“Jueces del acordeón”. Expresión que tanto gusta a la comentocracia. La más utilizada para cuestionar la reforma judicial de la 4T.
El acordeón podrá ser de los jueces, pero la partitura la escribieron, desde antes de la reforma, quienes integran la comentocracia que detesta a la 4T. Llamaron a la obra, absolutamente disonante y perversa: “En México ya no hay Estado de derecho”.
Veamos el caso de Ernesto Ruffo, exgobernador de Baja California.
En julio pasado, la jueza Alejandra Ramírez de la Vega lo vinculó a proceso y decidió que permaneciera en prisión preventiva. La prensa opositora a la 4T consideró aquello una muestra más del abuso de poder del Estado mexicano.
Alejandra Ramírez de la Vega, hay que subrayarlo, participó en la elección judicial de 2025, ganó y por tal motivo es jueza. Obtuvo casi 150 mil votos. En efecto, es una de las llamadas por la derecha “juezas del acordeón”.
La decisión contra Ruffo encajaba perfectamente en la partitura “En México ya no hay Estado de derecho”: hablaron entonces de persecución política, sometimiento de los nuevos jueces, justicia manipulada por el poder.
Dos meses después —un plazo normal en cualquier proceso judicial— ocurrió algo diferente. La misma jueza revisó la medida cautelar y resolvió que Ruffo, por ser mayor de 70 años de edad y padecer problemas de salud, continuara el proceso en prisión domiciliaria. El exgobernador ya está en su casa de Ensenada.
La misma jueza. El mismo Poder Judicial. El mismo acusado. Sus mismos abogados defensores —bueno, ni tanto: dejó de gritar en los medios, con lo que solo perjudicaba a Ruffo, el litigante Fernando Gómez Mont, ultraconservador panista y exsecretario de Gobernación del presidente que causó la gran violencia que ha enlutado a México, Felipe Calderón—.
La justicia se impuso, pero la comentocracia sigue con la misma música.
Ciro Gómez Leyva había escrito antes de la audiencia en Excélsior que, “si México fuera un país con Estado de derecho”, Ruffo tendría que obtener la prisión domiciliaria.
La obtuvo.
Uno pensaría que, siguiendo la lógica de la premisa, la conclusión tendría que ser sencilla: funcionó el Estado de derecho.
Ciro dijo, sí, después de saber que Ruffo se iría a su casa, que “se impusieron el derecho, la lógica y el buen juicio”. Pero… el columnista inmediatamente regresó a su vieja partitura: “incluso en el país de los juzgadores del acordeón, todavía es posible dar la pelea. Y ganar”.
Es decir, la resolución favorable a Ruffo no fue una muestra de Estado de derecho, sino una victoria política excepcional de la derecha.
Hoy domingo el diario Reforma toca una variación de la misma pieza. Según Templo Mayor, llamó la atención que la FGR acatara “sin mayores aspavientos” la resolución que permitió a Ruffo salir del Altiplano. Y añade que llama todavía más la atención que, “en la época de los ‘jueces del acordeón’”, el exgobernador haya conseguido una resolución favorable.
¿Por qué la FGR, encabezada por Ernestina Godoy, tendría que oponerse a una resolución judicial?
La trampa está en la partitura “En México ya no hay Estado de derecho”.
Si la resolución perjudica a Ruffo, confirma la tesis: los nuevos jueces están sometidos al poder. Si la resolución beneficia a Ruffo, también la confirma: la sociedad, los abogados, los amparos o los últimos reductos de independencia consiguieron imponerse en un país sin Estado de derecho.
La partitura jamás puede estar equivocada.
Karl Popper sabía mucho de afirmaciones blindadas contra su propia refutación: si un hecho confirma una tesis y el hecho contrario también la confirma, no estamos ante una teoría seria, sino ante una vacilada.
Eso, puro vacilón, es lo que hace buena parte de la comentocracia al cuestionar, hagan lo que hagan, a las personas juzgadoras surgidas de la reforma judicial.
En el caso Ruffo, la jueza Ramírez de la Vega solo hizo su trabajo. En julio encontró elementos suficientes para vincularlo a proceso y determinó una medida cautelar. Ahora, por la edad y los problemas de salud del acusado, revisó esa medida y dispuso prisión domiciliaria.
Ruffo no ha sido absuelto ni condenado. Las acusaciones siguen ahí y tendrán que probarse o desestimarse durante el proceso. Lo que cambió fue la medida cautelar.
En una entrevista de 1978, Frank Zappa preguntó: imaginemos Purple Haze, de Jimi Hendrix, tocada con un acordeón. ¿Seguiría siendo rock ácido?
Diez años después volvió al mismo ejemplo: se pueden tocar exactamente las mismas notas con un acordeón y con una guitarra, pero los mensajes serán distintos. El instrumento también forma parte del mensaje musical.
La comparación viene al caso porque el mote “jueces del acordeón” pretendía ser demoledor. Ha sido una manera de afirmar, falsamente, que los jueces electos carecen de independencia y obedecen al poder político.
El caso de Alejandra Ramírez de la Vega refuta tal opinión. La misma jueza tomó primero una decisión muy severa para Ruffo y después otra que lo benefició. Ambas basadas en la ley.
La verdad de las cosas es que no hay acordeón. Ha habido una partitura perversa, nada más.
Las resoluciones cambian. Sus efectos jurídicos también. Un día Ruffo permanece en el Altiplano; otro día se le permite continuar el proceso en su domicilio. Normal en un Estado de derecho.
Pero para cierta prensa, si se le manda a prisión, “en México no hay Estado de derecho”; y si se le manda a su casa, “en México no hay Estado de derecho, pero esta vez conseguimos vencer al sistema”.
Me pregunto qué tendría que resolver una jueza electa por voto popular para que la comentocracia admitiera siquiera la posibilidad de que está actuando con independencia.
Porque si una decisión judicial y la decisión contraria demuestran exactamente la misma tesis, quizá el problema nunca estuvo en el acordeón. Está en una partitura escrita para que ningún hecho pueda desmentirla. Cero lógica, absoluta irracionalidad.
El problema, sin duda, es de esa prensa que no se resigna a haber perdido los enormes privilegios que recibió durante los gobiernos del PRI y del PAN.



