EL AJEDREZ HUMANO
En más de una ocasión hemos sido defensores del trabajo de Sergio Pérez en Red Bull, en más de una ocasión hemos dado cuenta, con datos, del crecimiento exponencial que ha tenido en un rol complejo y por muchos momentos injusto que tiene en una escudería, la cual, su desarrollo va enfocado históricamente solo a un solo lado. Un servilismo disfrazado que beneficia solo a uno no puede ser llamado trabajo en equipo. Con este entorno, muchos de los podios de Checo han sido más “a pesar de”, que “gracias a”. En dos años y esta temporada que arrancó, ha sido la constante, salir a la pista sabiendo que toda la caballada va a un solo lado, que los recursos y actualizaciones van para el garage del vecino. Por eso, sin nacionalismos, los logros de Pérez tienen doble mérito, pero también hay que entender, que las reglas del juego ya estaban escritas y él lo sabía.
Cuando Checo llegó a Red Bull en 2021 pidió cinco carreras para poder con el coche domar ese toro que fue complicado. Las críticas de la prensa extranjera especializada en el inicio de aquella temporada fue lapidaria para el mexicano; la victoria en Bakú apaciguo un poco. Las batallas con el Mercedes de Hamilton incluida aquel épico agarrón en Abu Dhabi para que Max ganara el campeonato de pilotos le dio forma al “Ministro de Defensa”, el trabajo estaba hecho.
En 2022, el reto fue más alto. Ya no solo bastaba sacrificarse en el llamado “trabajo en equipo” para que Max refrendara el campeonato, Pérez tenía que cumplir los caprichos de su escudería a la par de sumar más puntos, porque el objetivo era también ganar el campeonato de constructores. Al final, ambos se obtuvieron. El piloto de Guadalajara se ganó dos años más de contrato al vencer en Mónaco y Singapur, pero la relación Verstappen/Pérez se fragmentó visiblemente en Brasil cuando el Neerlandes le negó la ayuda a Sergio, un punto de quiebre que difícilmente cicatrizara y que a la mínima provocación hará visible más diferencias entre ambos.
2023 el compromiso es, obvio, mayor, no solo del equipo, el propio checo así lo quiere, el reto es estar más cerca de Verstappen, meterle presión, competirle, acercársele, estar ahí, nada fácil, por el entorno, pero es un desafío alcanzable. ¿Cómo? Primero con cero errores, mejorar en las qualys, optimizar el rendimiento del coche, actualizaciones acorde al estilo de manejo, una gestión compleja en un año largo, adversidad a la que Pérez está acostumbrado, pero que hoy más que nunca necesita revertir.
Por eso, cuando hablé de la mala salida que tuvo Sergio en Bharein, me desconcertaron las olas de comentarios denostando el análisis. Entiendo el sobreapasionamiento que tienen muchos aficionados y lo respeto. Eso ciega a veces y no es que no valore lo que hace Checo cada carrera. Quitando el lado periodístico, a mí también me emociona, como mexicano, cada fin de semana de carrera, el doble podio de arranque es extraordinario. Pero quitándome esa bandera, la duda en la alargada le originó que en lugar de concentrase en Max, lo hiciera en Leclerc, después su regreso fue magnífico, certero en el manejo y estrategia, pero finalizar a diez segundos de Max no está en los planes de este año, si así Verstappen estaba nervioso desobedeciendo a su Ingeniero que le pedía bajara el ritmo de carrera, pero él pedía que solo lo haría si Checo lo hacía, porque el propio Max sabe que al menos de arranque, el mexicano tiene coche para pelearle, pero solo si está cerca y para eso, los errores esta temporada deben de estar prohibidos.
Luis Enrique Alfonzo en Twitter: @LEAdeportes


