Las alianzas, eternamente una estrategia, no siempre son fructíferas. A veces, de hecho, resultan un fiasco, mayormente cuando su esencia es una simulación. Sabemos que durante décadas el PAN persistentemente ha sido fiel compañero del PRI en temas legislativos y, por supuesto, cómplices en los atropellos que ambos partidos han perpetuado en sus administraciones. Incluso, no tardamos mucho en saber que uno y otro, en su naturaleza, representan los mismos intereses. Tomando en cuenta esa premisa, más allá del discurso que han pronunciado, se prepara nuevamente una coalición en distintas entidades. Eso —dicen ellos— es para competir y cerrar el paso a Morena. De hecho, no es el momento oportuno para realizar una conjugación como esta. Al ser fuerzas opositoras, no se están concentrando en lo sustancial: el trabajo territorial.

Efectivamente, hay alianzas que suman y otras que, por el choque de polos, resultan un fracaso que constantemente hemos visto. Eso pudo sentirse en dos elecciones presidenciales en las que aplicaron la misma estrategia. No podemos suponer que este proceso será algo similar; sin embargo, se preparan las bases para intentarlo. La primera prueba de fuego es el ejercicio intermedio que atestiguaremos en 2027. Asegurar que se concrete algo parecido tiene enormes posibilidades, básicamente por las declaraciones que realizó Jorge Romero, presidente nacional del PAN. Él mismo, cuando tomó protesta, aseguró que Acción Nacional competiría solo. El discurso duró muy poco y, por consiguiente, les ganaron las ansias de saber que son ampliamente superados por la izquierda. Incluso, esto no será un asunto muy relevante, que digamos. Hoy, más que nunca, la ciudadanía les dejó una clara señal de que ese binomio es únicamente una tentación que ha ido arrastrando sobresaltos ante la evidente falta de credibilidad.

Ante la ignominia que se avecina, evidentemente, se hubieran ahorrado tanto discurso al recurrir a la narrativa falsa. Fue un error, de hecho, haber mencionado tantos escándalos sobre que cada uno de los partidos estaba listo para competir solos. Eso, efectivamente, los ha hecho caer en la mentira. Sabemos que no siempre son sinceros. Se puede decir que tomaron la decisión más cómoda que encontraron. Ahora se sabe que las pretensiones, por increíbles que parezcan, son buscar una coalición en las entidades en las que prácticamente no figuran. Realmente, se asegurarán de revisar a detalle los números que, en definitiva, no les favorecen, más allá de que construyan un frente único. En todo caso, llegarán condenados a la derrota, básicamente cuando ambos, de pies a cabeza, siguen impregnados por el estigma de la corrupción.

En los entretelones de la política, que se han demostrado con realidades sólidas, hemos visto el grado de cinismo del PRIAN. Al ponerse al descubierto evidencias de corrupción, lo único que podemos percibir son actores políticos acaudalados. A estas alturas, en efecto, esa mala fama que se ganaron a pulso los sigue persiguiendo. Podrán mantener las alianzas que quieran; sin embargo, eso no les garantiza nada que sean competitivas. Así que, con la esperanza a ciegas, vemos los inicios de una nueva alianza variopinta que no provoca ni mucho menos cautivará a una sociedad despierta y consciente. Incluso, esta intentona tuvo un desenlace, de acuerdo con los registros, sumamente devastador en las elecciones de 2024.

Ellos, recuerdo, dijeron que ganarían Michoacán, Puebla, Morelos y Veracruz. Juraban que, con la alianza, una vez que comenzara la jornada, recuperarían terreno. Como sabemos, Morena ganó en esos enclaves y, de paso, confirmó, con una ciudadanía gustosa, que el proyecto de la Cuarta Transformación es mucho más fuerte y sólido. Ahí están las cartas ganadoras de la izquierda. Mucho del terreno ganado se debe al liderazgo que imprimieron Alejandro Armenta, Alfredo Ramírez Bedolla, Rocío Nahle y Margarita González Saravia. Todos ellos, a sabiendas de que jugarían contra el PRIAN, jamás se achicaron y, cualquiera que revise a detalle los resultados, sabrá con claridad que se impuso la justicia social por encima del interés mezquino de la oposición.

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Hoy, como sucedió hace poco, Morena saldrá victorioso a pesar de las alianzas que realice el PRIAN. Ellos, que han quedado como mentirosos, tropezarán en la intentona que, más bien, es una estrategia desesperada de supervivencia al no aspirar a competir. Hay muchas razones para no confiar en la derecha pese a los planes de reagruparse. Es muy probable, casi un hecho, que el costo político que pagará la oposición será muy elevado por la realidad que enfrentan. Algo similar al descalabro que vivieron en carne propia hace más de dos años.

Notas finales

El fin de semana, a través de las redes sociales, tuve la oportunidad de escuchar una entrevista que, además de llamar poderosamente la atención, me resultó todo un éxito por la cantidad de visitas que obtuvo. Por el impacto del que hablamos, podemos decir que se está gestando un nuevo liderazgo que, a nuestro juicio, representa el relevo generacional que tanto insistió Andrés Manuel López Obrador durante su paso como presidente. Hablamos de Emiliano Rojas, coordinador de asesores del grupo parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados. Él, en el ejercicio interno que se avecina, ha levantado la mano en la carrera por la alcaldía de Cuauhtémoc. De hecho, con mucha elocuencia comentó las necesidades básicas de una demarcación que, por la fallida gestión del PRIAN, se prepara para una transición, mucho más ahora que el liderazgo al que nos referimos conecta con el grueso de la población.