EL AJEDREZ HUMANO
La narco fiesta temática que le hizo Julio César Domínguez a su hijo vuelve a reafirmar el poco sentido común que el futbolista mexicano tiene, no es generalizar, pero en varias ocasiones ha salido a relucir la falta de empatía que el gremio tiene sobre situaciones tan delicadas que prevalecen en el país y que ni en broma deben de retomarse, desafortunadamente, para muchos, los jugadores son un ejemplo a seguir y estos no tienen idea del impacto que pueden generar sobre un gran sector de la sociedad que los ubica como referentes.
Y es justamente aquí donde los directivos tienen que tener mano dura, cero tolerancia a este tipo de actos que contribuyen a generar una mayor apología a la violencia que de por sí es grave y en donde el deporte más que contribuir, debe de excluir, tratar en la medida de lo posible de ser un distractor, un ente en el cual las familias se refugien de la cruda realidad en la que se vive, en donde se desahoguen, griten, gocen, sufran con su equipo, pero nunca asociarse con personajes o grupos delictivos.
Es cierto que el futbol mexicano tiene desde hace años la difícil tarea de erradicar la violencia que carcome cada vez más sus entrañas, desde las mal llamadas “barras” que han puesto en entre dicho la manera en cómo lucran con el aficionado, hasta los propios dueños de los equipos, quienes muchos de ellos, han sido señalados por el dudoso origen de los recursos con que manejan a un equipo y que en más de una ocasión han sido desafiliados o simplemente huyen dejando un vacío de credibilidad además del legal en nuestro balompié.
Lo preocupante aquí es la normalización que existe sobre la violencia, porque estoy seguro que al “Cata” le pareció inocente subir una foto a las redes sociales con la temática de la narco fiesta, quiero pensar que nadie le dijo que estaba mal, que mejor no compartiera la imagen, nada, porque parecería que muchos futbolistas viven en su burbuja, en su propia realidad, en una alterna, que su status no les permite dimensionar el daño que puede generar este tipo de situaciones y que al sentirse privilegiados son entonces intocables, pues no, no debe de ser así, las consecuencias que deben de haber a esto tienen que ser tajantes.
De cuando se termine de escribir esta columna a lo que Cruz Azul decida pueden pasar muchas horas, lo cierto es que algo tiene que ocurrir, no puede tomarse a la ligera, lamento que sea Julio César Domínguez quien deba cargar con esto, pero el mensaje tiene que ser contundente, el equipo cementero, que también tiene mucha cola arrastrando, no es que tengan mucha cara para presumir de valores y moralidad, pero sin duda, debe de echar del equipo al “Cata”, es doloroso porque es un jugador institucional, de muchos años en el club, pero que se equivocó severamente y no pueden, no deben de consentirlo de esta manera, la Federación Mexicana de Futbol, tiene que manifestarse también, procurar que este tipo de situaciones no vuelvan a ocurrir, cerrar filas con los clubes de las diferentes categorías, porque no todo es Liga MX, para que nunca, nunca se repita otra vez y no, no es exagerar, no es ser un “doblemoralino”, es darle la justa dimensión a un acto que hace alusión al narco, un cáncer social que genera mucho dolor a miles de familias en este país.
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