Las juventudes chilenas volvieron a las calles para protestar contra el gobierno de la ultraderecha que apenas llegó en marzo tras la salida de Gabriel Boric. Encontraron represión, violencia y las fotografías que circulan de adolescentes cubiertas de sangre, muestra la saña con la que los carabineneros, corporación militar de Chile, les han “contenido”.
Era una protesta pacífica en la que había también adultos mayores con letreros de apoyo a sus nietas y nietos, había maestros, pedían que no se recortara la educación al tiempo de reclamar por el desempleo, la falta de oportunidades y la intolerable realidad que afrontan.
Durante la campaña presidencial de 2025, José Antonio Kast anticipó que, ante la delicada situación fiscal heredada de la administración de Gabriel Boric (2022-2026), aplicaría un ajuste presupuestario de 6.000 millones de dólares en un plazo de 18 meses. Una vez en el poder, instruyó una reducción general del 3% en el gasto de todos los ministerios, con excepción de la recién creada cartera de Seguridad Pública. En el caso del Ministerio de Salud, el recorte fue de 2,5%, equivalente a unos 460 millones de dólares.
Las medidas de austeridad provocaron críticas de diversos sectores de la oposición e incluso de alcaldes de distintas corrientes políticas, quienes advirtieron sobre los riesgos de disminuir recursos destinados a áreas sensibles como salud, vivienda y educación. A ello se sumó la controversia generada por una amplia reforma económica impulsada por el Ejecutivo, que contempla, entre otras medidas, reducir el impuesto corporativo del 27% al 23% y garantizar estabilidad tributaria durante 25 años para grandes inversionistas. Diversos economistas y organismos internacionales, entre ellos el Fondo Monetario Internacional, han advertido que estas disposiciones podrían comprometer la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Las jóvenes feministas con carteles morados y rojos reclaman el desprecio a las personas que menos tienen, la rabia por el apoyo a los grandes empresarios y la manera en que la desigualdad se profundiza con mayor agudeza en contra de ellas pero son las primeras golpeadas y no lo digo metafóricamente.
El malestar social por los recortes presupuestarios y por la llamada megarreforma comenzó a trasladarse a las calles y el culmen fue este miércoles cuando miles de estudiantes y docentes se movilizaron en el centro de Santiago para rechazar las políticas de ajuste promovidas por el Gobierno. Convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), la manifestación constituyó la primera protesta masiva desde la llegada de Kast a la presidencia el pasado 11 de marzo y tuvo como una de sus principales consignas la defensa de la educación pública.
La amenaza contra las izquierdas en América Latina va tejiendo un espacio hondo en donde radicalmente se abandonan políticas sociales, educación y salud para abrirle paso al peor rostro de las ultraderechas. Es como si la inmediatez del voto enojado se cobrara con creces la falta de conciencia, como si la rabiosa derecha que acumuló corajes criticando programas y beneficios para los pueblos de pronto quisieran castigarlos por haber elegido antes una opción distinta. Castigan especialmente a los sectores que aún sostienen la radical idea de que todos los seres humanos deberían tener un libro que leer, un plato en la mesa que comer, un lugar para sanar y un sitio para vivir y poder trabajar.
Especialmente, castigan a los más pobres. No es que el festín a empresarios en disminución de impuestos les afecte directo, es que puntualmente hay una fobia que cala a las políticas que les beneficiaban.
La marcha inició en Plaza Baquedano, uno de los principales símbolos de movilización social en Chile, pero avanzó apenas unos cientos de metros antes de ser detenida por un cordón policial instalado en la Alameda, impidiendo que los manifestantes llegaran a las inmediaciones del Palacio de La Moneda.
El contexto económico también ha contribuido al descontento ciudadano. La actividad económica registró en abril una contracción anual de 1,2%, mientras que la tasa de desempleo alcanzó su nivel más elevado en casi cinco años. En su primera Cuenta Pública ante el Congreso, realizada en Valparaíso, Kast defendió la necesidad de ordenar las finanzas del Estado y reactivar la economía, aunque reconoció que el proceso implicará costos y dificultades para la población.
Paradójicamente, mientras el Ejecutivo sostiene la necesidad de aplicar severos ajustes presupuestarios, esta misma semana solicitó al Congreso autorización para ampliar el límite de endeudamiento público en 6.200 millones de dólares adicionales durante 2026, una decisión que ha sido cuestionada por la oposición debido a su posible impacto sobre la salud fiscal del país.
Es Chile, es Argentina, es el acecho a Brasil, Colombia y México.
Es el breve espacio en que América Latina acarició la utopía de la unión regional basada en la política social que ahora no está, es la amenaza contra la autonomía, el pie que se acomoda en la cabeza de un montón de pueblos que se atrevieron a soñar. Es la advertencia, esa que no podemos ignorar.



