son temporales y valdrán la pena para los habitantes de esta parte del país, excepto los asaltos. Por eso creo que las autoridades deberían de poner más orden en estos trabajos y brindar más seguridad a los que por ahí transitan. Permitir que las compañías destrozaran el camino existente sin dar otra alternativa, se parece a una inconsciencia de las mismas autoridades y, otro tanto de los constructores. Quiero mencionar que no es la primera vez que los automovilistas varados se quejan de sufrir atropellos por parte de los delincuentes. Tal vez lo sucedido en el Papayo rebasó los límites. Cuando los delincuentes ya actúan como un comando, a sus anchas y con total impunidad, tal y como sucedió el día 7 de julio pasado, es cuando las cosas se vuelven graves en grado supremo, y es también cuando preocupa la pasividad de la autoridad.

Es mi intención aprovechar este suceso tan lamentable de la mixteca poblana y sus carreteras, para discurrir sobre otra situación que me parece que, peligrosamente, se está volviendo rutinaria y que, al parecer, las autoridades no lo perciben o, a pesar de darse cuenta, no quieren hacer nada. Me refiero al pésimo servicio que brinda la red de telefonía móvil en nuestro país. La compañía que actualmente brinda el servicio actúa como un verdadero monopolio sin que el régimen lo toque ni con el pétalo de una rosa.

Veamos. Los delincuentes, quienes cometen sus fechorías en las carreteras, saben perfectamente que la señal telefónica es inexistente en la mayoría de nuestras vías y, saben también que esa situación les garantiza impunidad, tal vez por eso su desparpajo lleno de brutalidad. En el caso del asalto masivo en el Papayo, de haber habido señal telefónica en el sitio, es muy posible que, de inmediato, los afectados hubieran pedido auxilio y las cosas hubieran salido diferente. O de plano, los delincuentes se hubiesen abstenido de cometer sus fechorías. La realidad es desesperante.

En el tramo carretero, entre Izúcar de Matamoros y Acatlán de Osorio, con una distancia de 80 kilómetros aproximadamente, la señal de telefonía móvil no existe, salvo en puntos menores. Y a pesar de que esta carretera es una vía de gran relevancia en la mixteca, ni las autoridades ni la compañía hacen nada. Esta situación, constituye un rico manjar para las bandas de delincuentes. ¿Nuestras autoridades no creerán que es necesario mejorar la señal en todos nuestros caminos carreteros? ¿la compañía proveedora del servicio no considerara necesario aumentar la cobertura y mejorar la calidad de la telefonía móvil?

Según la ENDUTIH (Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares), en México existen un poco mas de 103 millones de personas con un dispositivo móvil. Esto representa un poco mas del 84% del total de la población quienes, sistemáticamente, usan este servicio y obviamente, pagan por un servicio caro y de muy mala calidad. Los caudales que factura la empresa se hacen incalculables.

La deficiencia del servicio es palpable en las carreteras de esta entidad y los estados vecinos. Caso similar sucede en la sierra norte de Puebla. Por ejemplo, la autopista conocida como la del Tejocotal, que parte del estado de Hidalgo y desemboca en Tlaxco, estado de Tlaxcala, con apenas 60 kilómetros de longitud, amplias zonas de ella están sin señal de telefonía móvil y, es ahí, precisamente, en estas zonas ciegas, donde más asaltos han ocurrido. Otro ejemplo es la autopista México-Tuxpan, en el tramo Huauchinango–Venustiano Carranza, trecho abrupto y peligroso de la sierra poblana, la vía está sin señal.

Carreteras federales y locales están idénticas. Solo en algunas secciones menores de las primeras, la señal es aceptable, pero en el resto, la constante es ceguera absoluta en temas de señal. Incluso, en ciudades de tamaño medio, el problema existe con cierta gravedad. Colonias alejadas, sobreviven sin señal, a tal grado que, ante una emergencia, es imposible comunicarse con eficacia y prontitud. La tecnología no ayuda para combatir los delitos.

¿La autoridad no creerá necesario obligar al concesionario para que brinde un mejor servicio telefónico? Cuando menos en el Papayo, la falta de señal, puede ser que propició el robo masivo. La existencia de señal, pudo haberlo inhibido, o incluso, pudo haber provocado que se detuviera a los delincuentes. Comunicar de manera eficiente a todas las carreteras, barrios y colonias marginadas, puede ser que repercuta en mejor combate a la delincuencia. Pero al ver que no lo hacen, será que ¿las autoridades y el proveedor de señal telefónica tendrán otros datos? ¿O será que ya decidieron que viva la impunidad para unos y que vivan los negocios para otros? O, simplemente, ¿será una estrategia de ambos, autoridad y empresario, para obligar a la población a contratar servicios más caros como lo es la telefonía satelital?

Ante este panorama, puede ser que la mala señal sea únicamente un asunto de negocios a pesar de los ultrajes a la población. Ya veremos.

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