Ha quedado muy claro que la Presidenta le ha marcado el alto a varios personajes que querían seguir mandando durante este sexenio.
Si bien es cierto que ha respetado y cuidado al expresidente, no por ello va a permitir que quienes antes eran intocables continúen ejerciendo la misma influencia y manteniendo las mismas redes de poder.
El primero al que le marcó el alto fue a Adán Augusto, quien, en privado, se expresaba de manera irrespetuosa hacia la Presidenta. Es evidente que la pasada contienda por la Presidencia había dejado estragos y que existía un profundo rencor. Incluso, parecía pensar que era intocable y creía que el grupo parlamentario metería las manos al fuego por él.
Intentó una rebelión, pero todos marcaron distancia, incluida su principal protegida, Andrea Chávez, quien, en cuanto le levantaron la mano al nuevo coordinador, prontísimo publicó una fotografía con él.
Nadie sabe por qué Adán Augusto lo dejó todo y perdió hasta la dignidad por promover a su protegida. Le dio mucho dinero y le endosó patrocinadores poderosos, con quienes había construido relaciones y realizado contratos durante su paso como gobernador y secretario de Gobernación.
No contaba con el hartazgo de la comandante en jefa. Ella misma paró en seco el despilfarro y el descaro con el que demostraban contar con cuantiosos recursos de dudosa procedencia.
Hoy, Adán Augusto deambula solo por el Senado, añorando el pasado. Lo único que puede pedir es permanecer en libertad.



