Nadie está de acuerdo con las 40 horas, ni el sector sindical de lucha, que se manifestó frente a la Cámara de Senadores, ni los sindicatos charros que se unieron en un desplegado explicando todas las aberraciones que afectan a los trabajadores; el sector académico ha levantado la voz en los mismos términos, es una reforma regresiva que disfraza un cambio estructural dentro de una máscara de reducción de jornada a favor del trabajador. Gran parte de los legisladores tampoco están de acuerdo, lo manifestaron, dentro del partido oficial y en la oposición, pero dijeron que a pesar de su postura votarían a favor. Por su parte, el gobierno sigue sosteniendo el proyecto a pesar de ofrecerse como un actor político de inclusión y de diálogo, no cambia una sola coma. Las redes sociales explotan en el rechazo, el análisis es fuerte, la información corre, es una reforma que fomenta la explotación y abarata el tiempo extra.
No queda claro cómo se construyó el proyecto, no hubo debate y consenso con el sector obrero, eso es claro, el “beneficiado” dice: no gracias, esto es una aberración. ¿Por qué insistir y darse prisa en aprobarla?
Cuando Calderón presentó su reforma en 2011, la que legitimaba la subcontratación entre otras cosas, tuvimos batallas campales en la Cámara de Diputados, –revisen la redes–, camiones incendiados, bombas molotov, una lucha férrea por evitar la imposición de los cambios neoliberales.
La clave para entender el actual proceso de reforma la encontramos en la próxima negociación del T-MEC y el gobierno de Mr. Trump 2.0.
Recordemos que los cambios a la libertad sindical de 2019 en la Ley Federal del Trabajo obedecieron al anexo 23-A del T-MEC, que se incluyeron bajo la hipótesis de que debían cambiar las condiciones de trabajo en México para que dejaran de ser atractivas por hacer dumping laboral, ofreciendo un sistema de maquila barata, lo cual generaba que las empresas de Estados Unidos se instalarán en México, dejando una estela de desempleo en los estados obreros del país vecino, lo que se quería revertir para lograr el “Make America Great Again” (MAGA).
México hizo la reforma de 2019, pero no cumplió la tarea, la libertad sindical fue una simulación, el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral fue un fraude, las centrales obreras legitimaron los contratos colectivos de protección, hoy el 95% siguen siendo sindicatos blancos que controla el patrón.
También se continuó con la subcontratación, a pesar de la famosa reforma de María Luisa Alcalde, cinco millones de trabajadores siguen laborando bajo ese esquema, según ha informado la Secretaría del Trabajo, cifra a la que se suman los esquemas de subcontratación ilegal que añaden otros millones más.
Todo fue duramente observado y señalado por el departamento de Estado de Estados Unidos en 2025, en el último informe sobre la situación de derechos humanos en México, en un capítulo especial señala que las condiciones laborales sigue siendo precarias, de abuso a los derechos laborales, generando condiciones desfavorables para los trabajadores.
Con este atraso en los derechos laborales se presenta a la mesa nuestro país para la próxima negociación del T-MEC en 2026, así que les urge llevar una ofrenda, un tributo a Mr. Trump, para que les apruebe el tratado, en esta ocasión son la reducción de jornada a las 40 horas.
En Estados Unidos tienen esta jornada de 40 horas desde 1940 y el pago de tiempo extra se cubre al 1.5 del salario mínimo sin un tiempo límite, luego entonces, cuando se plantea esta reforma en México trata de generar las mismas condiciones laborales de allá, para que no sea una excusa para migrar empresas a México, con la adecuación de que se amplían las horas extras dobles de 9 a 12, para tratar de igualar esas condiciones de trabajo con la forma en que se explota al trabajador en Estados Unidos.
Pero no todo queda allí, no seamos tan ingenuos, la condición pendiente, la estocada final, que fue el reclamo patronal en este proceso, es el pago por hora, que si bien no se aprueba en este momento, si se dejan las condiciones en la reforma constitucional, para en un futuro no muy lejano cambiar la ley secundaria, y este lo vemos en la nueva definición de jornada de trabajo, pues se modifica para que el tiempo laboral ahora se considere a partir de que se desarrolle una actividad subordinada, eliminado el actual concepto de “a disposición”, lo que permitía considerar el tiempo de traslado de la casa al trabajo como parte del tiempo en que el trabajador se dedica al patrón. En política la forma es fondo.
Los sindicatos charros limitarán su lucha al desplegado que sacaron, al final se tomarán la foto oficial cuando todo esto sea una realidad; no la aplauden públicamente porque observan el ruido en redes y no se quieren quemar, pero la terminarán aprobando. Los obreros no verán ningún cambio en su condición laboral, en su descanso, en su pago semanal, al igual que la reforma a la ley silla y otras ocurrencias, las 40 horas y el tiempo extra llegará a cambiar todo, para que todo siga igual.
X: @riclandero





