El estado de Yucatán no parece estar exento de las rivalidades partidistas y de las pugnas en el interior. Como se sabe, fue durante años uno de los principales bastiones panistas, hasta convertirse en 2024, igual que otras entidades federativas, en un territorio morenista. Una colega yucateca, profesora de la Universidad Autónoma de Yucatán, convencida de la buena gestión de Cecilia Patrón, alcaldesa de Mérida, me contaba hace unos días sobre los vaivenes de la política local.

Renán Barrera, exalcalde de Mérida, ha estado envuelto en una serie de sospechas y controversias. De acuerdo con fuentes públicas y diversos medios de comunicación locales, habría participado en la concesión de proyectos irregulares ligados a empresas como SIMSA.

De igual manera, ha sido reiteradamente señalado por viajes al extranjero y dispendios fuera del alcance del sueldo de un funcionario. Derivado de estas acusaciones, y sumado a la erosión de su propia credibilidad, perdió la candidatura del estado frente al actual gobernador Joaquín Díaz Mena en 2024, cediendo la plaza a la autoproclamada 4T.

Barrera, descontento con los resultados, y probablemente motivado por intereses privados, ha optado por enzarzarse en una serie de descalificaciones contra sus colegas panistas como Jorge Romero, presidente nacional, y contra el grupo identificado con el exgobernador Mauricio Vila y la alcaldesa Patrón.

A su sucesora la ha acusado abiertamente de estar detrás, al lado de la cúpula de Acción Nacional, de una supuesta operación dirigida a desterrarlo de la política local y a cerrarle espacios de candidaturas. Barrera ha anunciado su salida del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, y según ha trascendido, estaría en negociaciones para sumarse a las filas de Morena, lo que no resultaría extraño en medio de la demagogia oficialista y de la supuesta austeridad. Sin embargo, lo ha negado, a la vez que ha asegurado continuar como militante del blanquiazul.

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En otras palabras, Barrera, en un acto que recuerda al “berrinche” de otros panistas del ámbito local como Javier Corral en Chihuahua, consideraría dejar las filas de la organización que le condujo a la alcaldía de la capital yucateca para buscar nuevas oportunidades en un partido hegemónico dispuesto a olvidar el pasado de sus miembros si estos deciden sumarse al proyecto de la “transformación” del pais.

Según se ha informado, otro personaje que se ha sumado al escenario es Liborio Vidal, secretario de Educación durante el gobierno de Vila, que busca convertirse en el “coordinador de la transformación” en Mérida, es decir, en el candidato del partido oficial en las elecciones del año que viene. Tras haber transitado por el PRI, PRD, Verde y PAN, el exfuncionario pretende ahora ser el abanderado guinda con el propósito de competir contra la alcaldesa Patrón ¿Convicciones u oportunismo político? El lector tendrá su opinión.

El exgobernador Vila, debe señalarse, ha expresado su apoyo a Patrón, lo que representa un espaldarazo significativo con miras a los comicios de 2027.

En suma, el estado de Yucatán y la blanca Mérida, bien valorada por sus aceptables niveles de seguridad y su calidad de vida, ha sido escenario recientemente de una pugna política caracterizada por los deseos revanchistas de un ex alcalde cuyas credenciales éticas quedaron en entredicho durante su paso por el ayuntamiento y por las acusaciones lanzadas contra los panistas y la alcaldesa Patrón por su infundado argumento de pretender condenarle al aislamiento.

Las querellas partidistas, las venganzas y las ambiciones no sólo tocan a la política nacional, sino que se esconden detrás de una realidad local que muchas veces merecen una atención especial.

La alcaldesa Cecilia Patrón merece ser evaluada por sus acciones, convicciones y resultados en Mérida, así como por sus aciertos y desaciertos. Al final, es lo que cuenta.