Borges y el fut

Jorge Luis Borges falleció el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza. En ese tiempo se desarrollaba en México la Copa Mundial de Futbol. Al día siguiente, el 15 de junio, la Selección Mexicana derrotaba en el Estadio Azteca 2 a 0 a la de Bulgaria en los octavos de final, lo cual le permitiría disputar el famoso “quinto partido” que se ha convertido en estigma para quienes debaten todo el tiempo sobre el futbol mexicano y sus fracasos. El registro dice que hubo en el estadio alrededor de 115 mil personas haciendo olas, entonando canciones y gritando porras (todavía eran porras “chiquitibum a la bim bom bam”, que prácticamente han desaparecido, están fuera de gusto y moda).

Jorge Luis Borges despreciaba el futbol. Se han citado palabras suyas de 1978: “Yo no entiendo cómo se hizo tan popular el futbol. Un deporte innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial” (la fuente citada: Diario La Razón, a propósito del Mundial de ese año en Argentina).

Pero más allá de la visión inmediata, ese desprecio probablemente encuentra su fondo en la referencia que hace Borges de dos poetas ingleses que habrían asimismo desdeñado al futbol, William Shakespeare y Rudyard Kipling. Referencia hecha en entrevista para la televisión argentina a un tal Augusto Bonardo, quien lo provoca y cuestiona sobre diversos temas (incluyendo el porqué de la pronunciación de la X como J en el país México), entre ellos, el futbol. Vale la pena hacer la transcripción de la entrevista disponible completa en youtube.

—Borges, me muero por contarle un chiste internacional sobre los argentinos –provoca el entrevistador.

—Pero, ¿por qué no? —responde con su característica gracia irónica.

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—Que dice, ¿quiénes son esos italianos que hablan español y que se creen ingleses?

—Yo creo que nadie se cree inglés aquí. No, la gente tiene el odio de Inglaterra aquí.

—No.

—En general sí. Qué raro que no censuren a Inglaterra su mayor pecado que debería ser la difusión de juegos tan estúpidos como el futbol. Qué raro que nunca se critique eso, ¿no? Y el futbol, como usted sabe, fue severamente condenado por Kipling y por Shakespare, en Hamlet.

—¿Sí?

—Sí, “those base football players”, dice, “esos bajos jugadores de futbol”. Y Kipling muchas veces, desde luego.

—No sabía eso.

—Sí, sí. Kipling, sí. [ilegible]. Quizá es más inofensivo un jugador de futbol que un soldado, ¿no?

—Pero usted me dijo Kipling y Shakespeare.

—Sí, creo que está en Hamlet la frase. En todo caso, en un diccionario de citas, lo buscamos. Es una de las reflexiones más antiguas del futbol que hay… A principios del siglo XVII. Ahora, sería un poco distinto, sin duda que los juegos cambian. Sí, pero… dos máximos poetas de Inglaterra lo condenaron. Y aquí, no, la gente no. Se podría usar ese argumento contra Inglaterra.

Es decir, frente a la vulgaridad de una pasión sembrada en Inglaterra y anidada entre la vulgaridad argentina (y ya casi en todo el mundo), Borges oponía a dos de sus mejores poetas, y hacía complicidad con ellos en un punto específico en el tiempo. Era como sugerir, ¿por qué si dicen que los argentinos se sienten ingleses no prefieren a Shakespeare y Kipling y el resto de su literatura, sobre ese deporte tan bajo y deplorable?

Y sin asistir a un diccionario de citas, se encuentra la frase de Shakespeare que no aparece en Hamlet sino en Rey Lear; y el escritor la exclama con una ligera alteración que modifica la intensidad de la misma. La referencia futbolística se presenta en la escena IV del Acto I. El Conde de Kent, servidor fiel del rey Lear, humilla a Osvaldo, criado de Gonerilda, la hija primigenia de Lear:

OSWALD

I’ll not be struck, my lord.

KENT

Nor tripped neither, you base football player.

OSWALD

No me dejaré golpear, mi señor.

KENT

Ni tropezar tampoco, miserable jugador de futbol.

Dos aclaraciones. Borges cita de memoria, “those base football players”, en plural; y se ha traducido como “esos bajos jugadores de futbol”, cuando en realidad Kent insulta a Oswald en segunda persona, “you base football player”. Y naturalmente que la traducción más sugestiva sería “tú, miserable jugador de futbol”, miserable por su baja condición tanto de clase como de gusto.

En cuanto a Kipling, aunque no lo diga Borges en la entrevista, tal vez esté pensando en la cita que comparte Eduardo Galeano en el contexto de su propia crítica a los intelectuales críticos del fut tanto de derecha como de izquierda, donde los extremos se toman de la mano, unos por calificarlo como alimento de la ignorancia, los otros como alimento que castra y desvía la energía revolucionaria de las masas: “En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del futbol y de ‘las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan’” (“El futbol es el opio de los pueblos”).

Se han establecido algunas otras anécdotas de Borges y el futbol, que si asistió por única vez a un estadio y se salió al término del primer tiempo pensando que ya había concluido, que si opinó de este o aquel político y su gusto deleznable por ese deporte, que si criticaba el vínculo entre sentido de la nación y la nacionalidad y un grupo de once jugadores, etcétera. Pero basta con lo que se ha planteado aquí.

Sólo queda por argumentar que, en realidad, Borges sabía muy bien lo que era el futbol. Así lo demuestra el cuento “Esse est percipi” (1967) escrito a dos/cuatro manos junto a Adolfo Bioy Casares, donde le hacen decir a un personaje: “Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de futbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el futbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

—Presidente, usted me mete miedo —mascullé, sin respetar la vía jerárquica—. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

—Muy poco —contestó con su flema inglesa—. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repatingado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

—¿Y si se rompe la ilusión? —dije con un hilo de voz.

—Qué se va a romper —me tranquilizó.

El tránsito de un juego orgánico –de campo, de barrio– a un espectáculo masivo manipulable, manipulado y manipulador es la base de la crítica borgiana. Y es que estamos bajo esa égida de la marcha de los siglos, del progreso contradictorio entre el anhelo de paz y la guerra, entre la verdad y la mentira, entre la solidaridad y los genocidios.

Borges también despreciaba la política y a los políticos (los que usualmente se prestan a las parafernalias del balón), o decía que lo hacía, porque de hecho sí poseía una predilección política conservadora, podía sin problema preferir la dictadura frente al peronismo e incluso aceptar un premio del dictador chileno asesino. Pero eso pertenece al eterno debate entre la obra y el autor, el autor y su obra y el juicio que el público hace de ambos.

En cuanto a lo estético y el gusto por/entre las cosas en/de la vida, era lógico que Borges, de acuerdo a su perfil vital, estuviera en la antípoda de un juego que se ha convertido, consciente o inducidamente, en el disfrute de la masa.

|Borges sobre el futbol|:

Lund y el Proyecto Borges

Ha sido una gran coincidencia que el aniversario 40 del fallecimiento de Borges suceda en la reiteración de otro Mundial de Futbol en México (aunque ahora sea compartido con USA y Canadá) y que, con un día de diferencia, coincida asimismo con aquel triunfo “histórico” de la Selección Mexicana que todavía busca ser replicado. Pero no habría escrito en torno a este asunto sino fuera porque atiendo al llamado del director de la Biblioteca Universitaria de Lund, Mikael Lindgren, que al enterarse de mi autoría del cuento “En busca de Nils Runeberg”, que se desarrolla básicamente en la vieja ciudad sueca de Lund, tomando como base el cuento “Tres versiones de Judas”, me ha convocado a un proyecto que trae entre manos, “un Proyecto Borges”, me dijo en un correo electrónico en el que, amablemente, comenta mi cuento y me solicita alguna colaboración inicial. Y es esta.

En cierta manera, esto comenzó con mi primera video columna para SDPnoticias hace diez años (que ya no hago más), filmada precisamente en la legendaria Universidad de Lund, Suecia:

Caricatura de Borges (1899-1986), Ombú.

Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo