Se señala a Plutarco Elías Calles como autor intelectual del asesinato de Álvaro Obregón ocurrido en 1928 cuando el ejecutado estaba por asumir de nuevo la silla presidencial para el periodo 1928 a 1934 tras haber sido ‘mandamás’ de 1920 a 1924 y haberle entregado la presidencia a Calles permitiéndole ejercer el control político entre 1924 y 1928 y al producirse el crimen evitó entregar el mando y se convirtió en ‘El Todopoderoso’ que por varios años dominó al país, hasta que el general Lázaro Cárdenas del Río lo sacó de la escena política nacional.

Similar impacto tuvo para el destino de México el artero y cobarde asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la república para el periodo 1994-2000, asesinado el 23 de marzo de 1994, y a quien recordamos a tres décadas de aquel cobarde acto.

Colosio se había convertido en un personaje incómodo para ‘el muy poderoso’ que apoyado en sus incondicionales corifeos mandaba y sigue imperando en el sistema político mexicano, ya que debido a las diferencias en la visión y concepción que tenía sobre las necesarias acciones ‘para sacar del hoyo’ al país, habría afectado a diversos grupos enquistados en el poder sí le hubieren permitido acceder a la primera magistratura, terminando con un esquema de control político caracterizado por derroche, corrupción e impunidad, y especialmente por la imposición de un modelo de gestión socioeconómica que magnificó la distancia entre ricos y pobres, olvidando a los más desprotegidos, privilegiando la economía gerencial y el impulso al capital sacrificando el respaldo pleno al desarrollo integral y la cohesión social, al dejar de apoyar con recursos suficientes las causas sociales.

Luis Donaldo Colosio desarrolló una inusual empatía con el pueblo, sobre todo con las clases olvidadas y marginadas que pronto fueron inspiración para el político, en el memorable discurso ofrecido el 6 de marzo de 1994 con motivo del aniversario del PRI en la explanada del Monumento a la Revolución en la hoy Ciudad de México, expreso claramente la compleja situación de la mayoría de la población mexicana golpeada por el escaso desarrollo socioeconómico y el abandono gubernamental, exclamando fuertes palabras que aun retumban y estremecen al escucharlas, dijo: “Veo un México con hambre y sed de justicia…”, sentencia que al cumplirse tres décadas de haberse perpetrado su ejecución el 23 de marzo de 1994 en la colonia Lomas Taurinas de la Ciudad de Tijuana en Baja California, está más vigente que nunca, ya que el fuerte mensaje mostró su voluntad y emoción para emprender una cruzada por la refundación y reconstrucción de la confiabilidad de las instituciones y los sistemas de justicia y gobernabilidad democrática de la nación.

Ese fortísimo mensaje de Colosio dejó en claro que el masacrado líder estaba encaminado a remover los cimientos de las rancias y caducas estructuras del aparato político y del sistema económico de México e hizo temblar a las minorías enquistadas en el control gubernamental, generando esperanza en millones de mexicanos que al igual que él, veían cómo la nación se resquebrajaba, esa esperanza que no murió el día que le arrebataron la vida.

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Colosio puso el dedo en la llaga y señaló sin miedo y con firmeza los graves problemas del país, delineó las causas y los culpables de ello, exigiendo tanto a su partido como a todos quienes estuvieren inmersos en la existencia de la profusión de problemas el actuar o dejar de hacer todo aquello que resultara imperativo para destruir el cúmulo de vicios y anomalías existentes. Ese airado reclamo le costó la vida, pero le dio también la perpetuidad.

La sentida exigencia de Colosio no está lejana del actual reclamo social que pugna porque la clase política deje de ser el gran lastre para el logro de metas, propósitos y objetivos que brinden bienestar a la sociedad.

‘El Todopoderoso’ que ordenó matar a Luis Donaldo para acallar su impetuosa voz llamando a la lucha social por sanear el corrupto sistema, hizo correr la sangre con la que se fertilizó la siembra de la semilla de la que se siguen cosechando valores e ideales, con lo que se mantiene la esperanza de que algún día no muy remoto, habrá las condiciones adecuadas para reemprender las acciones por la renovación sociopolítica y la reestructuración de los ejes por los que se conducirá a México hacia un mejor Estado de bienestar popular.

Ahora, como hace 30 años, prevalece en el país un agónico grito de alerta sobre las tremendas condiciones de inequidad, crecimiento, desarrollo, falta de probidad como de capacidad de muchos políticos y funcionarios, que en vez de realizar lo necesario para favorecer a la sociedad, se empeñan en servirse de ella a través del abuso del poder que les otorga su privilegiada posición en las estructuras burocráticas o partidistas.

Aún está vigente el férreo reclamo que como voz del pueblo hiciere Donaldo en relación a las dolorosas condiciones de pobreza y extrema inopia de millones de mexicanos, así como el hartazgo del pueblo en razón de la falta de acción positiva y contundente de funcionarios que han preferido ser corruptos o negligentes, incluyendo aquellos que cometen ilícitos al ser incompetentes para el eficiente y eficaz desempeño de los encargos públicos, que aceptaron como responsabilidad y en los que protestaron diligencia, atingencia, pero sobre todo, resultados positivos y favorables en beneficio del pueblo.

Han pasado 30 años del aberrante crimen que marcó severamente la vida del país, oficialmente aún se tiene como ejecutor material a un asesino solitario y continúa siendo oficial que no existe identificación sobre quién o quiénes son los responsables de la autoría intelectual del execrable crimen contra el líder político, la ejecución de Colosio sigue impune, los beneficiarios de su muerte son cada vez más ricos y poderosos; y aunque el partido al que perteneció solo lo usa ocasionalmente en algunos discursos simbólicos, sus dirigentes poco hacen para honrar con hechos su legado ideológico.

El ideario del visionario Donaldo sigue vigente porque al mantenerse las condiciones inaceptables de bajo crecimiento, alta inseguridad y escasa certidumbre, cobra más sentido la que no es una desperdiciada frase y además sí una necesaria exhortación: “Colosio vive y la lucha sigue”, porque al matar a quien fuera un gran amigo, jefe y líder, no acabaron con el anhelo de quienes coincidimos con sus ideales y su lucha, que honramos su memoria y manifestándonos colosistas hacemos lo necesario para que, sea militando en partidos diversos o desde la actividad en organizaciones sociales, mantengamos una ideología incluyente y progresista, seguimos así: “En la brega por un mundo y un México mejor”.

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