No existe la prensa nacional. Lo menciono porque alguien me dijo que a Claudia Sheinbaum la conocen en España por las notas de El País, diario madrileño. Esto es falso. En Barcelona la conocerán mucho más por lo publicado en La Vanguardia. Menciono este último caso porque a la también llamada Ciudad Condal llegará la presidenta de México la noche de este viernes —hora europea—.

El periódico importante en Cataluña es La Vanguardia, que está mejor estructurado y más periodísticamente decente —menos negocio vulgar, pues— que El País. Aprovecho para decir que me parece de mal gusto que en México le demos tanta importancia a este diario madrileño, el cual abusa de nuestro malinchismo para penetrar en el mercado nacional.

Definición de malinchismo para españoles y españolas, catalanes y catalanas, madrileños y madrileñas:

Para que un lector de aquellas tierras comprenda un concepto tan mexicano, se podría explicar de la siguiente manera: “El malinchismo es un complejo social o actitud psicológica en la que el individuo manifiesta una preferencia desmedida por lo extranjero frente a lo propio.

“El término proviene de la Malinche, la mujer indígena que acompañó a Hernán Cortés y sirvió como intérprete y mediadora durante la Conquista, más bien invasión española. En el imaginario colectivo mexicano, su figura quedó asociada a la traición o a la entrega a lo externo, por lo que el malinchista es aquel que desprecia su cultura, sus productos o sus instituciones por considerarlos inferiores a los que vienen de fuera (especialmente de Europa o EEUU)”.

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El malinchismo explica por qué un sector de la opinión pública en México otorga una autoridad moral o intelectual casi sagrada a un diario como El País, simplemente por ser europeo, por encima de las voces o los análisis generados en el propio territorio.

La prensa única o nacional no existe

Vuelvo a la idea de una prensa nacional única. Este es un complejo centralista impensable en democracias con fuertes identidades locales o estructuras federales, donde los diarios regionales no solo compiten con los de sus capitales, sino que suelen dictar la agenda política y cultural de sus respectivos territorios. Veamos ejemplos:

Alemania: Tiene una prensa regional excepcionalmente fuerte. El Süddeutsche Zeitung (Múnich) es el alma informativa de Baviera. Es, posiblemente, el diario más influyente de Alemania, compitiendo directamente con el Frankfurter Allgemeine Zeitung de Fráncfort del Meno. En la región del Ruhr el periódico fuerte es el Westdeutsche Allgemeine Zeitung (Essen).

Estados Unidos: Los diarios fuertes son Los Angeles Times (California), The Boston Globe (Massachusetts), Chicago Tribune (Illinois), The New York Times (neoyorquino por más que presuma influencia global), The Washington Post (Washington D. C.).

Italia: La Stampa (Turín), Il Messaggero (Roma), Il Mattino (Nápoles), Corriere della Sera (Milán).

Reino Unido: El famoso The Guardian (Londres, Inglaterra) nació como The Manchester Guardian —algo así como Reforma y Milenio, empresas regias que conquistaron Chilangolandia—, The Herald (Glasgow, Escocia), The Scotsman (Edimburgo, Escocia), The Yorkshire Post (Leeds, Inglaterra), Western Mail (Cardiff, Gales), Belfast Telegraph (Belfast, Irlanda del Norte), Manchester Evening News (Mánchester, Inglaterra).

Francia: Le Monde (París), Ouest-France (Rennes; este tiene más circulación que Le Monde), Le Figaro (París), Sud Ouest (Burdeos).

España: La Vanguardia (Barcelona), El Mundo (Madrid), El Correo (Bilbao), El País (Madrid), La Voz de Galicia (La Coruña), Heraldo de Aragón (Zaragoza), El Diario Vasco (San Sebastián).

En esta, la primera gira europea de la presidenta Sheinbaum, el diario importante es La Vanguardia —empresa que además tiene radio líder en Cataluña—. Pensar, como algunos amigos mexicanos, que a Claudia le irá bien con la sociedad catalana si allá la presenta El País, equivale a pararse en medio de la tribuna más llena de hinchas culés en el Camp Nou a gritar “¡Viva el Real Madrid!”. Quien lo haga como mínimo recibirá una enorme rechifla y no pocas mentadas de madre —y padre— de parte la afición del Barça.