En cuestión de minutos la ciudad se transforma en un estacionamiento flotante producto de las fuertes lluvias. Caminar hacia el transporte público o encender el auto se convierte en el inicio de una odisea costosa, estresante y, sobre todo, peligrosa.

Es en estos días de caos cuando la insistencia de muchas empresas y oficinas gubernamentales por exigir la presencia física en la oficina pasa de ser una norma estricta a una total falta de empatía.

La crisis sanitaria de la pandemia nos obligó a dar un salto tecnológico acelerado y demostró que el trabajo remoto no era una utopía, sino una realidad altamente eficiente. Aprendimos a marchas forzadas que las juntas digitales funcionan y que los objetivos se cumplen sin necesidad de vigilar una silla. Si la infraestructura ya está pagada y probada, resulta absurdo ignorar esa gran lección cuando el clima colapsa las calles.

Afortunadamente, el panorama legal ya comenzó a cambiar. El Congreso de la Ciudad de México dio un paso histórico al aprobar una iniciativa para reformar la Ley Federal del Trabajo.

Esta propuesta busca que las y los empleados puedan hacer home office cuando las lluvias intensas u otros fenómenos naturales afecten gravemente la movilidad y la seguridad en sus traslados. Este dictamen abre formalmente el camino hacia un esquema laboral mucho más moderno y consciente de la realidad urbana.

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Los beneficios de adoptar el home office obligatorio ante alertas climáticas son múltiples y medibles. El primero es económico, las y los empleados evitan gastos excesivos en transporte con tarifas dinámicas o costosas reparaciones vehiculares por inundaciones.

El segundo es de productividad, ya que el estrés de pasar tres horas atrapada, atrapado en el tráfico destruye la energía de cualquier trabajador y trabajadora antes de que pise la oficina. Al eliminar el trayecto, ganamos un personal enfocado, seguro y profundamente agradecido.

No se trata de fomentar la flojera, sino de aplicar el sentido común y la gestión de riesgos. Una empleada, un empleado empapado, preocupado por cómo regresará a su hogar y expuesto a accidentes no le genera valor a ninguna organización.

El verdadero liderazgo entiende que la flexibilidad laboral es la herramienta más poderosa para proteger el capital humano.

Es momento de evolucionar y dejar atrás el arriesgar vidas por el simple capricho de ver una oficina llena. La seguridad y la salud mental de los equipos de trabajo deben ser la prioridad absoluta de cualquier sector productivo. Para consolidar este cambio cultural e institucional en todo el país, juntas y juntos impulsemos un modelo laboral más humano, inteligente y preparado para los desafíos del presente.

Jennifer Islas. Política y conferencista.

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