“Cuando la verdad se sustituye por el silencio, el silencio es una mentira”.

Yevgeny Yevtushenko

“Una nación puede sobrevivir a sus tontos, e incluso a los ambiciosos. Pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro”.

Marco Tulio Cicerón

“La verdad existe; solo se inventa la mentira”.

Georges Braque

La televisión alemana mostró imágenes de la violencia en México y lanzó un diagnóstico incómodo: el país no está listo para organizar un Mundial. Nada alarmista. Nada ideológico. Simplemente imágenes.

Pero aquí, aquí no pasa nada.

La FIFA canceló —perdón, liberó— reservas hoteleras en Guadalajara y en la Ciudad de México. En la capital, la “liberación” alcanzó cerca del 40% de las habitaciones reservadas. Una forma elegante de decir que alguien hizo cuentas…, y decidió no arriesgar tanto.

Pero aquí, aquí no pasa nada.

En Puerto Vallarta y Mazatlán los cruceros fueron suspendidos “temporalmente”. No por huracanes. No por mantenimiento. Por violencia.

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Pero aquí, aquí no pasa nada. Puerto Vallarta fue una de las ciudades más golpeadas tras la muerte de Nemesio Oseguera. Lo que siguió fueron incendios, bloqueos, balaceras y escenas que parecían sacadas de una serie de “Narcos México”, solo que con civiles atrapados en el guion.

Las imágenes fueron dantescas. El infierno desplegado ahí no se resuelve con un boletín optimista ni con una gira presidencial.

Pero aquí, aquí no pasa nada.

Antonio Cosío Pando, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico, ofreció una explicación tranquilizadora: la FIFA simplemente intentó vender paquetes premium… y no logró colocarlos todos. Nada que ver con la violencia, claro. Fue el mercado. La invisible mano de Adam Smith… huyendo de las balaceras.

Por su parte, Gabriela Cuevas, encargada de la organización del Mundial por parte de México, aclaró que la FIFA no canceló habitaciones: las “liberó”.

La alquimia lingüística de la 4T merece reconocimiento internacional.

En este país nada se cancela: se libera.

Nada se descompone: se transforma.

Nada fracasa: se reconfigura. Si la semántica diera puntos en el Mundial, México ya tendría varias copas.

Cuevas añadió otro argumento notable: la demanda avanza más lenta porque las selecciones que jugarán en México no son particularmente atractivas.

La diplomacia también fue liberada.

Lo que no mencionó fue un pequeño detalle: la violencia.

Sí, esa que preocupa a la FIFA por razones financieras…, y a los turistas por razones bastante más básicas, como regresar vivos a casa.

Pero aquí, aquí no pasa nada.

Si se cancelan reservaciones de hoteles, si los cruceros ponen pausa en sus rutas, si la demanda avanza más lenta de lo previsto…, todo es coincidencia.

Nada tiene que ver con que en diciembre fueron halladas diez fosas clandestinas con más de quinientos cuerpos cerca del estadio Akron en Guadalajara.

Detalles.

Cosas que aquí se olvidan rápido…, aunque en el extranjero tarden un poco más.

La violencia que recorre al país no desaparece con discursos ni con ejercicios de amnesia oficial. Tampoco se neutraliza rebautizando la realidad. Porque la seguridad no se construye con eufemismos.

Y antes de que alguien salga con el clásico “ya empezaron los agoreros”, conviene aclararlo: ojalá el Mundial se celebre en México y sea una fiesta.

Ojalá el turismo florezca.

Ojalá la economía respire.

Pero desear el Mundial no lo vuelve viable.

La seguridad no se decreta. La seguridad se construye. Aquí sí pasan cosas. Aquí desaparecen estudiantes. Aquí aparecen fosas.

Aquí la violencia dejó de escandalizar…, y ese quizá es el verdadero fracaso nacional.

Hoy Claudia Sheinbaum estará en Guadalajara, en una gira cuidadosamente coreografiada para demostrar que tras la captura del Mencho todo volvió a la “normalidad”.

La normalidad. Esa palabra que en México se perdió hace tiempo. Se perdió cuando las fosas dejaron de impresionar y los asesinatos dejaron de doler.

Y por cierto —trascendió discretamente en algunos círculos del turismo internacional— que en despachos vinculados a la FIFA ya circula una pregunta incómoda: no si los estadios estarán listos, sino si el país lo estará.

Porque organizar un Mundial requiere estadios. Pero también requiere algo que México lleva años prometiendo y nunca termina de entregar: seguridad.

Así que sí, avisemos que queremos el Mundial. Pero que el aviso sea con hechos. Con seguridad para todos. No solo para los turistas que vienen a ver futbol. Porque de lo contrario, aquí —por reacción del mundo frente a nuestra violencia— sí podría pasar algo: que no pase nada del Mundial.

Y entonces sí: el problema ya no sería el futbol. Sería el país.