“Los que toman alcohol para ahogar las penas no saben que las penas saben nadar”. Adagio universal.

Seguimos muchos sin entender la razón por la que venden bebidas alcohólicas libremente en los aeropuertos de México, en los mismos aviones y en las famosas salas VIP, en la que en una de ellas el senador Gerardo Fernández Noroña vivió un episodio de falta de respeto a su investidura bastante criticable.

Lo que hay que entender es que el estado de ánimo al momento de ingerir alcohol es relevante para predecir los efectos que puede causar: no es lo mismo tomar una cerveza por ejemplo cuando una persona está relajada, emocionada, triste, estresada o enojada, ya que los efectos son diferentes en cada estado mental.

Por eso en los aeropuertos, donde la ansiedad y la angustia imperan, tomar alcohol puede ser contraproducente, tal como ocurrió con la persona que increpó al Senador Fernández Noroña si es que tomó alcohol, o los pasajeros que recientemente fueron desalojados de un avión de Aeroméxico causando conflictos posteriores a dicho evento.

Las personas mencionadas en el presente texto o cualquier persona que presenta una conducta que pudiera ser perjudicial de alguna manera por estar bajo efectos del alcohol, deberían tener el derecho de ser valoradas por expertos en psicología y peritaje mental para valorar si dicha conducta fue consecuencia de una alteración mental previa que se agravó al tomar alcohol.

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Y finalmente, valorar la posibilidad de dejar de vender bebidas alcohólicas en los aeropuertos y en los vuelos, a pesar del importante negocio que exite alrededor de este riesgo patente.

Los verdaderos bebedores de alcohol saben cuando tomarlo para disfrutar de su efecto tranquilizador, y no caer en la trampa de las consecuencias devastadoras que el alcohol le causa a una mente afectada.