Los informes pueden llenarse de números. Pero hay uno que ningún gobierno puede decretar: la confianza de la gente.
Claudia Sheinbaum llega a su Segundo Informe con una aprobación histórica, superior a la de cualquier presidente de México al llegar al mismo momento de su gobierno.
Y debe ser incómodo para sus detractores. Llevan dos años anunciando crisis, ruptura, fracaso y hasta el fin de la transformación. La realidad, necia como siempre, les responde con resultados y respaldo popular.
Claudia gobierna. Decide. Recorre. Escucha. No se aleja del pueblo ni de los principios que llevaron a Andrés Manuel López Obrador a transformar México.
Pero tampoco gobierna mirando hacia atrás.
Hay continuidad, sí. Y qué bueno. Pero también hay sello propio: inversión, infraestructura, ciencia, tecnología, mejores salarios, programas sociales y firmeza frente a Estados Unidos. Sin subordinación, pero también sin estridencias. Defendiendo a México.
Los homicidios han disminuido 51%. El salario mínimo es 154% mayor, en términos reales, que en 2018. Más de 42 millones de mexicanos reciben algún Programa para el Bienestar.
Y la presidenta Sheinbaum está en territorio. Eso importa. Porque México no se conoce desde un escritorio.
Se gobierna caminándolo. Escuchándolo. Viviéndolo.
Con Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado que se puede defender a México y, al mismo tiempo, fortalecer la relación con nuestro principal socio comercial. El diálogo ha sido permanente y el T-MEC sigue siendo nuestra gran plataforma de prosperidad compartida. México y Estados Unidos no solamente comerciamos: somos coproductores. Fabricamos juntos, compartimos cadenas de suministro, inversiones y empleos. Lo que fortalece a México también fortalece a Estados Unidos. Juntos somos más competitivos y hacemos más fuerte a América del Norte.
Y en esa relación están nuestros migrantes. Millones de mexicanas y mexicanos que trabajan, producen y aportan todos los días a la economía estadounidense, sin dejar de sostener a sus familias y comunidades en México. La presidenta Claudia Sheinbaum los ha defendido con dignidad: nuestros paisanos no son una carga ni una amenaza, son trabajadores y parte fundamental de la prosperidad de ambos países.
También hay una deuda histórica que comienza a saldarse con los pueblos indígenas. No basta reconocerlos en el discurso. Hoy tienen derechos, presupuesto y capacidad de decisión sobre sus propias comunidades. Para estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, esto significa justicia social, pero también dignidad.
Los detractores pueden seguir pronosticando derrotas desde la comodidad de sus escritorios. Mientras tanto, México camina. Hay presidenta, hay liderazgo, hay resultados y hay pueblo.
La presidenta Claudia Sheinbaum no administra una herencia ni contempla desde lejos la transformación: la conduce, la profundiza y le está dando su propio rumbo.
El segundo piso ya no es una promesa. Se construye todos los días, en territorio, con millones de mexicanas y mexicanos.
Este Segundo Informe confirma que la transformación mantiene rumbo, fuerza y respaldo popular.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sabido darle continuidad con su propio estilo personal de gobernar: con firmeza, sensibilidad, territorio y cada vez mejores resultados.



