Enrique:
En la reciente entrevista publicada en Reforma a propósito de los 35 años de Clío, subrayas que la misión de esta empresa cultural —especializada en hacer llegar la historia, básicamente la de México, al gran público a través de la TV— ha sido la de narrar los hechos de nuestro pasado para aportar a la reconciliación nacional, distante de los pedestales y los dogmas, en la que, cito tus palabras, “no hay santos completos ni villanos completos”.
Sin embargo, al contrastar tal premisa historiográfica, que me parece irreprochable, con tus artículos quincenales en el propio diario Reforma, resulta contradictorio observar cómo presentas de manera reiterada y sistemática a la 4T como una villana completa, ¡inclusive cuando hablas de futbol!.
¿A qué responde la discrepancia entre el rigor del historiador Krauze, que busca matices, y la condena absoluta del articulista Krauze, sin aportar evidencias de culpabilidad política de la 4T? ¿Se trata acaso de un encono o sesgo político que un intelectual de tu trayectoria y estatura debería ser capaz de moderar al analizar el presente?
Te doy algunos ejemplos tomados de tus escritos quincenales en Reforma:
El 21 de junio, en un texto que habría sido bellísimo si solo lo hubieras dedicado a los porteros —titulado simple y sencillamente “La soledad del portero”—, dedicas el primer párrafo, Enrique, de plano a destruir a México: “No olvido que México es un país desgarrado por el dolor. Un dolor infligido, en gran medida, por un régimen que desde hace siete años ha destruido las instituciones del país y la vida de cientos de miles de familias”.
¿Olvidaste, señor Krauze, que las guerras —como la fallida contra el narco de Felipe Calderón—, después de iniciadas, normalmente resultan complicadísimas de detener? La violencia no la causó la 4T, sino un fraude electoral más que evidente en 2006 contra AMLO; para superar la imagen de ilegítimo que con toda razón tenía, Calderón lanzó a tontas y a locas a la tropa a pelear contra las mafias, y generó un brutal efecto bola de nieve que al finalizar el sexenio calderonista ya era una brutal avalancha de sangre y muerte que Peña Nieto no pudo parar —tal vez no quiso siquiera intentarlo—, concentrado como estaba en sus reformas estructurales. El alud de violencia lo heredó la 4T, que tuvo que empezar por cambiar a toda la policía federal —una tarea gigantesca y riesgosa— y que hoy, convertida en Guardia Nacional y controlada, por razones operativas, por el Ejército, da resultados que inclusive son elogiados en EEUU.
Síntesis en la revista que diriges, Letras Libres, de tu artículo “Gobernar las conciencias”, publicado en Reforma el 9 de agosto de 2026: “Hace cien años, el gobierno quiso acabar con la libertad de creencia. Fracasó. Hoy quiere limitar la libertad de expresión. Fracasará”. ¿En serio pretende la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum limitar la libertad de expresión? No hay bases objetivas para sostener semejante tesis —propaganda sí: sobra—.
El 5 de julio pasado, en tu artículo sobre la democracia estadounidense, que ubicas “entre el poder tiránico y la tiranía progresista” y que por tal motivo “pasa por una prueba de fuego”, dedicaste, Enrique, el último párrafo a decir que México ha reprobado tal prueba de fuego: “Advertencias válidas hoy para Estados Unidos, pero también para nuestro propio, desencaminado, México, que alguna vez creyó haberse liberado del poder absoluto, solo para caer, en estos años, en una variante sin precedente —sorda, improductiva, corrupta y criminal— de una popular servidumbre voluntaria”.
¿No es esto, en el más objetivo de los casos, una exageración del historiador que no quiere escribir la historia para enfrentar a villanos completos contra santos completos? ¿No es hacer de la 4T, en el presente, el peor de los demonios de la historia nacional?
En otro artículo sobre futbol —“Geopolítica del futbol”—, pudiste recurrir al rigor de historiador, pero no lo hiciste y, por lo tanto, convertiste al México de izquierda otra vez en el villano total: “Ante las muestras de hospitalidad, alegría y patriotismo (por el pasado Mundial) valdría la pena fomentar seriamente este deporte. El actual gobierno –profesional de la mentira y la ineptitud– sería incapaz de hacerlo, pero tal vez la iniciativa privada pudiera adoptar ese proyecto. Resultaría más fructífero que dar dinero a los jóvenes a cambio de servidumbre y obediencia”.
¿Es tan difícil entender, don Enrique, que la 4T no da a los y las jóvenes de México dinero a cambio de servidumbre y obediencia? Te suplico no insultar a la juventud mexicana de menores ingresos: no son personas que se vendan. El gobierno les apoya porque, en una nación tan grande, en la que se concentran algunas de las mayores fortunas del mundo, pero que tiene a decenas de millones en la pobreza, es lo que, por humanismo y por elemental justicia, debe hacerse.
Don Enrique Krauze, dijiste el 17 de mayo de 2026 sobre la 4T, villana absoluta: “La única soberanía que está defendiendo el gobierno es la de esos políticos delincuentes que todo México –y ahora el mundo– conoce por nombre y apellido. Los Niños Héroes murieron por la patria defendiéndola del invasor. Hoy sentirían dolor y vergüenza”. Te pasas.
En diciembre de 2025, Letras Libres reprodujo, con una gran foto de la presidenta Claudia Sheinbaum en alguna de sus conferencias de prensa matutinas, el artículo “Un mañana sin mañanera”, en el que hiciste de esa rueda de prensa, Enrique, otro ejemplo de villanía total.
Creo que no ignoras que la mañanera es un evento diario en el que cualquier periodista —o intelectual, o historiador— que se presente con credenciales mediáticas suficientes —las tienes de sobra— puede cuestionar a la mandataria y hasta debatir con ella: podrías hacerlo, Enrique, si un día te levantaras temprano, acudieras a Palacio Nacional, pidieras entrar —se te daría lógicamente un trato preferente— y participaras.
Para destruir a la mañanera, partes de una entrevista que dio Bertrand Russell en la que el filósofo dijo que “el amor es sabio, el odio es estúpido. En este mundo, que cada vez se vuelve más y más estrechamente interconectado, tenemos que aprender a tolerarnos los unos a los otros, tenemos que aprender a aceptar el hecho de que alguien dirá cosas que no nos gusten”.
Demonizaste a la mañanera solo porque no te gusta lo que dice la presidenta de México. Pero, si lo quisieras, Enrique, podrías asistir —reitero, creo que se te daría un trato de privilegio— para debatir con la presidenta Sheinbaum abiertamente, en público, en una transmisión de alto rating en YouTube que reproducirían todos los medios.
No se molestaría Claudia escuchando tus críticas, Enrique. Y ella supondría que tú tampoco te molestarías si te dijera algunas versiones que circulan en la izquierda sobre tu trabajo intelectual, tu trayectoria empresarial y tus relaciones con el poder político. ¿O sí te molestarías? Bertrand Russell te diría que aguantaras, y a la presidenta el genio británico le recomendaría lo mismo. Claudia batallaría menos que tú para resistir la crítica porque está más acostumbrada: a diario recibe cientos y hasta miles de reproches en medios y redes sociales sin que a nadie se le moleste por ello —lo afirmo solo para refutar tu idea de que no hay libertad de expresión—.
Felicitación por el trabajo de tantos años en una empresa cultural
Más allá de mis interrogantes acerca de tu insistencia, don Enrique Krauze, en presentar a la 4T como villana absoluta —interrogantes que considero legítimos—, es de justicia reconocer la consolidación de Clío como un esfuerzo editorial y audiovisual de amplio alcance, generador de empleos, así como el respaldo de las empresas —Televisa, Femsa, Cemex, Alfa y Banamex— que, como tú mismo señalas, Enrique, han hecho posible la difusión de la historia mexicana en TV a lo largo de más de tres décadas. Asimismo, es relevante destacar el relevo generacional y desear el mayor de los éxitos a tus hijos, León y Daniel Krauze, en la labor de dar continuidad y dinamismo a tu proyecto empresarial. De todo corazón deseo y espero que a ustedes les siga yendo muy bien.


