“Solo sé que nada sé”
Solo sé que nada sé SÓCRATES
“Siempre he sabido que las grandes sorpresas nos esperan allí donde hayamos aprendido por fin a no sorprendernos de nada, entendiendo por esto no escandalizarnos frente a las rupturas del orden.”
JULIO CORTÁZAR
Aquel “no se hagan bolas, es Colosio” espetado por Salinas de Gortari, hizo que todo el mundo se hiciera… más bolas.
Pues buen, esa frase adquiere hoy una nueva connotación con Andrés Manuel y sus corcholatas.
Ya sabemos que para el mandatario lo más importante es ser el centro del atención y, claro, el que los candidatos a sucederlo le cubran la espalda no se queda tampoco muy atrás. Sí, en estos pocos días de precampaña, el juego de la “lealtad” ha cobrado insospechados y, a veces, risibles niveles.
En la reunión del día de ayer en Palacio Nacional con gobernadores de Morena, Mario Delgado, presidente del partido, y parte importante del gabinete presidencial, AMLO quiso asegurarse de no perder el control del proceso sucesorio. ¿Qué otro motivo para invitarlos a una reunión con objeto de… invitarlos a otra (la del 1 de julio)? Absurdo, ¿no?
El hecho es que, con el pretexto de participarles de su “último gran evento” este primero de julio para celebrar su triunfo hace cinco años, en día hábil se llevó a cabo una reunión PARTIDISTA en Palacio Nacional con objeto de aclararle a su gente que el motivo de todo este show de la elección interna y del espectáculo que viene próximamente es él y solo él. Que en su evento a tener lugar en 10 días no quiere porras ni gritos ni avanzadas para una u otra corcholata.
¿Era necesario sacarlos de sus estados para trasmitirles este mensaje?, ¿de sus actividades a secretarios y gabinete ampliado?
Y eso lleva inevitablemente a cuestionarse si parte de lo que se está dando en este proceso interno es resultado de que AMLO no necesariamente tiene claro, no sabe pues, cuál es la mejor opción para sucederlo. Que esté considerando no optar por Claudia, pero tampoco por Marcelo; quizá por un tercero o incluso a alguien no previamente contemplado.



En algunos medios se sugiere que Jesús Ramírez Cuevas, actual director de comunicación social de la Presidencia, actúa como aquél terrible Córdoba Montoya de la época salinista. ¿Apoyaría este a Luisa María Alcalde como posible inesperado relevo? ¿A alguien más? Digo, cuando nada es posible, todo lo es.
En fin, pero más allá del personaje en concreto, López Obrador quiere evitar a toda costa el error de Salinas: perder el control de lo que será el devenir de su legado. O eso cree (y eso creo yo)…
Hasta ahora el sexenio obradorista ha sido comparado con los de López Portillo y Echeverría Álvarez (y con justa razón). Mas quizá en el tema de la sucesión se parezca más al de Salinas. Pronto lo sabremos.
Dentro de similitudes que existen entre el proceso sucesorio de Salinas y de López Obrador hay una pieza clave que cuida que este proceso no se descarrile, así sea que ello implique le echen pleito: se trata de Alfonso Durazo. El padeció con Colosio (era su secretario particular) las indecisiones de Salinas de Gortari y ahora padece el soportar a las corcholatas y su constante hacerse daño, lo cual López Obrador permite (aunque diga que no).
Por supuesto López Obrador no es Salinas (tanta buena/mala suerte no tenemos), pero en ambos casos la idea de reelegirse surgió y permeó el ambiente (hoy hay quienes aplauden la idea; Fernández Noroña entre ellos, pero no el único ni el primero).
En una reminiscencia de aquel “no se hagan bolas”, el de hoy —no sé si contrario a lo que se busca o en aras de provocar precisamente eso— también avisa que nada está asegurado y que hay mucho por preguntar.



