Es un hecho que México se ha convertido en el cliente más cómodo para cualquier empresa tecnológica, especialmente para las redes sociales. No tiene nada que ver con los nuevos impuestos, sino con el paraíso de datos que aquellas empresas pueden recolectar sin ningún tipo de restricción ni protección alguna para el usuario.

Comenzando por lo que pueden hacer con esos datos: los datos de cada usuario, digamos, son como el “manual de uso” de su conciencia. Guardan sus preferencias y aversiones, el tipo de contenido que disfrutan o buscan y hasta su situación socioeconómica. Con esos “manuales de manejo de humanos” es posible programar algoritmos personalizados que le dirán a cada humano qué hacer, qué comprar y, lo principal, qué querer.

La Fiscalía de París ha ejecutado cateos este martes en las oficinas de X en Francia y ha citado a Elon Musk a declarar por una investigación centrada en la manipulación del algoritmo de la plataforma. El expediente, abierto desde enero de 2025, busca determinar si la red social alteró su sistema de recomendaciones para facilitar injerencias extranjeras mediante la promoción selectiva de contenidos.

Es un hecho que la capacidad de intervenir o alterar algoritmos e influir en el contenido que consumimos está siendo aprovechada por plataformas como X, de Elon Musk, y, a partir de acuerdos empresa-país, seguramente también por Facebook.

Los registros son realizados por la unidad de ciberdelincuencia de la Fiscalía, en coordinación con Europol y con la propia división de delitos informáticos de la policía francesa. El anuncio fue difundido por la Fiscalía en la misma plataforma X, aunque en ese mismo mensaje informó su decisión de abandonar la red social propiedad de Musk y trasladar su comunicación institucional a otras plataformas como Instagram o LinkedIn.

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Además del cateo, la Fiscalía ha convocado a Elon Musk a comparecer en una audiencia libre —sin obligación de presencia física— el próximo 20 de abril, así como a la exdirectora ejecutiva de X, Linda Yaccarino. También fueron citados empleados de la empresa para declarar como testigos entre el 20 y el 24 de abril.

La investigación tuvo como detonante una denuncia presentada por el diputado del partido Renacimiento, Éric Bothorel, quien alertó a la Fiscalía mediante un correo electrónico sobre cambios en el funcionamiento del algoritmo que, a su juicio, favorecían ciertos contenidos y evidenciaban interferencias en la gestión de la plataforma desde su adquisición por Musk en 2022.

A esta señal de alerta se sumó una segunda denuncia, presentada por un director de ciberseguridad que trabaja en la función pública, quien advirtió que las modificaciones en la plataforma estaban favoreciendo la difusión de contenidos descritos como “nauseabundos”. Con base en estas denuncias, la Fiscalía decidió abrir formalmente las pesquisas el 12 de enero.

Bothorel sostuvo que X experimentó una reducción en la diversidad de voces y opciones, alejándose del objetivo de garantizar un entorno seguro y respetuoso, además de señalar una opacidad total respecto a los criterios que guiaron los cambios algorítmicos y las decisiones de moderación de contenidos.

Facebook ha sido un aliado de ICE para identificar posibles inmigrantes a partir de su comportamiento virtual. Flo, la aplicación que registra el ciclo menstrual, fue un aliado de gobiernos estatales para identificar embarazos a partir de retrasos y abortos mediante los comportamientos inusuales, concluyendo exitosamente en el arresto de sus usuarias.

En la práctica, lo que significa “manipulación de algoritmos” es lo siguiente:

Diseño y cambios del sistema de recomendación: cuándo se modificó el modelo, qué variables prioriza, qué se degrada, qué se empuja y bajo qué objetivos internos —retención, engagement, ingresos—.

Intervención humana excepcional (o rutinaria): listas, boosts, whitelists, blacklists y reglas internas para amplificar o invisibilizar cuentas, temas o narrativas.

Injerencia o abuso: si el sistema habría sido usado —o dejado vulnerable— para favorecer campañas coordinadas, manipulación informativa o interferencias, y si hubo omisiones deliberadas en la mitigación.

Riesgos y delitos asociados al ecosistema: y aquí el expediente se vuelve más pesado, porque la cobertura disponible vincula la pesquisa con señalamientos que incluyen difusión de material ilegal —por ejemplo, abuso sexual infantil—, deepfakes y otras conductas que en Francia pueden activar obligaciones penales o de cooperación.

Por eso un cateo así no busca “opiniones”, sino rastros: correos internos, bitácoras de cambios, tickets de ingeniería, auditorías, reportes de Trust & Safety, contratos de proveedores de detección y moderación, y evidencia de quién autorizó qué.

No es una escena menor: cuando una fiscalía entra a una empresa tecnológica no entra a “leer tuits”; entra a buscar evidencia técnica y documental de cómo se decide qué ve la gente, con qué criterios, quién puede alterar esos criterios y con qué fines.

La diferencia que más importa: la soberanía de los datos. Cada país puede proteger los datos de sus usuarios e identificar cómo es que se están usando.

El fondo de este episodio no es únicamente judicial: es una disputa por soberanía regulatoria. Europa está intentando imponer una idea simple y explosiva: si tu plataforma opera aquí, no basta con prometer; tienes que probar que no hay manipulación ni abuso. Y probarlo no con discursos sobre libertad de expresión, sino con controles verificables, trazables y auditables.

México vive —con menos herramientas— exactamente el mismo dilema, y a veces con mayor urgencia:

Una parte creciente del debate público mexicano no ocurre en plazas ni en periódicos, sino en feeds privados, personalizados y opacos. Las redes amplifican noticias falsas y escándalos, por eso contrasta tanto que las encuestas guarden más de 80% de aprobación a la presidenta mientras que en internet parece que todos odian a Morena y su gobierno.

La “agenda” diaria puede alterarse sin que nadie lo vote, lo debata o lo anuncie: basta con mover el orden de lo visible.

Y cuando los incentivos de negocio premian lo estridente, lo polarizante o lo falso, la pregunta ya no es si habrá manipulación, sino qué tan rentable resulta.

Francia hoy está intentando contestar, con métodos técnicos de una fiscalía con altas capacidades cibernéticas, conocimientos de programación y profesionalidad que nosotros carecemos, una pregunta que en México solemos dejar en manos del rumor: ¿quién controla el acceso a la atención colectiva y bajo qué límites?

Lo peor es que México es el paraíso de la manipulación, y eso explica tanto descerebrado que en Twitter-X apoya ideas de invasión a México promovidas por Trump. No me sorprendería que las granjas de bots opositoras hayan adquirido mayor visibilidad, del mismo modo que el contenido sexual sin consentimiento, gracias a esta política.

Por eso el cateo tiene una lectura clara: si el algoritmo es el poder, el poder debe tener expediente. Cuando una autoridad decide entrar a la sede local de una red social está diciendo que el “código” ya no es un misterio corporativo intocable, sino un objeto de escrutinio público cuando existe sospecha fundada de daño o ilegalidad.

Ser dueño de tus datos es ser dueño de tu futuro. Ojalá que nuestro país tuviera la capacidad técnica y la voluntad de probar el algoritmo de la manipulación y caminos para proteger los datos.

La verdadera privacidad comienza con la propiedad real, no con el permiso. Y ni siquiera se trata solo de privacidad. México no tiene software propio, así que mientras seamos un humilde cliente de las gigantescas tecnológicas, seremos también sus esclavos de la era digital.

X: @ifridaita