El 5 de mayo suele quedar atrapado, esta fecha no debería ser solo una página más en los libros de texto o un pretexto para el folclore. Es, en esencia, el recordatorio de lo que sucede cuando un país decide que su dignidad no tiene precio, incluso cuando el panorama dicta que la derrota es inevitable.
En 1862, los fuertes de Loreto y Guadalupe no solo resistieron cañones, resistieron la idea de que México era una nación pequeña o sometible. Aquel ejército, compuesto por soldados y civiles con más voluntad que equipo, nos legó una lección que hoy, en un México moderno y complejo, necesitamos recuperar con urgencia: la fuerza no reside en la igualdad de circunstancias, sino en la unidad absoluta del propósito. Aquella victoria no fue un golpe de suerte, sino el resultado de una convicción compartida que logró lo impensable frente a la potencia militar más respetada de la época.
Reflexionar sobre Puebla hoy es preguntarnos qué muros internos estamos derribando. El verdadero significado de esta victoria no es la derrota del “otro”, sino el triunfo del “nosotros”. En un tiempo de fragmentaciones y ruidos que buscan dividirnos, el 5 de mayo nos susurra que no hay enemigo externo ni crisis interna que pueda con una nación que reconoce su propia valía y se mira a los ojos sin miedo.
Nuestra soberanía no es solo una línea en la frontera o un discurso oficial, es una construcción diaria que se alimenta de la coherencia de nuestras acciones, de la defensa de nuestra identidad y de la empatía que nos debemos como compatriotas.
No permitamos que este aniversario pase como un eco lejano o un simple descanso. Que sea el motor para entender que el destino de esta tierra no depende de la voluntad de unos pocos, sino del compromiso de todos los que habitamos cada rincón de esta gran nación. La historia nos ha demostrado que cuando dejamos de lado lo que nos separa para abrazar lo que nos hace grandes, México se vuelve invencible.
Retomemos esa mística de resistencia y esperanza para construir el país que merecemos, donde el bienestar sea un derecho compartido y no un privilegio aislado.
Que la memoria de los caídos y la gloria de los vencedores nos inspiren a no rendirnos ante los desafíos del presente. Porque el futuro de México se escribe hoy, para que juntas y juntos impulsemos el renacer de nuestra nación.
Jennifer Islas. Política y conferencista.



