Vivimos en una época que aplaude la velocidad, lo novedoso y lo instantáneo. La era digital nos ha regalado herramientas maravillosas y le ha dado voz a todas y todos sin distinción. El reverso de esta moneda muestra una realidad dolorosa. Muchos y muchas utilizan esta apertura de forma irresponsable e irrespetuosa, convirtiendo las redes en pantallas de indolencia. Ver que se utiliza el alcance tecnológico para burlarse de las personas adultas mayores es algo que no tiene nombre y que nos debe indignar profundamente como sociedad. La vulnerabilidad jamás debe ser objeto de mofa, al contrario, debe ser el termómetro de nuestra empatía.

Tenemos una deuda histórica con nuestras personas adultas mayores. A ellas les debemos tanto. Por eso, siempre he dicho que uno de los programas públicos más bonitos y justos es el apoyo destinado a las y los adultos mayores. Aunque en el fondo sabemos que apenas se les devuelve un poco, muy poco, de lo mucho que nos han dado y siguen dando cada día. Este respaldo no es una dádiva, es un acto básico de justicia, gratitud y dignidad.

A las personas adultas mayores se les respeta sin pretextos. No hay justificación cultural, “humorística”, tecnológica ni generacional que valide el olvido o el desaire hacia quienes nos precedieron.

Todo mi cariño, agradecimiento y reconocimiento infinito, para ellas y ellos. Si la vida nos lo permite, todos caminamos hacia allá. Llegaremos a esa hermosa etapa que, desde mi punto de vista, debería ser la mejor de todas, un tiempo de seguridad, felicidad, plenitud, de paz y de máxima consideración comunitaria. Cuidar de cada persona adulta mayor es cuidar de nuestra sociedad.

Juntas y juntos impulsemos un México que abrace a sus mayores, donde el envejecimiento sea sinónimo de orgullo, involucramiento, protección y respeto absoluto en cada rincón de nuestra sociedad.

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Jennifer Islas. Política y conferencista.

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