Agradezco a Federico Arreola, por este espacio semanal que nos permite hablarle de frente a la gente, sin tecnicismos y sin discursos acartonados, de los temas que realmente importan.
Hay palabras que suenan lejanas: finanzas públicas, balance fiscal, deuda, recaudación. Pero cuando uno se sienta en la mesa donde se revisa el presupuesto del país entiende algo muy simple: no se trata de números, se trata de vidas.
Formar parte de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública es tener en las manos una responsabilidad enorme. Es revisar que el dinero que aportan millones de mexicanas y mexicanos con su trabajo, regrese en forma de oportunidades, de obras, de servicios, de apoyos reales. Es preguntarte todos los días si lo que está aprobado en un documento se va a sentir en la calle.
El informe del cierre de 2025 llega en un momento donde el mundo entero se mueve con incertidumbre. Aun así, México logró mantener estabilidad, generar empleos, controlar la inflación y fortalecer sus ingresos sin cargarle la mano a la gente con nuevos impuestos. Dicho así puede sonar técnico, pero en realidad significa algo muy concreto: que hay más familias con trabajo, que el dinero alcanza un poco más y que los programas pueden seguir llegando.
También significa que los estados y municipios cuentan con más recursos para responderle a su gente. Porque es en lo local donde el presupuesto deja de ser una hoja llena de cifras y se convierte en una calle pavimentada, en una clínica que funciona, en una beca que le cambia el rumbo a un joven.
Desde esta responsabilidad legislativa uno aprende que cuidar las finanzas públicas no es un asunto de escritorio. Es un acto de congruencia. Es entender que cada peso mal utilizado es una oportunidad que alguien perdió allá afuera.
Por eso el debate no es solo cuánto se gasta, sino en qué se gasta y para quién. Y ahí es donde entra la visión social del presupuesto: que el crecimiento no se quede en las estadísticas, que llegue a la mesa de las familias, que se note en la colonia, que abran caminos para quienes durante años se quedaron esperando.
Lo digo convencido: cuando el recurso público se maneja con honestidad y con rumbo, sí se siente.
Se siente en la tranquilidad de quien tiene empleo.
Se siente en el joven que puede seguir estudiando.
Se siente en la comunidad que ve cómo, por fin, las cosas empiezan a cambiar.
Esa es la parte que pocas veces se cuenta cuando se habla de economía.
Hoy el reto es claro: mantener finanzas sanas, seguir impulsando el desarrollo y no perder de vista que todo esto tiene un solo objetivo: el bienestar de la gente.
Y en Querétaro lo entendemos bien. Aquí sabemos que transformar no es solo decirlo, es administrar con responsabilidad, dar resultados y caminar cerca de la ciudadanía.
Porque cuando el presupuesto se convierte en bienestar, deja de ser un tema técnico y se vuelve un asunto profundamente humano.
Así es como se construye todos los días, paso a paso y de frente a la gente, la Cuarta Transformación a la queretana.




