La disputa interna de Morena por la coordinación de la defensa del voto no traerá sobresaltos. Aquellos que ganen la encuesta en las entidades de Chihuahua y Querétaro, como se tiene previsto, llevarán el mensaje de unidad para todos los participantes que, dicho sea de paso, saben a la perfección que debe reinar la cohesión por encima de cualquier aspiración. Asumir esa responsabilidad, en efecto, es una muestra de lealtad a los mandatos del proyecto de transformación. De hecho, muy pocos han tenido esa desobediencia y, por el ego o el narcisismo, desafiaron el poder político de una nomenclatura que, en realidad, es jalada por el efecto de la imagen de Andrés Manuel López Obrador. Entonces, más que la continuidad, decidieron seguir los instintos que se hundieron cuando salieron a la luz pública los resultados. Hoy, en efecto, no se perciben oportunismos, sino un compromiso real que nos ha llevado a afirmar que, como pasó con las llamadas corcholatas, habrá posiciones para que se integre un gobierno de coalición.
Viéndolo bien, hay mucha lógica en la concepción que estamos abordando. Morena ganará, a excepción de San Luis Potosí, la mayoría de las entidades que estarán en disputa. De acuerdo con algunas encuestas, las más certeras, la coalición Seguimos Haciendo Historia es inmensamente favorita para llevarse 15 entidades. Si vemos las cosas por esa perspectiva, las metodologías vienen actuando con mucha precisión.
La elección presidencial nos ayuda a esclarecer mucho de lo que estamos hablando. La oposición, por ejemplo, se rehusó a aceptar que la distancia que había acumulado Sheinbaum fuese cierta. Incluso, pintaba para que fuese una maquinaria la que arrollara a la derecha; sin embargo, fue un tsunami el que les pasó por encima. La imagen de Xóchitl Gálvez, en el momento de reconocer los resultados, habla por sí sola, pues, apenas se supo, los invadió el estupor de saber que Claudia, una mujer de principios, legitimaba su candidatura con ese margen monumental.
La discusión trascendió al ámbito internacional y captó la atención de la prensa extranjera. Ese eco mediático, de hecho, derivó en una serie inmediata de felicitaciones provenientes de presidentes y primeros ministros. En este contexto, Morena se encuentra ante la posibilidad —según diversas interpretaciones públicas— de no solo consolidar, sino ampliar el proyecto de transformación.
La voluntad ciudadana, esa fuerza capaz de modificar el curso político, parece inclinarse hacia un respaldo significativo en dos territorios que actualmente gobierna el PAN: Querétaro y Chihuahua. Diversos análisis señalan que, por las dinámicas que se observan en ambos estados, podría configurarse un escenario favorable para la causa de la 4T.
Las administraciones locales atraviesan un desgaste evidente. Lo que destaca, en términos institucionales, es la pérdida gradual de legitimidad, un fenómeno que se refleja en la inconformidad social y en las mediciones disponibles. La ciudadanía, en términos generales, muestra signos de hartazgo y, a través de distintos indicadores, proyecta la posibilidad de un cambio próximo.
En Querétaro, por ejemplo, Mauricio Kuri atraviesa una percepción de apoyo muy por debajo de la media de otros gobernadores. De hecho, deberían tomarse muy en serio esa decadencia que han esbozado en la antesala de un proceso álgido. Morena, ante el ocaso del PAN, aprovechará al máximo cada uno de los espacios para incursionar en la escena pública.
En estos momentos, cuando son instantes de organización, el partido Guinda concentra a un número elevado de activistas y, de plano, están jalando esa confianza que han perdido en Acción Nacional. Las propias encuestas, que afirman una contienda muy dividida, muestran con porcentajes un ejercicio con una ligera ventaja a favor de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Por eso la transición, en este caso, suena con mucha fuerza y vehemencia. Un axioma que, de coronarse, será un durísimo golpe para los grupos conservadores, que no sabrán cómo enmendar el costo tan elevado de la derrota.
Hay mucha información similar en el caso de Chihuahua. Las encuestas, por ejemplo, muestran que Morena ha tomado la delantera con un margen que supera los 10 puntos porcentuales. Precisamente allí, desde hace muchos meses, la izquierda viene construyendo las condiciones propicias para la anhelada alternancia. Ya sé que será una noticia que no caerá del todo muy bien en el seno del blanquiazul; sin embargo, las acciones que ha provocado la gobernadora, Maru Campos, son las que aceleran el cambio en aquel punto que, por lo tanto, es una de las principales prioridades de Sheinbaum. No es algo aislado al que no debamos tomarle o restarle importancia: es el preludio de un cambio en el que se entremezclan muchos factores asociados a una nueva etapa. Por eso la reconfiguración y la nueva correlación de fuerzas que empuja a un reacomodo en la nomenclatura, máxime ahora que hay un distanciamiento entre la gente y el gobierno estatal en turno.
Y cuando tenemos muy presente el triunfo de Sheinbaum, podemos voltear a ver con entusiasmo que la alternancia puede llegar a Chihuahua, mayormente ahora que Maru Campos, en lugar de sumar, le resta al partido en el poder. Siendo así, aumenta la posibilidad de ver el nacimiento del proyecto de transformación en uno de los principales bastiones de la derecha. Incluso, al panismo no le alcanzará para cerrar con decoro un ejercicio que, de pies a cabeza, domina la coalición Seguimos Haciendo Historia, que muy pronto tomará la estafeta del despacho estatal, pues el panismo, desde hace meses, está técnicamente derrotado.



