Todos los gobiernos y administraciones, ante los imponderables de la naturaleza, deben estar preparados para enfrentar ese enorme reto que representa un fenómeno de esa índole. La clave de todo ello, en definitiva, es actuar a tiempo y prevenir con base en la lectura de los mecanismos que anticipan un huracán o tormentas. De hecho, el fin es inhibir lo más que se puedan esos estragos que, en muchas ocasiones, dejan durante su paso. Incluso, esos instrumentos son suficientes para organizar una labor de planeación en centros que podemos denominar albergues. Eso, pronosticando los impredecibles o la fuerza con la que puede tocar tierra, se vuelve una prioridad al valorar la magnitud. Es, por lo tanto, una tarea de cada una de las instituciones que manejan el control de estos sucesos. Básicamente, hablamos de logística y de los recursos que se propagan en esa capacidad de reacción inmediata.

Entonces los gobiernos, al verse obligados a actuar, tienen que estar muy al pendiente de esa capacidad de actuar de la que mencionamos. Cada minuto se vuelve crucial para salvaguardar miles de vidas que están expuestas ante los peligros de un sinfín de fenómenos naturales. Amplios sectores de la población, ante la planeación, saben a la perfección qué es lo que deben hacer en caso de que se suscite algo. Incluso, los servicios de protección civil de muchas entidades han dado una muestra clara de la estructura sólida con la que cuentan. De hecho, varios sucesos han puesto a prueba la reacción y, por ende, hemos visto cómo ese modelo preventivo se plasma en la práctica. Uno de esos momentos, sobra decir, fue el que vivió la ciudadanía en Acapulco, Guerrero. En aquella ocasión, recuerdo, las fuertes lluvias provocaron deslaves, inundaciones y caos en zonas vulnerables.

Esa, siendo una de las experiencias más recientes, habla por sí sola: las autoridades intervinieron en los momentos cruciales. El desplazamiento, por ejemplo, resultó eficaz para rescatar a miles de personas que habían quedado atrapadas ante los deslaves. De hecho, jamás se minimizó cualquier informe y, por ende, los responsables de coordinar esas tareas ayudaron con su presencia territorial. Guerrero, a través de su administración, tomó muy en serio esta experiencia, mayormente en el tema preventivo. Hoy, en efecto, los mecanismos de divulgación de información son más efectivos, máxime con la infraestructura que se desplaza para abarcar lo más que se pueda las zonas de mayor vulnerabilidad. Claramente se percibe la sincronización con los distintos órdenes de gobierno que se suman a las labores de apoyo, haciendo funcionar cada recurso que pueden echar a andar para enfrentar lo que a veces es inevitable ante la fuerza con que azota. Por eso nada se desestima y, en consecuencia, son supervisados cada uno de los espacios.

La sociedad vive, de manera comprensible, con un nerviosismo latente, especialmente en aquellas regiones expuestas de forma recurrente a fenómenos naturales. Lo mencionamos ayer: un examen cuidadoso de cada entidad revela que el sur del país, por su condición sísmica, permanece en vigilancia constante para activar protocolos con absoluta prontitud.

El fin de semana fue ejemplo de ello. Las alertas sísmicas se activaron en distintas ocasiones y Chiapas volvió a ser epicentro de varios movimientos. Aunque no se registraron afectaciones, se observó la labor continua de supervisión y evaluación por parte de las autoridades estatales.

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Los medios de comunicación, como parte esencial del andamiaje informativo, asumieron su función para contener el temor social y evitar episodios de caos. Ese resultado obedeció a la infraestructura disponible, a la organización y a una planeación que permitió responder con eficacia.

Lo que también debemos subrayar del gobierno del sur que mencionamos, luego de que se informara la situación de cada zona, fue la propagación de rutas de acceso en caso de necesitarlas, lo mismo que la instalación de albergues. Eso nos dice mucho, principalmente que hay una cultura en la que debemos aprovechar al máximo las experiencias, pero también la reacción.