La relación entre Cuauhtémoc Cárdenas y Pemex es mucho más que la de un político con una empresa estatal: es la historia de un hombre que heredó un legado de lucha por la independencia económica y que dedicó gran parte de su vida a defenderlo, incluso cuando ello significó enfrentarse a los gobiernos de su propio partido o a las tendencias dominantes en la política económica nacional.

Hijo de Lázaro Cárdenas, el presidente que nacionalizó el petróleo en 1938, Cárdenas creció en un entorno donde el nacionalismo petrolero era un valor central.

Fue gobernador de Michoacán, candidato presidencial tres veces y siempre defendió con uñas y dientes que el petróleo fuera de todos los mexicanos.

En los años 80 y 90, cuando se empezaban a discutir reformas en el sector energético, Cárdenas fue uno de los principales opositores a abrir Pemex a la inversión extranjera. Para él, la empresa era un símbolo de la soberanía nacional, y cualquier cambio que pusiera en riesgo esa propiedad colectiva era un “no” rotundo.

Recordemos que durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), se implementaron una serie de reformas económicas que incluyeron cambios en la estructura de Pemex, como la apertura a contratos con empresas extranjeras para la exploración y extracción de petróleo. Cárdenas se opuso firmemente a estas medidas, argumentando que representaban un retroceso en la soberanía nacional y que ponían en riesgo el control del país sobre sus recursos naturales.

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También fue muy crítico de la gestión de Pemex en varias épocas, diciendo que la empresa tenía problemas de corrupción, mala planeación y que no invertía lo suficiente en tecnología ni en el bienestar de sus trabajadores. Incluso propuso reformas internas para hacerla más eficiente, pero sin tocar la nacionalización.

Hasta ahora, cuando alguien habla de Pemex como patrimonio nacional, es imposible no recordar la voz de Cuauhtémoc Cárdenas abogando por esa causa.

El ingeniero Cárdenas reapareció en la escena pública el pasado 18 de marzo, día que celebramos el 88 aniversario de la expropiación petrolera.

Fue para muchos un gusto verlo al lado de la presidenta Sheinbaum en Pueblo Viejo, Veracruz. Ahí la mandataria anunció que Cárdenas Solórzano presidirá la Comisión Consultiva del Petróleo, encargada de realizar análisis estratégicos en Pemex.

El nombramiento fue recibido con agrado por muchos y criticado por otros. Pero sin duda, el más indicado para el cargo es el hijo del general, hombre de izquierda y luchador social desde siempre.

En eso tiene grandes coincidencias con la presidenta, quien, por cierto, en ese mismo evento recordó las elecciones presidenciales en México en 1988.

En la historia política de México, el año de 1988 es un capítulo marcado por la controversia, el fraude, el chanchullo.

Cárdenas Solórzano, candidato del extinto Frente Democrático Nacional (FDN), compitió por la presidencia contra Carlos Salinas de Gortari del PRI. Aunque las autoridades electorales declararon ganador a Salinas, para amplios sectores de la sociedad el triunfo correspondió a Cárdenas, y este sentimiento nos marcó a muchos y muchas, incluso a la actual presidenta de nuestro país, que en ese entonces estaban por graduarse de la licenciatura en Física en la UNAM.

La doctora Sheinbaum siempre ha sido una mujer brillante, con cualidades que vale la pena resaltar: científica, política y luchadora social.

De qué tamaño habrá sido su enojo que su tesis de licenciatura, titulada “Estudio termodinámico de una estufa doméstica de leña para uso rural”, tiene un dato peculiar en la portada: junto a sus datos personales, la Facultad y la fecha de elaboración —noviembre-dic 1988 —, se agregó una nota clara, bien podríamos decir, histórica: “año en que ganó Cárdenas”.

No sé si Sheinbaum, la joven universitaria de esos años, pensó que sería la primera presidenta de México, pero el reconocimiento a Cuauhtémoc Cárdenas en su trabajo de grado es más que un simple detalle histórico: es un puente entre su formación universitaria, el contexto político que la marcó y la visión que hoy impulsa en el gobierno federal.

No sé a usted, pero a mi ver en un mismo escenario y compartiendo un mismo proyecto a Sheinbaum y Cárdenas me emocionó.

Sheinbaum, nuestra presidenta, también defendió el petróleo, siendo una de las famosas adelitas que convocó en 2008 el expresidente López Obrador.

Hoy, sigue esa misma línea como primer mandataria. Por ello invitó al ingeniero Cárdenas a presidir la Comisión Consultiva del Petróleo en Pemex.

Y por supuesto, él aceptó.

Pemex, más allá de los terribles hechos de corrupción que todos sabemos han existido, sigue de pie y es parte de los compromisos del gobierno actual mantenerlo funcionando de la mejor manera.

Que la llegada de esa Comisión sea para bien.