El ambiente festivo que se respira en el país no es para menos. El triunfo de la selección mexicana ante Sudáfrica no solo es una victoria deportiva; es un motivo de celebración, un catalizador de orgullo nacional que se siente en cada rincón del territorio. El jueves se vivió una auténtica fiesta en paz, un recordatorio de lo que somos capaces de lograr cuando la energía se canaliza en lo positivo.
Sin embargo, mientras el pueblo celebraba, los sectores de la mal llamada oposición buscaban desesperadamente de qué agarrarse para empañar el momento. En esta ocasión, el blanco de sus infundadas críticas fue la decisión de la presidenta de no asistir a la ceremonia de inauguración.
Una presidenta de a pie, no de palco
Aplaudo y celebro la postura de la mandataria. En lugar de optar por la fotografía VIP y el protocolo elitista, decidió celebrar a pie de tierra, con el pueblo. Eso habla con creces de su temple y de su fuerte convicción: los gobernantes de la transformación pertenecen a la tierra, al lado de la gente, no en los palcos VIP de la vieja política. Es una mujer querida que hoy lidera a una nación que atraviesa por complejas encrucijadas, y su lugar estaba ahí, con la mayoría. La oposición se ha dedicado sistemáticamente a la descalificación y al llamado a la violencia.
Uno se pregunta si lo hacen por pura envidia de ver que a México, en el contexto global, le está yendo bien. Los datos macroeconómicos son tercos y están a la vista de todos:
● Un tipo de cambio estable.
● Atracción constante de inversiones.
● Una deuda pública bajo control.
La realidad de los datos frente a la narrativa del miedo
Es innegable que existen retos monumentalmente complejos en la geopolítica mundial y que el desafío de la seguridad, el narcotráfico y la delincuencia organizada sigue siendo una prioridad. No obstante, estos retos se están afrontando de la mejor manera posible.
De acuerdo con los informes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) presentados por el secretario Omar García Harfuch, la incidencia delictiva en varios de los delitos de alto impacto ha mostrado una tendencia a la baja. Aunque la oposición desestime y maquille estos datos para mantener su narrativa de miedo, las cifras oficiales reflejan el esfuerzo diario por pacificar al país.

El ocaso de los privilegios y el repudio a los hampones
El contraste de la jornada de ayer no solo estuvo en la cancha, sino en las tribunas de la realidad social. Vaya recibimiento y llamado de atención el que se llevó Ricardo Salinas Pliego, blanco de una serie de improperios que reflejan el sentir de una gran parte de la población. Para muchos, el magnate representa la viva imagen del hampón neoliberal: una fortuna mal habida, producto de la corrupción gubernamental del pasado, de la explotación del pueblo y del agio. Sus negocios, que venden caro y malo, operan como tiendas de raya modernas diseñadas para exprimir al que menos tiene. Por eso se le ve tan desesperado por meter las manos en la política; añora las épocas de los negocios jugosos a la sombra del poder. Hoy, utiliza su televisora no para informar, sino como un ariete para atacar y destruir la imagen del gobierno federal y de los gobiernos locales que no se alinean a sus intereses.
México ya cambió
Les tenemos noticias: México ya cambió. Morena goza de una rentabilidad electoral sólida que augura su permanencia por muchos años. Aunque como en todo proceso existen excepciones, la aprobación de la presidenta y de gobiernos locales va en ascenso.
Un claro ejemplo de esto es el estado de Puebla, donde el gobernador Alejandro Armenta está haciendo historia con obras de estricta justicia social. Proyectos como el puente que conecta a las comunidades indígenas marginadas y la atracción de grandes inversiones al estado demuestran que se puede gobernar con una visión humanista.
Hoy es el pueblo quien celebra. Celebra el triunfo en la cancha, pero sobre todo, celebra que hay un gobierno honesto que trabaja en favor de los que menos tienen y en contra de los privilegios del pasado que solo enriquecieron a unos cuantos. La transformación avanza, a ras de suelo y con la gente.


