Cada paso que ha dado el Plan B de la presidenta ha sido respaldado por los partidos aliados; sin embargo, hay algunos matices en los que no se concuerda. Precisamente allí, en los últimos días, se ha desatado un intercambio de posicionamientos o, de plano, una pequeña resistencia que ha fijado su postura legítima sobre el tema de la revocación de mandato.
Hablamos de uno de los partidos que integran la coalición Seguimos Haciendo Historia. De hecho, no es como un cuestionamiento, sino como un reclamo que, desde el punto de vista social, tiene una razón justificada si nos guiamos por el efecto dominante de la imagen de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Eso, de entrada, puede resultar mucho más complejo, no porque no sea transparente, sino por lo que constituye la fuerza colectiva.
Pero vayamos por partes. No fue fácil llegar a los tiempos cambiantes de la democracia que vivimos en la actualidad. Las decisiones en otras épocas, sin duda, recaían solamente en un partido de jerarcas que monopolizó el control. No existía ningún otro protagonista que aquel todopoderoso PRI. Gracias a las luchas sociales y a la defensa de la democracia, que todavía continúa, se han dado cambios sustanciales que recaen en la sociedad. Hace más de siete años, por ejemplo, el mandato popular cambió de colores. La izquierda hizo posible lo imposible. Con ello, evidentemente, se rompió la supremacía y, de paso, se abrió camino para que los ejercicios fueran mucho más transparentes, básicamente a través de mecanismos constitucionales que han dado pie a nutrir esa división de poderes. De hecho, se empezó de lo particular a lo general. El paquete de iniciativas, entre muchos aspectos más, tenía una cadena de propósitos que era, en definitiva, devolverle al pueblo la facultad de elegir la expresión a través de esa libertad irrestricta.
Gracias a la revocación de mandato, se puede hablar de una pluralidad. Es, para no ir más lejos, parte de nuestra estructura democrática que esté marcado por cambios sustanciales de los que ya hemos hablado con anterioridad. Todo eso, en efecto, ha cumplido con las expectativas que la sociedad pidió durante muchos años. Determina, en pocas palabras, la legitimidad de cada uno de los gobernantes y, con ello, calificará el trabajo que se viene realizando en políticas públicas. Un gran logro, evidentemente. Si hoy miramos más de cerca los procesos democráticos, sobra decir que la gente busca más participación e injerencia en la toma de decisiones. Hasta ahí podemos tener un juicio general de apoyo, básicamente por todas las herramientas que dotamos a la gente en estas épocas modernas de cambios vertiginosos a los que nos debemos adaptar.
Sé que muchos apoyamos el referéndum constitucional; empero, me sumo a las voces que piden que, por pluralidad, no se realice en tiempos donde se decidirán elecciones para gobernadores, diputados locales y federales, lo mismo que una cantidad sustancial de ayuntamientos. Hay, en lo político, una enorme diferencia que puede marcar el destino de los partidos aliados y de la propia oposición.
Ahondando en el tema, Claudia Sheinbaum tendría la facultad de poder recorrer el país y hacer campaña a su favor. Eso está previsto en la propia carta magna; sin embargo, el problema es que choca con el ejercicio intermedio que es, en definitiva, crucial para la identificación o no de un proyecto de nación. Efectivamente, es claro que eso ahorraría dinero en la organización y se aprovecharía en un mismo formato todas las decisiones que emanaran libremente del pueblo. No obstante, la fuerte movilización que convoca la mandataria puede influir en pro de Morena. Siendo así, creemos, en ese derecho a disentir, que la democracia participativa no estaría equilibrada.
Es preferible organizar el plebiscito en otro mes que no sea el de las elecciones intermedias. Coincido con algunas voces de los partidos aliados: es inequitativo, tomando en cuenta el fenómeno social que constituye la imagen de la presidenta. Siendo así, se pueden adoptar otras formas y fechas para llevar a cabo el referéndum. Podemos acostumbrarnos a eso, sobre todo cuando apoyamos firmemente a la presidenta Sheinbaum. De hecho, ella no tendría ningún problema en revalidar ese poder colectivo que hoy se entrega a la causa de la 4T.
Por eso es claro que el debate se intensificará, lo mismo que las negociaciones en la Secretaría de Gobernación, donde Rosa Icela Rodríguez aborda y tiene libertad de decidir para alcanzar un consenso. Entre ellos, desde luego, se habla de posiciones para las elecciones intermedias del 2027.



