Los resultados económicos conocidos en los últimos días, muestran una economía mexicana que no sólo mantiene su capacidad de resistencia frente a un entorno internacional complejo, sino que también encuentra vías para crecer, generar empleo y atraer inversión.
En el primer semestre de 2026, México recibió 34 mil 968 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa, el monto más alto registrado para un primer semestre y 2.1 por ciento superior al del mismo periodo de 2025. Más aún: en los últimos cinco años, la IED prácticamente se duplicó, con un crecimiento de 89.7 por ciento entre el primer semestre de 2021 y el de 2026. Es importante señalar que este resultado incluye tanto nuevas inversiones como reinversión de utilidades de empresas que ya operan en el país.
Sin embargo, debe reconocerse que una economía no puede medirse únicamente por los capitales que llegan del exterior. La pregunta es qué ocurre con las familias, con quienes trabajan y con quienes todos los días sostienen el consumo y la actividad productiva.
También en ese terreno hay señales positivas. La población ocupada alcanzó alrededor de 60 millones de personas, mientras que el consumo privado mantiene un comportamiento favorable y continúa siendo uno de los motores de la demanda interna. El empleo es, finalmente, uno de los indicadores más importantes para saber si el crecimiento económico se está traduciendo en oportunidades concretas para la población.
El Producto Interno Bruto, además, avanzó 1.5 por ciento en el segundo trimestre de 2026 respecto al trimestre anterior y 2.1 por ciento a tasa anual, de acuerdo con los datos reportados por el INEGI. La Secretaría de Hacienda destacó que el avance trimestral fue el mayor desde el cuarto trimestre de 2020.
Estos números importan porque durante meses escuchamos pronósticos que anticipaban un escenario mucho más adverso para nuestra economía. Sin embargo, México está demostrando que tiene fundamentos para enfrentar las dificultades y continuar avanzando.
Hay otro dato que merece atención: la industria manufacturera concentró 38.6 por ciento de la IED recibida en el primer semestre, con 13 mil 482 millones de dólares, un crecimiento de 9.3 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Esto habla de la importancia que tiene México dentro de las cadenas productivas de América del Norte y de las oportunidades que abre el fenómeno de relocalización de empresas.
El reto ahora es que esta inversión se traduzca en mayor bienestar y desarrollo regional. No basta con atraer capital, sino que necesitamos generar más empleos dignos, fortalecer a las empresas mexicanas, impulsar a las pequeñas y medianas empresas y llegar a más estados y regiones del país.
También debemos mirar hacia adelante. El crecimiento económico hay que acompañarlo de infraestructura, educación, innovación, energía suficiente, seguridad y condiciones para que las nuevas inversiones encuentren en México no solamente un mercado, sino un país con talento, capacidad productiva y certidumbre.
La comercialización de más 885 vehículos ligeros entre enero y julio, cinco por ciento más que en el mismo periodo del año anterior, constituye otro indicador de la actividad económica y del dinamismo del mercado interno.
Es decir, México está avanzando. Y hacerlo en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, cambios en las cadenas de suministro y una competencia creciente por atraer inversiones tiene todavía mayor significado.
La economía debe estar al servicio de las personas. Por eso, desde la Cuarta Transformación debemos seguir impulsando un modelo que combine crecimiento con bienestar, inversión con empleo y desarrollo con justicia social.
Los datos son alentadores. Pero más importante que celebrar las cifras es mantener el rumbo para que cada punto de crecimiento, cada nueva inversión y cada empleo se conviertan en mejores condiciones de vida para las familias mexicanas. Ese es el verdadero sentido de construir un país con soberanía económica y con oportunidades para todas y todos.



